viernes, noviembre 27, 2020

El cinismo en la empresa

La metáfora del paciente sentado en el sofá del especialista mientras lo psicoanaliza, es una imagen muy potente. A continuación, el primero de varios reportajes en que, en vez de paciente, tendremos a la organización sentada al diván. (Publicado en RHM 57, mayo del 2012)

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Una acepción posible de cinismo versa: “desvergüenza o descaro en el mentir o en la defensa de actitudes reprochables”. Pero, ¿qué pasaría, si las actitudes reprochables no fueran y en su lugar, se mintiera por defender la salud personal ante un ambiente insano de trabajo? El hecho es que esta modalidad poco estudiada en el mundo organizacional, explica muchos de las frustraciones que tienen las empresas en su afán por conseguir colaboradores alineados con el negocio. A continuación, algunas reflexiones que ayuden a comprender mejor un fenómeno que es individual y organizacional, pero del que poco se sabe. 

La razón cínica, puede ser entendida de varias maneras. Por un lado está la que se da a sí mismo el que detenta el poder, con un argumento tautológico y eufemístico, para evitar la confrontación sincera. También puede ser la diferencia entre el discurso y los hechos. Peter Sloterdijk, filósofo alemán, publicó “crítica de la razón cínica”. Distingue entre un cinismo negativo, de quien oculta su punto de vista y mira con desdén, y un cinismo positivo, “el de quien desde el fondo no se resigna a dejarse arrastrar por la corriente”, aunque, superado por fuerzas que no puede controlar, se deja llevar. James Scott, antropólogo norteamericano, en su libro “los dominados y el arte de la resistencia”, habla de la sumisión aparente o la falsa complacencia: un simulacro de obediencia sincera que permite dar la impresión de que el orden simbólico es activamente aceptado. Es una forma de autoprotección y permite el resguardo de la identidad. 

La resistencia

El experto español en subjetividad y trabajo, distingue un tipo de cinismo positivo, en que el trabajador pone límites en el ámbito laboral y con eso, cuida su salud mental. 

En el contexto del seminario “Implicancias psicosociales de las transformaciones del trabajo”, organizado por el Programa de Estudios Psicosociales del Trabajo (Pepet) de la facultad de psicología de la UDP, a fines del 2011; tuvimos la oportunidad de entrevistar al sicólogo español Josep Blanch. El académico de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), desarrolla sus investigaciones en el ámbito de la construcción de la subjetividad laboral y el riesgo psicosocial, en el nuevo escenario del capitalismo flexible, global e informacional. 

Blanch se confiesa heredero de una tradición investigativa, que a través de estudios transculturales en los años 80, se preguntaban por “el significado de trabajar”. La contribución –aparte de la actualización del tema-, es que Blanch y la UAB, buscan situar la temática a nivel iberoamericano. A pesar de similitudes globales y del predominio anglosajón en la literatura, para el académico, en el mundo hispano hay diferencias importantes, tales como, la relación familia – trabajo; la forma de ver la vida y la existencia de menos individualismo. “Hace tres décadas -final del fordismo-, la articulación vida profesional – vida privada había creado un mundo estable: se estudiaba para ejercer una carrera y desarrollar un oficio, dentro de una sola empresa y para toda la vida. Esto es lo que cambió”. Una primera investigación hecha en Brasil, Chile, Colombia, México, Argentina y España, que analiza el sentido de los cambios producidos en el significado de trabajar, arrojó resultados interesantes. “Vimos cambios profundos: seguimos trabajando por dinero, pero ahora más que nunca; en cambio, cada vez el trabajo es menos una referencia para el futuro. Antes, tener trabajo se asociaba a proyectos de vida –casarse, tener hijos, jubilación-, hoy esta noción de planificación a partir del trabajo, se está extinguiendo, sobre todo en la gente joven y de manera creciente, en aquellos que están expuestos a trabajo inestable, precario”. 

Para Blanch, la precarización del trabajo está afectando el significado del mismo. “La gente se compromete e implica menos, busca los intereses vitales en el consumo, en el ocio”. Otro cambio, es que profesiones que eran bien consideradas socialmente y contaban con remuneraciones relativamente buenas, sufrieron cambios dramáticos. En hospitales y universidades, comenta Blanch, se orientó la gestión managerial sólo al mercado y a la lógica de exigencias de productividad. Esto determinó una sobrecarga de trabajo que provoca paradojas: “a pesar que se valoran las mejoras en condiciones materiales del puesto de trabajo, las circunstancias humanas y sociales se sienten como malas”. Aparecen nuevos dilemas éticos, que llevan a una “mala conciencia profesional: trabajo, pero creo que no lo hago bien”. 

“Todos estos cambios son tan fuertes y profundos, que la mayoría de las personas aún no lo metaboliza. Vivimos una especie de malestar general, con una incomodidad que no sabemos expresar. En una primera fase, se vive como un problema individual, como si solo me afectara a mi y es después, poco a poco, hablando con nuestros pares, nos damos cuenta que es un problema de todos”. No tener capacidad de responder a la demanda de mail es visto inicialmente como una incapacidad personal, pero cuando vemos que es algo generalizado, entendemos que tiene que ver con el orden del trabajo. “Pero hay un contrasentido, nadie razonablemente puede oponerse a la eficiencia o la productividad. El problema, surge cuando se sacrifica la salud del trabajador en nombre de las exigencias del mercado y el negocio”. Para el experto, la superación de la fase individual del problema, está llevando a tácticas compartidas y a un cambio de conciencia. “Desarrollamos estrategias, que sin practicar la desobediencia, remiten a cierta resistencia, que no es otra cosa que prevenir el estrés que nos haría enfermar”. Es un cierto cinismo practicado por el trabajador, pero Blanch hace una distinción. “Hay un cinismo bueno y otro malo. El negativo es darle un trato despersonalizado a los pacientes, a los usuarios de cualquier servicio, porque estoy harto de la gente. Es en cierto modo un cinismo inhumano. Ahora, hay otro cinismo que está al servicio de la salud personal del trabajador y que pone límites razonables ante los excesos y abusos que muchas veces se dan en el trabajo,” finaliza. 

PUBLICADO EN RHM 57, MAYO DEL 2012

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