El Péndulo: Presidente de Chile

Patricio Palacios analiza el fenómeno de alternancia política en Chile como un “péndulo” emocional que, más que premiar propuestas, castiga al poder de turno. Una lectura crítica sobre el voto como canal de desahogo, la fragilidad de los proyectos presidenciales y la inestabilidad creciente del sistema político.

Por Patricio Palacios. Socio director de TCS Group, psicólogo, filósofo y coach. Docente del Magister de Salud Pública en la Universidad Mayor. La política chilena de los últimos quince años se ha convertido en una fascinante, y a veces agotadora, demostración de la ley del péndulo. Desde 2006, la silla presidencial se ha negado rotundamente a acomodar a un mismo color político, generando una alternancia constante que no solo es un fenómeno electoral, sino un reflejo de una sociedad que busca, y desecha, respuestas con una velocidad e intensidad notables. El péndulo, más que un instrumento, es hoy el verdadero ganador de cada contienda. No fue Boric hace cuatro años ni es Kast el día de hoy. Los nombres son accidentes de una sociedad dopaminizada. (la palabra “accidentes” me parece notablemente descriptiva) El núcleo de este fenómeno es simple y brutal: ninguna coalición, ni de izquierda ni de derecha, ha logrado reelegir a su sucesor ni, en el caso de la derecha, al mismo Presidente en mandatos consecutivos.
  • 2006-2010: Gana la Concertación de centro-izquierda con Michelle Bachelet (Segunda vuelta: 53,50% frente a Sebastián Piñera con 46,50%).
  • 2010-2014: Gana la Alianza de centro-derecha con Sebastián Piñera (Segunda vuelta: 51,61% frente a Eduardo Frei Ruiz-Tagle con 48,39%).
  • 2014-2018: Vuelve la centro-izquierda con Michelle Bachelet (Segunda vuelta: 62,10% frente a Evelyn Matthei con 37,90%).
  • 2018-2022: Vuelve la centro-derecha con Sebastián Piñera (Segunda vuelta: 54,58% frente a Alejandro Guillier con 45,42%).
  • 2022-2026: Gana la izquierda amplia con Gabriel Boric (Segunda vuelta: 55,87% frente a José Antonio Kast con 44,13%).
  • 2026-2030: Kast gana con un 58% contra un 42% de Jara. (cifras redondas en Segunda vuelta)
Lo que planteo es que la  gente, en Chile, no vota por un proyecto de cuatro años, vota por cuatro años de desahogo contra el anterior. El Péndulo es el mecanismo de purga emocional de una sociedad frustrada y con alto pensamiento mágico que sus problemas se resolverán, rápidamente con quien gobierne. El gran fracaso de Piñera (convengamos que le tocó Estallido Social y Pandemia) fue entregarle el gobierno a un ingenuo y poco preparado militante de izquierda. Ese fracaso, además de su gestión desmejorada, Boric lo reitera, con agravantes, al entregarle la banda presidencial a un adversario esencialmente “nada”.  Cuando digo nada, me refiero a que no posee ningún éxito en nada generado por él mismo. Pero posee un inclaudicable deseo de presidir solo superado por MEO. Este péndulo no es un simple vaivén entre dos grandes bloques como en el pasado de la Concertación y la Alianza. El escenario se ha complejizado, volviéndose más incierto y volátil:
  1. El colapso de la Concertación/Nueva Mayoría: Los resultados son elocuentes. Michelle Bachelet ganó en 2014 con un histórico 62,10 % en segunda vuelta, pero su coalición se desmanteló. El electorado, insatisfecho con las reformas o la lentitud de ellas, simplemente se movió.
  2. La derecha que no consolidó: Sebastián Piñera, aunque logró un segundo mandato no consecutivo, tampoco pudo traspasar su capital político. Su victoria en 2018 fue con un 54,58 % y la posterior derrota de su sector en 2021 contra Gabriel Boric fue un revés significativo.
  3. La sorpresa de la ultra-polarización: La elección de Gabriel Boric en 2021 (obteniendo el 55,87 % en segunda vuelta, pese a que su candidatura de Apruebo Dignidad fue la más votada en primera vuelta con un 25,83 % frente al 27,91 % de Kast), y la fuerza de José Antonio Kast (que obtuvo la primera mayoría en primera vuelta con el 27,91 %), demostraron que los chilenos no solo castigan al gobierno de turno, sino que están dispuestos a experimentar con opciones ideológicamente más puras y extremas en un intento desesperado por forzar un cambio real. La aparición de figuras como Franco Parisi, con votaciones inesperadas (12,79 % en 2021 y aún más en 2025, 20 %), subraya la búsqueda de un “tercer carril” antisistema.
El péndulo chileno, que se acerca a los cuatro lustros de oscilación, es la metáfora perfecta de una democracia que funciona como un sistema de válvulas de escape. Cada elección se convierte en un voto castigo masivo contra quien ha estado en el poder. La ciudadanía no se enamora del proyecto ganador, sino que se harta del perdedor con la misma rapidez que de su Selección Nacional de Futbol. El electorado premia la novedad y la promesa de cambio radical, solo para castigar la dificultad de ejecutar ese cambio en un sistema político fragmentado y con una sociedad cada vez más exigente y polarizada. En este juego, el vencedor no es la ideología, sino el que mejor encarna la oposición al establishment en ese momento histórico. Con el triunfo de JAK el péndulo ha  cumplido su ciclo por quinta vez consecutiva. La pregunta no es quién gobernará, sino cuánto durará la luna de miel antes de que el próximo giro ya esté siendo cocinado en las urnas. El ganador eterno es el cambio. Y mientras más extremas y puras sean las opciones que se presenten, más violento será el giro del péndulo la próxima vez. En el horizonte, solo se ve la sombra de quien capitalizará el descontento de los próximos 4 años: la oposición que nace el próximo 11 de Marzo. NOTA: Parisi demostró su intrascendencia para influir en el electorado al llamar a votar Nulo. La tentación de figurar fue mayor a guardar un sabio silencio y capitalizar un voto light. Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management
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