Por Patricio Palacios. Socio director de TCS Group, psicólogo, filósofo y coach. Docente del Magister de Salud Pública en la Universidad Mayor.
Bienvenidos, estimados lectores, al fascinante y a menudo hilarante mundo del “EGO-Management”. Hace 4 años que vengo escribiendo en este tono sarcástico sobre un tema que no piensa en retirarse del mundo laboral, el ego.
Olvídense de las aburridas teorías sobre liderazgo transformacional o la inteligencia emocional; hoy nos sumergiremos en la cruda, egoísta y, admitámoslo, a veces sorprendentemente efectiva (a corto plazo) realidad de cómo el ego, esa pequeña voz que nos susurra “eres el mejor, y todos los demás son meros peones”, se convierte en la piedra angular de un nuevo paradigma organizacional: el Egosistema.
En la era de la autoproclamada meritocracia y el “personal branding”, el ego ha dejado de ser un vicio oculto para convertirse en una competencia clave. Ya no se trata de gestionar equipos, sino de gestionar tu ego y, por extensión, el de aquellos lo suficientemente ingenuos como para gravitar en tu órbita. El EGO-Management es el arte supremo de convertir tu narcisismo en una fuerza motriz, una especie de energía oscura que impulsa proyectos, decisiones y, sobre todo, tu propia imagen.
Todo gran Egosistema comienza con un (a) líder. No cualquier líder, por supuesto, sino uno con un ego tan robusto que podría tener su propio código postal. Este individuo, imbuido de una fe inquebrantable en su propia infalibilidad, se erige como el sol alrededor del cual giran todos los planetas. La visión estratégica no es un consenso, es una epifanía personal. La innovación no surge del brainstorming, sino del ego-storming del líder, donde cualquier idea que no sea la suya es, por definición, inferior.
Aquí es donde entra en juego la “Teoría de la Resonancia Narcisista”. Según esta pseudoteoría (que bien podría ser real en muchos despachos), el líder ego-gestionado busca y valora a aquellos que reflejan su propia grandeza. Los “sí-señores” no son un defecto, son un activo estratégico. La disidencia no es un debate saludable, es una afrenta personal. Como diría el Dr. Von Ego (si existiera), “un equipo cohesionado es aquel que celebra tus triunfos y te aplaude incluso cuando te equivocas”. La retroalimentación constructiva se convierte en “crítica destructiva” y se archiva en la papelera de reciclaje mental del líder.
Un Egosistema, por su propia naturaleza, es un monocultivo. La diversidad de pensamiento se marchita, la creatividad se asfixia y la colaboración se reduce a una serie de rituales vacíos diseñados para validar la superioridad del líder. Los empleados, o “satélites ego-dependientes” como los llamamos en el argot, aprenden rápidamente que la supervivencia depende de la adulación y la invisibilidad. ¿Proponer una idea audaz? ¡Ni se te ocurra! Podría eclipsar la genialidad del líder. ¿Señalar un error? ¡Herejía! El ego es frágil, y un pinchazo puede desatar una tormenta de proporciones bíblicas.
El humor negro es el único vestigio de libertad en un Egosistema, generalmente practicado en la máquina de café y siempre a espaldas de quien lidera. La innovación se estanca, ya que el miedo a equivocarse o a no alinearse con la “visión única” del líder paraliza cualquier iniciativa. El resultado es un ecosistema que, aunque pueda parecer brillante desde fuera (gracias a la incesante autopromoción del líder), es internamente hueco y propenso al colapso ante el menor desafío externo.
Paradójicamente, el EGO-Management, que busca el control absoluto, a menudo termina atrapando al propio líder en una prisión dorada. El miedo a delegar, la necesidad de microgestionar y la incapacidad de confiar en los demás se convierten en una carga insostenible. Quien lidera se convierte en el cuello de botella de su propio sistema, un Atlas moderno que carga el peso de un mundo que él mismo ha creado a su imagen y semejanza.
Aquí podemos citar la “Ley de la Inercia Ego-Centrada”: “Cuanto más grande el ego del líder, mayor la resistencia al cambio y más lenta la adaptación del Egosistema”. En un mundo que exige agilidad y adaptabilidad, el Egosistema es un dinosaurio con un sombrero de copa, incapaz de girar lo suficientemente rápido para evitar el meteorito.
El EGO-Management es una estrategia de liderazgo que prioriza la auto-glorificación sobre el crecimiento colectivo. Crea Egosistemas que, si bien pueden satisfacer temporalmente la necesidad de validación del líder, son inherentemente insostenibles, tóxicos y, a la larga, ineficaces. Quizás sea hora de abandonar el “EGO-Management” y abrazar el “EGO-Exorcismo”. Despojarse de la necesidad de ser el centro del universo, escuchar genuinamente, empoderar a otros y aceptar que la verdadera fortaleza reside en la vulnerabilidad y la colaboración. O, al menos, fingir que lo hacemos, porque al final del día, ¿quién no disfruta de un buen aplauso, aunque sea por haber escrito un ensayo ácido sobre el ego?
Los dejo porque debo ir a salvar a mi equipo que, mientras escribía yo esta columna deben haber, indudablemente, cometido muchos errores. Pero calma, afortunadamente estoy yo.
Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management