El insostenible estilo de vida del siglo XXI

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“¿Por qué estoy agotado si tengo sólo 30 años?”, se pregunta el periodista español Mateo Sancho en una columna publicada por la revista GQ. Radicado en Nueva York, Sancho tiene más de lo que puede pedir: un trabajo entretenido, una familia maravillosa, “pero tras esa sonrisa satisfecha se esconde el terror que me produce pensar que si esta va a ser mi vida los próximos 30 años me tiro por el puente ahora mismo, porque yo no puedo más. Esta felicidad me está dejando deslomado”, dice, consternado.

En Chile no estamos lejos de esa realidad. Basados en las más recientes cifras sobre salud mental de la Organización Mundial de la Salud, el diario online El Mostrador presentó un perfil de cómo sería nuestro país si fuera una persona: “Está extenuada, cansada, sobre adaptada y maltratada frente a exigencias, en perjuicio de las propias necesidades y posibilidades. Y sus síntomas constituyen una silenciosa expresión de su malestar o protesta, que al no poder simbolizar y elaborar, canaliza sus tensiones por vía somática. De rebeldía ciega frente a exigencias desmedidas interiorizadas: el éxito, la codicia y el estatus, entre las principales”, dice el medio.

El filósofo alemán nacido en Corea, Byung-Chul Han ya lo presentó en su libro, “La Sociedad del Cansancio”, donde se refiere a una era de fatiga y agotamiento causados por una incesante compulsión por rendir. El libro se basa en que nuestras sociedades competitivas, orientadas al servicio, están causando estragos en el ser humano moderno, pues los adelantos tecnológicos en lugar de mejorar nuestra vida están produciendo enfermedades que van desde la depresión al déficit atencional pasando por los trastornos de personalidad. Byung-Chul Han interpreta esta propagación de malestares como una incapacidad de manejar experiencias negativas, en una era caracterizada por un positivismo excesivo y una disponibilidad universal de personas y bienes. El stress y el agotamiento no son sólo experiencias personales sino también un fenómeno social e histórico.

“La Sociedad del Cansancio” utiliza metáforas biológicas para comparar las problemáticas de los siglos XX y XXI. Han propone que el siglo pasado estuvo enmarcado en una era “inmunológica” y usa esta expresión porque las infecciones de virus y bacterias que provocan una reacción del sistema inmune fueron las principales causas de enfermedades y muerte, mientras que las vacunas y los antibióticos ayudaron a eliminar las amenazas. Han extiende esta metáfora inmunológica hacia los ámbitos políticos y sociales: así como el sistema inmune reconoce a las bacterias y virus como “extranjeros” que deben ser eliminados para proteger la salud, tanto las Guerras Mundiales como la Guerra Fría se caracterizaron por un “nosotros” versus “ellos”.

En el siglo XXI, en tanto, el paradigma es otro. Para Han, se trata de una era “neuronal” caracterizada por enfermedades neuropsiquiátricas como la depresión, el déficit atencional, el stress laboral y el trastorno límite de la personalidad. A diferencia de las enfermedades de la era inmunológica, donde había una clara distinción de los microbios enemigos que necesitaban ser eliminados, las enfermedades neuronales dificultan identificar un enemigo claro. En el caso del stress laboral, por ejemplo, el enemigo podría ser el empleador, el entorno o las propias decisiones que ha tomado la persona y la guerra podría ser con uno mismo. Paralelamente, desde la mirada social y política, en un mundo tan globalizado resulta difícil definir el “yo” del “extranjero”. Se puede intentar asignar los roles de “buenos” o “malos” en el siglo XXI pero estamos tan interconectados que la aproximación del siglo XX ya no sirve.

Más allá de las comparaciones biológicas, Byung- Chul Han aporta con una mirada reveladora en las razones por las que nos sentimos exhaustos y fatigados. Para el filósofo, la razón está en que estamos rodeados por una cultura de positivismo. En el trabajo, en la casa o navegando por Internet nos llenamos de mensajes poco sutiles sobre lo que podemos hacer. Han pone como ejemplo la frase “Sí, podemos”, el slogan de la campaña de Barack Obama, o la publicidad de Nike (Simplemente hazlo/ Just do it), que sugieren que todo lo que hay que hacer es esforzarse más y no va a existir ningún límite para lo que podamos lograr. Lo que se presenta como un slogan empoderador, mostrando nuestra libertad y nuestro potencial ilimitado, de acuerdo a Han se convierte en una ilusión, donde el “Sí, podemos” se transforma en un “Sí, debemos”. Pasamos de una sociedad en la que imperaba la disciplina, las prohibiciones y obligaciones a enfocarnos en los logros, donde sucumbimos voluntariamente a las presiones por conseguir más. El filósofo dice que nos volvimos esclavos de la cultura del positivismo, viviendo una vida de auto- explotación por la que vamos avanzando cegados por la determinación hasta que colapsamos.

Producción RH Management
Publicado en edición 104, revista física RH Management.

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