El liderazgo que viaja en silencio: una gerente de personas y su lección a bordo de un Mini del 80

En el Encuentro Internacional Mini 2025 en Uruguay, la gerente de personas Marcia Correa fue la única mujer piloto de un rally que no solo cruzó fronteras físicas, sino también emocionales, dejando una profunda lección sobre liderazgo, confianza y transformación personal.

Más de 4.000 kilómetros de asfalto separaron Santiago de Chile y Punta del Este, pero para Marcia Correa, gerente de personas en Cencosud Retail, ese trayecto significó mucho más que un recorrido geográfico. En el marco del Encuentro Internacional Mini 2025, Correa decidió cumplir uno de los deseos de su lista personal: conducir el Mini Classic de su padre, modelo 1980, en un rally internacional. Lo que no anticipó fue que ese viaje se convertiría en una metáfora viva sobre el liderazgo, la confianza y los vínculos que transforman. “Esta aventura surge cuando cumplí 50 años y escribí una lista de 50 cosas que quería hacer antes de morir. Una de ellas era participar en un rally con el Mini del año 80 que tiene mi papá. Así nació este viaje”, relató Correa en su perfil de LinkedIn, en una publicación que combinó emoción, reflexión y una perspectiva fresca sobre el liderazgo en las organizaciones. Durante el trayecto de ida y vuelta, Marcia compartió cabina con su padre, quien, a sus 87 años, cambió de rol: de conductor habitual a copiloto. Esa inversión simbólica fue el punto de partida de un proceso de aprendizaje profundo. “Mientras yo manejaba, él me enseñaba; mientras yo avanzaba, él observaba; mientras yo buscaba la ruta, él me mostraba perspectiva”, escribió. En ese acompañamiento silencioso, ella descubrió que liderar no siempre es tomar el mando, sino también sostener y confiar. El rally fue parte de la edición número 16 del Encuentro Internacional Mini (EIM), que se realizó entre el 14 y 16 de noviembre en Punta del Este. Más de 130 autos clásicos provenientes de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay e incluso Rusia se dieron cita para celebrar la historia y cultura del icónico vehículo británico. Marcia no solo fue la única mujer piloto del evento, sino también una de las pocas ejecutivas que integró el recorrido. Ese detalle, lejos de ser anecdótico, resalta la importancia de visibilizar liderazgos femeninos en espacios tradicionalmente masculinos. Lo que comenzó como un viaje por la pasión automotriz, pronto se convirtió en una experiencia introspectiva. “Hubo un punto en que el rally dejó de ser un evento… y se convirtió en un espejo que me devolvió una verdad sencilla y poderosa: esto iba de confiar, soltar, acompañar y avanzar”, reflexionó. En sus palabras, el Mini fue solo la excusa; la transformación fue interna.

Una metáfora sobre el liderazgo

La experiencia de la ejecutiva entrega claves aplicables al mundo organizacional. La planificación del viaje, el trabajo en equipo, la gestión de riesgos y la flexibilidad ante lo inesperado fueron elementos que ella misma vinculó con su rol como gerente de personas. Pero fue el vínculo con su padre lo que le enseñó la faceta más humana del liderazgo: la que acompaña sin imponer, la que observa sin controlar, la que confía sin exigir resultados inmediatos. “Mi papá me mostró la faceta más hermosa del liderazgo: la que no habla fuerte, pero transforma profundamente”, nos contó. A lo largo del viaje, él le fue indicando con calma los cambios de marcha, los momentos de acelerar o frenar, y le transmitió seguridad sin quitarle autonomía. En el relato de Correa también aparece otro concepto clave para el desarrollo personal y organizacional: la neuroplasticidad. Su padre, con casi nueve décadas de vida, se mostró curioso, adaptable y abierto a aprender. “Eso es juventud mental. Eso es valentía. Eso es liderazgo invisible”, afirmó. En un mundo laboral que valora la innovación, esta visión interpela la idea de que solo los jóvenes son capaces de cambiar.

El liderazgo como vínculo emocional

Uno de los puntos más potentes de esta historia es cómo redefine la idea tradicional del liderazgo como posición jerárquica. Para Marcia Correa, liderar es generar un espacio compartido, una dinámica entre personas que se construye kilómetro a kilómetro. “El liderazgo no es un rol. Es un espacio que se crea entre dos personas”, escribió. En tiempos donde las organizaciones enfrentan transformaciones constantes, este tipo de liderazgo relacional aparece como una alternativa necesaria. El Encuentro Internacional Mini fue, sin duda, el contexto perfecto para este viaje de aprendizajes. Con actividades que incluyeron pruebas de habilidad conductiva, caravanas costeras, cenas de camaradería y la entrega simbólica de la llave para la próxima edición en Santa Fe, el evento celebró tanto la cultura automotriz como los lazos humanos que la sostienen. Sin embargo, para Marcia Correa, lo más importante no estuvo en los motores ni en las rutas, sino en el silencio sabio de su padre y en su propia disposición a mirar el camino con nuevos ojos. “A veces, el mejor libro de liderazgo tiene forma de persona. Y el mejor maestro se sienta a tu lado, sin hacer ruido, sin pedir nada… pero cambiándolo todo”.
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