viernes, diciembre 4, 2020

El futuro del teletrabajo

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El uso de tecnologías de la información y comunicación (TICs) ha transformado la organización del trabajo. La prestación de servicios a través de plataformas digitales, o de servicios semi-automatizados a través de la web, el trabajo remoto con uso intensivo de TICs , entre otros, no solo han generado nuevos contextos físicos para el desarrollo del trabajo, sino que han cambiado  radicalmente su estructura de relaciones, de temporalidad y de las cualificaciones y habilidades requeridas para realizarlo. 

El trabajo a distancia, remoto o teletrabajo está hoy en el centro de las investigaciones por su aumento sostenido mundialmente como modalidad de trabajo durante la pandemia por Covid-19. En el caso chileno, la ley de teletrabajo, Nº 21.220, entró en vigencia el 1º de abril del 2020, unos días después de las primeras cuarentenas decretadas por la pandemia, y su reglamento, que establece condiciones de seguridad y salud para los teletrabajadores, entró en vigor el 3 de octubre de este año. Esta ley, así como el desarrollo cotidiano del trabajo a distancia, generan importantes desafíos para empleadores y trabajadores.

Es necesario entonces, constatar algunas de las dificultades que enfrentan los empleados en relación al teletrabajo, algunas cargas que la ley impone sobre los empleadores y las ventajas que podría generar el teletrabajo a largo plazo. Ello, sobre todo considerando que de acuerdo con un estudio de la firma privada de RH Randstad Chile, la gran mayoría de los empleadores tendría la intención de continuar implementando el teletrabajo aún después del término de la pandemia. Hay que tener presente, sin embargo, que la evaluación de la modalidad actual del teletrabajo en condiciones de pandemia no constituye un trabajo a distancia propiamente tal, sino un trabajo en confinamiento. Esto es, sin las ventajas del teletrabajo en contextos de libre movimiento, y además, con dificultades exacerbadas por la ausencia de apoyos externos, como de establecimientos educacionales y de apoyo al cuidado infantil, que hoy acentúan los conflictos entre las esferas laboral y doméstica, y por ende, conlleva a evaluaciones negativas de esta modalidad.

En el contexto actual, los problemas del teletrabajo detectados por los empleados y colaboradores son múltiples e incluyen: las dificultades en el acceso a la infraestructura necesaria para el desarrollo de sus tareas, no siempre proporcionada por el empleador; las posibilidades de mantener relaciones y redes con otros trabajadores que resultan ser clave en las trayectorias laborales; un aumento de la jornada de trabajo al tener garantizadas 12 horas de desconexión (un aumento de jornada que, no obstante, no siempre es respetada); la falta de protección de derechos, por ejemplo, en torno al uso de permisos por salud, maternidad y accidentes laborales; nuevas formas de control y evaluación, a menudo con criterios variables en el tiempo. 

Mención aparte merece una desventaja particular para las mujeres, evidenciada por diversas encuestas en Chile: el aumento drástico de la carga doméstica y del cuidado para las teletrabajadoras, lo cual ha generado mayores tensiones al interior de las familias, refrendando que culturalmente, en nuestro país, lo doméstico continúa siendo asignado a las mujeres. Esta carga ha aumentado sustancialmente entre teletrabajadoras que tienen responsabilidades del cuidado de dependientes, generando, sin lugar a dudas, una barrera en el desarrollo de las potencialidades laborales de un alto porcentaje de mujeres teletrabajadoras.

Para los empleadores, en tanto, existen obligaciones que aún no han sido fiscalizadas y que demandan una adaptación mayor a la exhibida hasta ahora: ellos deben legalmente proporcionar equipos necesarios para el desarrollo del teletrabajo; requieren, al mismo tiempo, implementar nuevas formas de asignación y evaluación del trabajo y de su productividad; y a partir de octubre de 2020, deben establecer medidas y evaluaciones de salud y seguridad de los teletrabajadores -abriendo múltiples campos de disputa en torno a lo que serán considerados accidentes y enfermedades laborales. El teletrabajo significa también un aumento de demandas de implementación y funcionamiento de las TICs y potenciales problemas con la seguridad de la información, además de la pérdida de control directo sobre los empleados.

¿Qué significa esto para el futuro del teletrabajo? Para lo empleadores, el “éxito” del teletrabajo depende de una ponderación de las obligaciones que se adquieren con este, las que demandan -además de equipos, herramientas y materiales y de la implementación de nuevas prácticas de evaluación y control- el fortalecimiento del bienestar del teletrabajador de acuerdo con sus circunstancias, el fomento a sus relaciones grupales y al desarrollo de su identificación con la organización. Para los teletrabajadores el “éxito” implica reconocer que el teletrabajo trae nuevas formas de medir productividad y formas de evaluación; aceptar que a menudo, se intercambian flexibilidad por un aumento de las horas laborales; que las interrupciones y demandas aumentan en pos del control; y que las relaciones, contactos y redes en el trabajo, no ocurrirán del mismo modo. 

Tanto para empleadores como trabajadores, es necesario evaluar si el trabajo a distancia será favorable en el largo plazo. En efecto, el teletrabajo no es igualmente ventajoso para todos los actores: las condiciones del teletrabajo no son similares en trabajados calificados y de baja calificación; con horarios flexibles o rígidos; evaluados diariamente o por productos, etcétera. Tampoco lo son si los teletrabajadores tienen obligaciones familiares importantes o si no cuentan con un espacio de trabajo independiente del resto del hogar, entre múltiples otros factores.  Es necesario entonces, sopesar lo que trae aparejado esta modalidad de trabajo en costos para trabajadores y empleadores y balancear, de acuerdo con realidad, las ventajas que el teletrabajo pueda generar.

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