El límite del modelo: crecimiento, trabajo y las reglas que no alinean

En un nuevo ciclo político marcado por la promesa de crecimiento y desregulación, la evidencia sobre salarios, reconversión laboral y salud mental plantea una pregunta incómoda: ¿basta con facilitar la inversión o el problema está en las reglas que organizan el trabajo, la distribución del valor y el bienestar?

Por RH Management

Los debates recientes sobre negociación colectiva, reconversión laboral, salarios y salud mental suelen presentarse como problemas separados. Sin embargo, cuando se observan en conjunto —y a la luz de la evidencia disponible— aparece un diagnóstico más profundo: no se trata de fallas puntuales, sino de un modelo de desarrollo cuyas reglas no están alineando trabajo, bienestar y movilidad social.

Los datos de Casen 2024 confirman el marco material de esta discusión. El 60% de los hogares vive con ingresos autónomos per cápita inferiores a $414.000 mensuales, la pobreza por ingresos alcanza al 6,5% de la población, y la desigualdad se mantiene elevada, con un coeficiente de Gini cercano a 0,49. El trabajo formal, en amplios segmentos, no garantiza estabilidad ni progreso, y una parte significativa de la fuerza laboral permanece en una zona de vulnerabilidad estructural.

Reconversión fallida

El estudio “Adaptación y resiliencia laboral ante la disrupción tecnológica en Chile”, elaborado para Otic CChC y Sence, es explícito en su diagnóstico: el sistema chileno de capacitación no está diseñado para cambios estructurales de trayectoria laboral, sino para mejoras marginales de productividad dentro de las empresas. A pesar de una inversión anual significativa —cerca de $192 mil millones vía  la Ley de Incentivo a la Capacitación, Lenice — los recursos no habilitan reconversión profunda, especialmente entre trabajadores de menor calificación y en pymes.

El informe muestra que la reconversión efectiva solo ocurre cuando existe demanda real por nuevas habilidades. En sectores donde la rentabilidad no depende del capital humano, la capacitación pierde impacto y sentido. En la práctica, el sistema termina reproduciendo las brechas del mercado laboral, beneficiando a quienes ya cuentan con mejores condiciones formativas y organizacionales.

Este hallazgo es central para la discusión de fondo: la capacitación no falla solo por diseño, sino porque el modelo productivo no remunera el aprendizaje. En amplios sectores de la economía chilena, capacitarse no se traduce en movilidad salarial ni en mayor estabilidad, erosionando la credibilidad del esfuerzo individual como vía de progreso.

Trabajo y malestar

Este desajuste estructural se expresa con fuerza en los estudios sobre salud mental laboral. Investigaciones de Zoom al Trabajo (Visión Humana & IST) e Ipsos muestran que el malestar psicológico no responde principalmente a factores individuales, sino a estrés financiero persistente, inseguridad económica y sensación de esfuerzo sin retorno.

En este contexto, el aumento del ausentismo laboral y del uso de licencias médicas por causas de salud mental aparece menos como una anomalía y más como un síntoma sistémico. Las licencias operan, en muchos casos, como mecanismos de compensación frente a entornos laborales exigentes, con bajos márgenes de recuperación y escasa capacidad de proyectar bienestar. El problema no es solo de control o abuso, sino de sostenibilidad del trabajo.

La dificultad para construir compromiso, propósito y sentido de pertenencia en las organizaciones se inscribe en la misma lógica. No es un déficit cultural ni generacional: es la brecha entre discursos de desarrollo personal y una experiencia material marcada por salarios ajustados y alta incertidumbre.

Crecimiento y reglas

Este diagnóstico se vuelve especialmente relevante en el nuevo ciclo político. El gobierno entrante ha planteado que el crecimiento económico, la desregulación y la facilitación de la inversión son condiciones necesarias para mejorar la competitividad y, con ello, el bienestar. Es un argumento conocido y no exento de respaldo empírico en ciertos contextos. La pregunta es si eso es suficiente.

La evidencia comparada sugiere que el crecimiento por sí solo no garantiza mejores salarios ni menor desigualdad cuando las reglas de distribución permanecen intactas. Aquí resulta clave la lectura de los Premios Nobel de Economía 2024 —Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson. Sus investigaciones muestran que el desarrollo sostenible depende de instituciones inclusivas, capaces de alinear crecimiento, inversión y distribución del valor.

Cuando las economías descansan en estructuras extractivas o rentistas, la desregulación puede efectivamente atraer inversión, pero no necesariamente incentiva la inversión en trabajo ni en capital humano masivo. El resultado puede ser crecimiento con salarios estancados, alta desigualdad y presión creciente sobre las personas para adaptarse sin garantías de retorno.

El World Inequality Report 2026 refuerza esta advertencia: países con alto crecimiento pueden mantener niveles extremos de concentración de ingresos y riqueza si no existen mecanismos institucionales que distribuyan los beneficios del desarrollo. Chile muestra varios de estos rasgos.

Desde esta perspectiva, la negociación ramal, la capacitación y las políticas de bienestar no son el centro del problema, sino expresiones de una discusión más profunda sobre las reglas del modelo. Sin cambios en esas reglas, la apuesta exclusiva por crecimiento y desregulación corre el riesgo de reproducir los mismos desequilibrios: bajos salarios, malestar laboral, ausentismo y desafección con el trabajo.

Para las gerencias de personas, el desafío es estratégico. Gestionar bienestar, compromiso y productividad sin abordar las condiciones materiales y las reglas que organizan el trabajo es actuar sobre síntomas. Para el mundo político, el reto es mayor: definir si el nuevo ciclo se limitará a facilitar inversión o si será capaz de alinear crecimiento con trabajo digno, movilidad y bienestar.

La evidencia sugiere que el problema no es elegir entre crecimiento o regulación, sino qué tipo de crecimiento y bajo qué reglas. En ese punto, el péndulo político puede moverse, pero los límites del modelo —si no se enfrentan— seguirán manifestándose donde ya lo hacen: en el trabajo, en los salarios y en la salud mental de las y los trabajadores.

Comparte este artículo:
NO TE LO PIERDAS

IA con características chinas: adoptar la tecnología sin abandonar el trabajo

Empleos, ¿para qué?

Callar para pertenecer

ARTÍCULOS RELACIONADOS

IA con características chinas: adoptar la tecnología sin abandonar el trabajo

IA y “flexhabilidad”: adaptarse con sentido

Empleos, ¿para qué?

Del yo exhausto al problema sistémico: una nueva mirada sobre la salud mental

ÚNETE A NUESTRA COMUNIDAD
RH MANAGEMENT

¡Recibe todas nuestras alertas y noticias al día!