La incorporación de los jóvenes al mercado laboral enfrenta un escenario más complejo durante 2026, marcado por el avance de la inteligencia artificial, las tensiones geopolíticas y un deterioro de algunos indicadores de empleo. Según informó La Vanguardia a partir del informe Tendencias mundiales del empleo juvenil 2026: Regreso al futuro, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 6,1% de los puestos ocupados por personas de entre 15 y 29 años está altamente expuesto a la IA, mientras ocupaciones que tradicionalmente han funcionado como una puerta de entrada para los jóvenes están perdiendo peso en las contrataciones.
La estimación equivale a 55,8 millones de trabajadores jóvenes expuestos a una transformación tecnológica que presenta diferencias importantes entre regiones. En los países de Europa del Norte, del Sur y Occidental, la proporción alcanza el 14,9%, mientras que en Norteamérica llega al 14,3%. El fenómeno se concentra así con mayor fuerza en economías de ingresos altos y en mercados laborales donde la adopción tecnológica tiene una mayor presencia.
El impacto potencial adquiere otra dimensión bajo los escenarios planteados por la OIT. Si la IA provocara la desaparición del 10% de los empleos considerados expuestos a esta transformación, alrededor de 5,6 millones de jóvenes perderían sus puestos de trabajo y tendrían que buscar oportunidades en otros sectores, especialmente en los países de ingresos altos. El organismo advierte, sin embargo, que el efecto directo de la tecnología sobre el empleo todavía mantiene un grado importante de incertidumbre.
Puertas de entrada
Uno de los puntos centrales del análisis es el progresivo “vaciado” de las ocupaciones de cualificación intermedia, entre ellas las tareas administrativas. Se trata de puestos particularmente susceptibles de ser sustituidos mediante inteligencia artificial y que, al mismo tiempo, han cumplido históricamente un papel relevante como primera experiencia laboral para las nuevas generaciones. La reducción de estas posiciones en las contrataciones puede modificar las rutas tradicionales mediante las cuales los jóvenes comienzan sus trayectorias profesionales.
La advertencia ocurre en un contexto en que el empleo juvenil ya muestra señales de deterioro. Después de alcanzar hace dos años su nivel más bajo en dos décadas, la tasa global de desempleo juvenil aumentó una décima durante 2025 y llegó al 12,4%. La cifra representa aproximadamente 67 millones de personas de entre 15 y 24 años desempleadas en todo el mundo.
Al mismo tiempo, la proporción global de jóvenes que no estudian ni trabajan aumentó tres décimas respecto de 2023 y llegó al 20%, lo que representa a más de 257 millones de personas. La evolución contrasta con lo ocurrido entre los trabajadores mayores de 24 años, cuyo desempleo disminuyó del 3,7% al 3,6% durante el mismo periodo.
El deterioro también presenta diferencias territoriales. La tasa de desempleo juvenil aumentó en ocho de las once subregiones analizadas, con los mayores incrementos en el norte de África, Norteamérica y los países de Europa del Norte, del Sur y Occidental. Los países árabes registraron la tasa más alta, con un 26,2%, seguidos por el norte de África, con un 22,6%.
Calidad laboral
Las cifras de desempleo, sin embargo, no explican por sí solas la situación de los trabajadores jóvenes. África subsahariana presenta una tasa comparativamente menor, de 8,4%, pero este resultado está relacionado en gran medida con la imposibilidad de muchos jóvenes de permanecer sin trabajar. En los países de ingresos bajos y medianos bajos, nueve de cada diez jóvenes se desempeñan en empleos informales, condición que restringe su acceso a salarios estables y protección social.
A estas diferencias se suma una marcada brecha de género. La proporción de mujeres jóvenes que no estudian ni trabajan alcanza el 27,4%, más del doble del 13,1% registrado entre los hombres. Durante 2025, además, este indicador aumentó 0,5 puntos porcentuales entre las mujeres y 0,2 puntos entre los hombres. Entre las barreras identificadas aparecen las responsabilidades de cuidados no remunerados en los hogares, la discriminación laboral y las dificultades para acceder a empleos de calidad.
Frente al avance tecnológico, la OIT plantea que los riesgos para las nuevas generaciones no deben ser minimizados. Sukti Dasgupta, directora del Departamento de Empleo, Competencias y Empresas Sostenibles de la OIT, sostiene que “aunque el impacto directo sobre el empleo sigue siendo incierto, no debemos caer en la complacencia ni subestimar los riesgos”. Y agrega: “El progreso tecnológico, incluida la IA, debe beneficiar a los jóvenes, no perjudicarlos”.
La transformación de los puestos de cualificación intermedia plantea así un desafío adicional para el empleo juvenil: no solo está en juego el número de oportunidades disponibles, sino también la existencia de posiciones capaces de funcionar como primer escalón de una trayectoria laboral. En un contexto de mayor exposición a la inteligencia artificial y aumento del desempleo entre los jóvenes, la evolución de estas ocupaciones será una de las dimensiones relevantes de la transformación del trabajo.
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