El envejecimiento no implica perder la mente: claves para una vejez con salud cognitiva

A los 78 años, el psicólogo José María Ruiz Vargas desmantela mitos sobre la pérdida de memoria en la vejez y propone un modelo de envejecimiento saludable centrado en la estimulación cognitiva, los vínculos afectivos y los proyectos de vida.

¿Qué ocurre realmente con nuestra mente a medida que envejecemos? ¿Por qué algunas personas llegan a los 90 o incluso a los 100 años sin signos de deterioro cognitivo, mientras otras presentan síntomas desde mucho antes? A sus 78 años, el psicólogo español José María Ruiz Vargas ha dedicado su trayectoria a estudiar la memoria y el envejecimiento cerebral. En una reciente entrevista con el medio La Vanguardia, el experto compartió su visión sobre cómo transcurre este proceso y qué factores pueden ayudar a preservar la salud mental en la vejez. Desde su experiencia y conocimiento acumulado, Ruiz Vargas asegura que el envejecimiento cerebral no es sinónimo de deterioro inevitable. “Lo que hay son muchas diferencias individuales”, explicó. En otras palabras, no existe una única forma de envejecer, y mucho menos una única forma de perder capacidades cognitivas. Según señala, es perfectamente posible llegar a edades avanzadas con plena lucidez, siempre que se mantengan ciertas condiciones de estimulación, motivación y entorno social. Uno de los principales factores protectores que identifica el psicólogo es la existencia de proyectos de vida personales, incluso en la tercera edad. “Tener un proyecto personal es un factor muy importante de envejecimiento saludable”, afirma. Este proyecto puede ser continuar con la carrera profesional, aprender un nuevo idioma, escribir un libro o simplemente mantener actividades que resulten significativas. Para Ruiz Vargas, esta motivación actúa como una fuente de energía que mantiene activo el cerebro. Además de los proyectos personales, el experto destaca el papel clave que juegan las relaciones sociales y afectivas. El aislamiento, frecuente en personas mayores, puede tener efectos devastadores sobre la salud mental. Por el contrario, mantener vínculos afectivos, participar en actividades comunitarias o seguir siendo parte de un grupo humano actúa como un estimulante natural para la mente. “La dimensión afectiva del ser humano no desaparece con la edad, sino que puede ser más intensa”, advierte.

Contra los mitos de la vejez

Otro de los puntos relevantes de su planteamiento tiene que ver con la forma en que la sociedad entiende el envejecimiento. Para Ruiz Vargas, existe un error común y extendido: confundir el envejecimiento con la enfermedad. Según explica, muchas personas mayores se angustian al notar olvidos cotidianos, creyendo que son síntomas de deterioro cognitivo, cuando en realidad se trata de procesos normales. “No todo olvido significa que el cerebro se esté deteriorando”, sostiene. Este tipo de ideas erróneas, sumadas a estereotipos sociales sobre la vejez, pueden generar un efecto adverso: que las personas mayores se resignen a dejar de aprender, de aportar o de participar. Para contrarrestar esa tendencia, Ruiz Vargas insiste en la necesidad de mantener la mente activa, no solo con ejercicios de memoria, sino también con aprendizajes nuevos, desafíos intelectuales y, sobre todo, motivación personal. En ese sentido, plantea que incluso en personas mayores que han sufrido deterioro real, como la enfermedad de Alzheimer, existen recursos y terapias para ralentizar el proceso o mantener la calidad de vida. Pero insiste: la prevención es clave, y comienza mucho antes del diagnóstico. “El deterioro cognitivo no aparece de repente a los 80 años; hay todo un proceso previo que se puede modular”, indica.

Envejecimiento y ciclo vital

Para comprender el proceso completo, Ruiz Vargas propone una mirada de ciclo vital, en la que cada etapa de la vida tiene sus desafíos, pero también sus oportunidades. En la vejez, estas oportunidades pueden estar ligadas a una nueva libertad, a la posibilidad de hacer cosas que antes no se podían por razones laborales o familiares, y a una mayor capacidad de reflexión. Lejos de considerar la jubilación como una etapa de cierre, el psicólogo propone entenderla como una transición que puede dar lugar a nuevas formas de realización personal. En su caso, asegura que sigue escribiendo, leyendo y dando clases universitarias porque encuentra en ello un propósito vital. Para las organizaciones y equipos de gestión de personas, las ideas de Ruiz Vargas abren interrogantes relevantes. ¿Estamos integrando adecuadamente a las personas mayores en los espacios laborales o comunitarios? ¿Valoramos su experiencia y su capacidad de aportar, incluso fuera de los circuitos productivos tradicionales? ¿Facilitamos espacios donde puedan desarrollar proyectos propios? La evidencia señala que un entorno estimulante, afectivo y socialmente activo puede marcar una diferencia decisiva en el envejecimiento cognitivo. Pero también lo hace la actitud de las propias personas mayores, su deseo de aprender, de mantenerse conectadas y de proyectarse más allá del retiro formal. Como concluye Ruiz Vargas, la salud mental en la vejez no depende solo de lo biológico, sino también de lo emocional, lo social y lo existencial. Y esa es una responsabilidad compartida.
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