El mito de las ocho horas: lo que debes saber sobre el sueño en la madurez

Expertos advierten que los patrones de sueño evolucionan con la edad y que no siempre es necesario dormir ocho horas seguidas para tener buena salud, lo que invita a repensar creencias en torno al descanso, especialmente en personas adultas y mayores.

¿Qué ocurre cuando una persona duerme menos de lo habitual o se despierta varias veces durante la noche? Para muchas, esta situación genera alarma inmediata. Sin embargo, la neuróloga Suzanne Sullivan explicó al medio La Vanguardia que estos cambios son completamente normales con el paso de los años, y no necesariamente indican un trastorno del sueño ni un problema de salud. Lejos de los estándares rígidos, el sueño —como otros procesos biológicos— se adapta a cada etapa de la vida y no debe medirse únicamente en horas. Durante décadas se ha repetido que dormir ocho horas es una especie de “mandato” para mantener una vida saludable. Esta idea, aunque generalizada, no se sostiene completamente desde la ciencia, especialmente si se considera la diversidad de contextos, edades y estilos de vida. Según la especialista, hay personas mayores que duermen seis horas y media o siete, se despiertan varias veces durante la noche y, sin embargo, tienen una buena salud y un rendimiento adecuado durante el día. En ese sentido, el foco debe ponerse menos en la cantidad y más en la calidad del sueño. Sullivan subraya que una persona puede despertarse incluso hasta cinco veces en la noche, y que eso no es en sí una señal preocupante. “Lo que debe alertarnos no es cuántas veces te despiertas, sino cómo te sientes al día siguiente”, señala. Si al día siguiente hay energía, buen humor y concentración, entonces no hay razón para alarmarse. Esta mirada resulta especialmente relevante en contextos laborales donde el envejecimiento de la fuerza de trabajo requiere comprensión de las nuevas necesidades de bienestar.

Cambios normales con la edad

A medida que las personas envejecen, se presentan modificaciones en el ciclo circadiano, en la duración de las fases del sueño y en la frecuencia de los despertares nocturnos. Es decir, el cuerpo ya no duerme igual que en la juventud, y eso es parte natural del proceso vital. “Muchos de nuestros pacientes se preocupan cuando se despiertan dos o tres veces en la noche, pero no se dan cuenta de que esto es parte del envejecimiento”, aclara la neuróloga. La presión social que existe en torno a dormir una determinada cantidad de horas genera más ansiedad que soluciones. Esta preocupación puede volverse una profecía autocumplida: la persona teme no dormir bien, y esa ansiedad interfiere aún más con su descanso. Por eso, comprender que dormir diferente no es dormir mal, puede ayudar a reducir la angustia y mejorar la experiencia del sueño.

Cuándo sí hay que preocuparse

Aunque muchos cambios en el sueño son naturales, también es importante reconocer cuándo hay señales de alerta. No es lo mismo despertarse durante la noche y volver a dormir fácilmente, que pasar horas en vela con ansiedad o fatiga constante al día siguiente. Si se presentan síntomas como somnolencia diurna, irritabilidad, dificultades de memoria o atención, puede ser necesario consultar a un especialista. Otro factor relevante es el entorno y las condiciones personales. El consumo de ciertos medicamentos, el estrés crónico, el sedentarismo o los problemas emocionales pueden afectar el descanso y requerir intervenciones específicas. En ese sentido, las organizaciones también pueden desempeñar un rol preventivo al incorporar políticas de bienestar que consideren el sueño como un componente integral de la salud.

Menos mitos, más autoconocimiento

La visión de Sullivan ayuda a desmontar mitos y a promover una relación más realista con el sueño. No todas las personas tienen que dormir igual, ni durante toda la vida ni entre sí. La clave está en observar cómo se siente el cuerpo, más que en cumplir con un estándar que muchas veces no se ajusta a la realidad individual. En contextos laborales donde se espera productividad y atención constante, esta información es especialmente valiosa. Promover horarios razonables, ambientes laborales saludables y una cultura que no glorifique la privación del sueño puede tener impactos significativos en la salud de los equipos. Aceptar que dormir distinto con el paso del tiempo es normal —y que dormir menos no siempre es dormir peor— es un paso fundamental hacia el bienestar físico, mental y laboral de las personas. Comprenderlo, integrarlo y comunicarlo desde la gestión de personas es clave para construir entornos más saludables y empáticos.
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