Durante el trayecto de ida y vuelta, Marcia compartió cabina con su padre, quien, a sus 87 años, cambió de rol: de conductor habitual a copiloto. Esa inversión simbólica fue el punto de partida de un proceso de aprendizaje profundo. “Mientras yo manejaba, él me enseñaba; mientras yo avanzaba, él observaba; mientras yo buscaba la ruta, él me mostraba perspectiva”, escribió. En ese acompañamiento silencioso, ella descubrió que liderar no siempre es tomar el mando, sino también sostener y confiar.
El rally fue parte de la edición número 16 del Encuentro Internacional Mini (EIM), que se realizó entre el 14 y 16 de noviembre en Punta del Este. Más de 130 autos clásicos provenientes de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay e incluso Rusia se dieron cita para celebrar la historia y cultura del icónico vehículo británico. Marcia no solo fue la única mujer piloto del evento, sino también una de las pocas ejecutivas que integró el recorrido. Ese detalle, lejos de ser anecdótico, resalta la importancia de visibilizar liderazgos femeninos en espacios tradicionalmente masculinos.
Lo que comenzó como un viaje por la pasión automotriz, pronto se convirtió en una experiencia introspectiva. “Hubo un punto en que el rally dejó de ser un evento… y se convirtió en un espejo que me devolvió una verdad sencilla y poderosa: esto iba de confiar, soltar, acompañar y avanzar”, reflexionó. En sus palabras, el Mini fue solo la excusa; la transformación fue interna.
Una metáfora sobre el liderazgo
La experiencia de la ejecutiva entrega claves aplicables al mundo organizacional. La planificación del viaje, el trabajo en equipo, la gestión de riesgos y la flexibilidad ante lo inesperado fueron elementos que ella misma vinculó con su rol como gerente de personas. Pero fue el vínculo con su padre lo que le enseñó la faceta más humana del liderazgo: la que acompaña sin imponer, la que observa sin controlar, la que confía sin exigir resultados inmediatos. “Mi papá me mostró la faceta más hermosa del liderazgo: la que no habla fuerte, pero transforma profundamente”, nos contó. A lo largo del viaje, él le fue indicando con calma los cambios de marcha, los momentos de acelerar o frenar, y le transmitió seguridad sin quitarle autonomía.
En el relato de Correa también aparece otro concepto clave para el desarrollo personal y organizacional: la neuroplasticidad. Su padre, con casi nueve décadas de vida, se mostró curioso, adaptable y abierto a aprender. “Eso es juventud mental. Eso es valentía. Eso es liderazgo invisible”, afirmó. En un mundo laboral que valora la innovación, esta visión interpela la idea de que solo los jóvenes son capaces de cambiar.