El tridente del dolor: gerente psicópata, la empresa feliz y la necesidad

Ignacio Valdés Gutiérrez, psicólogo organizacional y magíster en gestión de personas y dinámica organizacional, reflexiona sobre la dolorosa realidad laboral en Chile. La combinación de gerentes con rasgos psicopáticos, la presión por mantener una imagen de "felicidad organizacional" y las necesidades básicas de los trabajadores crean un ambiente de malestar y vulnerabilidad. Esta reflexión expone las dinámicas invisibles que afectan la salud mental y el bienestar de los empleados en un contexto cada vez más exigente.

Más leídos

Por Ignacio Valdés Gutiérrez, psicólogo Organizacional, Universidad de Talca y magíster en gestión de personas y dinámica organizacional, Universidad de Chile.

Hace algunas semanas ha salido publicado, en nuestros medios, un estudio que perfila a gerentes(líderes) con rasgos psicopáticos. De hecho, la revista Rh Management, tiene una serie de artículos, reportajes y columnas asociadas a esta temática ( revisar link) donde se analizan las prácticas y caracterización de esta “enfermiza” forma de Gestión, desde al menos 10 años.

A raíz de lo anterior y en medio de las circunstancias sociales del management ( inteligencia artificial, teletrabajo, multiculturalidad, ley Karin, inclusión y diversidad) nos vemos enfrentados a una dinámica de poder, liderazgo y autoridad que impacta de manera directa o no, a la percepción de salud mental en trabajadores.

Acerca de la organización feliz

Nuestro país, es bueno para copiar modas extranjeras en todo sentido. El management, es una de ellas, por supuesto. De hecho, mientras más snob es la práctica o ejercicio laboral, mayor impacto tendrá en nuestras organizaciones. Hace años, viene en Chile, la moda de la “felicidad organizacional”; “la empresa feliz”. En algunos casos más avezados, llamar “la familia” a la organización. Como dicen los Lolos: cringe.

La organización feliz (lo que venden), es aquel espacio donde trabajamos, que se transforma en un idilio ficticio para cualquiera. No querer parar de trabajar acá y ser los mejores en la percepción de bienestar, calidad de vida, propósito, desarrollo, líderes con técnicas de moda para la gestión, beneficios supra potentes para estar en un constante estado de productividad. Bueno, seguiría poniendo palabras y referencias, sin embargo, para conocerlas, se pueden ir a LinkedIn y mirar los perfiles de algunos/as ejecutivas, donde al parecer sus organizaciones son una panacea de la felicidad y bienestar personal. De hecho, a veces, están a un “dorito” de convertirse en sectas, debido a las prácticas o rituales que se van haciendo más comunes, como por ejemplo, llamar de determinada manera a los equipos, tener los mismos espacios de socialización, inclusive, fuera del horario laboral, entre otras.

El tema no es que la organización genere estos espacios, sino la percepción de malestar que se esconde bajo la alfombra y se dejan ocultos, porque no corresponden a la gestión de los responsables. Ese, particularmente, es el dilema. El trabajo causa dolor, siendo éste físico y psíquico. Es normal que ocurra, porque estamos supeditados a una relación contractual, en primera instancia, y de esto se desprende que, en oportunidades, mi libertad podría quedar condicionada.

Para mirar algunas cifras, acerca del malestar en organizaciones chilenas, se pueden rescatar cifras de manera directa, como por ejemplo, los indicadores de Suseso, cifras nacionales de salud mental. Quizás, de manera indirecta, uso de medicamentos para dormir, ansiedad, abuso de sustancias y alcohol, entre otros.

Acerca de la necesidad del trabajador/a

En la actualidad, la búsqueda de trabajo es una de las experiencias más dolorosas y , quizás, lo que genera un mayor grado de ansiedad en los trabajadores. Los procesos de reclutamiento y selección son poco éticos, son utilizadas prácticas organizacionales donde se discrimina por todo (bueno casi todo): colegio, universidad, edad, sexo, experiencia, identidad sexual, entre otros (parece una línea de prensa de los años 90). Además, son procesos interminables. Los perfiles deseados son atómicos versus la renta ofrecida, entre muchos otros factores que hacen evidenciar la vulnerabilidad de las personas que, en algún momento de su vida, deben pasar por estos engorrosos, poco éticos, poco claros, poco transparentes, tediosos y molestos procesos de reclutamiento y selección.

Si el sólo hecho de pensar en buscar trabajo genera un grado de ansiedad, perder el trabajo lo es más. La vulnerabilidad en la que vivimos la mayoría de los chilenos, donde las tasas de endeudamiento supera el 80% de la población, es probable que las personas deseen permanecer en su trabajos como de lugar. No se puede permitir, siquiera, pensar en cambiarme. Si aquí lo paso relativamente mal, en el otro lugar será peor. Me acuerdo de las dinámicas de indefensión aprendida. Siempre habrá dolor, a pesar de lo que haga.

El tridente del dolor

¿Cómo un trabajador puede llegar a permitir semejante vulnerabilidad? El habitus.

Es posible que un empleado cuando se incorpora a una empresa, vea un escenario que le parezca atractivo, desafiante, lleno de expectativas y, además, de cumplir sus propias fantasías acerca de un trabajo. Es en este contexto, él o ella, irá aceptando como normal ciertos comportamientos que podrían escaparse de lo que usualmente podría haber tenido como experiencia previa. Se va provocando el efecto de bola de nieve, donde todos los días se van acumulando nuevos aprendizajes, que por el resto pueden considerarse “normales”, tales como: gritos, bromas, comportamientos erráticos de líderes, ausencia de protocolos organizacionales, entre otros.

Estas situaciones acarrean aprendizajes “no deseados” de supervivencia en la organización. Si el trabajador/a no se adapta a éstos, existe una alta posibilidad que no calce en el grupo pequeño de trabajo y menos aún en la dinámica social de la compañía. ¿Te vienes al happy hour?, por ejemplo, podría describir una práctica post laboral que tiene guiños donde se pueden decir las cosas que verdaderamente pasan en la oficina. Si tú no bebes y tienes compromisos, es probable que canceles los tuyos para ir a estos espacios y hacer el calce. Siento que mucho de estos espacios están cubiertos de una buena disposición, sin embargo, apuntan a un desahogo permanente de trabajadores.
“Renuncia a tu trabajo si te hace mal”. Es fácil plantear esta frase cuando se tiene una relativa estabilidad o tus condiciones te aseguran un bienestar. El dolor que causa estar en un trabajo sin sentido, a veces cala tan hondo, que la misma permanencia se hace indolora.

El dolor que causa en el trabajador/a permanecer en una organización que, aparentemente, lo tiene todo, sin embargo, se siente ausente, debido a la presión externa, al ejercicio del liderazgo barrero, a compañeros que cobijan menos que sol de invierno, provocan profundos malestares físicos, psicológicos y sociales, en él o ella.

Este tridente causa malestar invisible en la actualidad. No se permite hablar de ello, porque, si no, eres un outsider. No me interesa que me hagan parte de una tribu dentro del lugar de trabajo( oh, que eres “fome”), no me interesa andar todo el día subiendo fotos de grupos felices a RR.SS., de hecho no me gusta, siquiera, que me saquen fotos. Soy trabajador, no el eufemismo de moda que emplea la compañía. Mi jefatura, aunque ande con polera y short en la oficina y se vea “cool”, tiene cero sentido, si es un déspota que no escucha, no genera redes de colaboración y acompañamiento. Los indicadores son importantes, sin embargo, todo el día estar bajo el yugo del indicador “ no sé cuánto” o se vean y respeten más las tablas del excel que la cara del trabajador, genera desconsuelo.

Estas pequeñas prácticas que son visibles, pensando, cuántas otras ocultas hay en la actualidad, cubiertas de sortilegios y/o filtros sociales, para ponerlas bonitas.

El dolor no es individual en las organizaciones, si puedes, tienes fortaleza y ánimo, acude a alguien de confianza a hablar acerca de ello. Aún, en los momentos más oscuros, es posible que alguien te escuche. El camino de recuperación es complejo, porque, involucra reconectarse con uno mismo, en una primera instancia.

Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management.

¡Co-construyamos RH Management 2030!

Tu aporte mensual nos da independencia y sostenibilidad. El trabajo está en transformación y necesita un periodismo que ponga a las personas primero.

Tu contribución nos permite seguir marcando agenda con reflexiones de valor e interpelando al mainstream.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Economista Enrique Román desentraña el neoliberalismo en su nueva obra publicada por Editorial Ocho Libros

En “Neoliberalismo en Chile” de Editorial Ocho Libros, el economista y consultor internacional Enrique Román aborda la pregunta de...

Últimas noticias

- Advertisement -spot_img
- Advertisement -spot_img

Artículos relacionados