Educación superior y empleo: más del 30% de los titulados trabaja bajo su nivel de calificación

La proporción de trabajadores con educación superior completa casi se duplicó en 15 años, pero la creación de empleos acordes con esas calificaciones no avanzó al mismo ritmo. El subempleo, las brechas salariales y las dificultades para alcanzar independencia económica exponen una tensión creciente entre formación y mercado laboral en Chile.

La expansión de la educación superior en Chile enfrenta una creciente brecha con las oportunidades disponibles en el mercado laboral. Durante el primer trimestre de 2026, el 41,5% de la fuerza de trabajo tenía estudios superiores completos, casi el doble del 21,1% registrado en igual período de 2010, mientras el desempleo de este grupo alcanzó su mayor nivel de la serie, excluyendo la pandemia, de acuerdo con información publicada por El País. El escenario muestra cómo una mayor formación académica no necesariamente se traduce en empleos acordes con las calificaciones ni en ingresos suficientes para sostener una vida independiente.

El fenómeno también aparece entre quienes sí logran incorporarse al mercado laboral. Un estudio publicado en abril de 2026 por el Centro de Estudios Públicos (CEP), elaborado por César Gamarra, Sandra Quijada, Sarita Undurraga y Emilia Vicuña con datos de Casen entre 2006 y 2024, determinó que más del 30% de las personas con educación superior completa trabajaba en ocupaciones que requerían un nivel educativo inferior.

El costo de ese desajuste también se refleja en las remuneraciones. Para 2024, los técnicos superiores que estaban subempleados por calificación recibían por hora cerca de un 19% menos que trabajadores comparables cuyos puestos sí exigían ese nivel educacional. Entre las personas con formación universitaria, la diferencia alcanzaba el 49%.

Brecha creciente

El aumento de trabajadores con estudios superiores ha sido significativo. En enero-marzo de 2010, el 21,1% de la fuerza laboral chilena tenía educación superior completa. En el mismo trimestre de 2026, la cifra había llegado al 41,5%, según datos del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales recogidos en la publicación.

Sin embargo, el crecimiento del número de titulados no ha sido acompañado en igual proporción por puestos que requieran esas competencias. Sandra Quijada, coordinadora del área de opinión pública del CEP y magíster en economía de la Universidad de Chile, sintetiza esta tensión: “Los mercados laborales no se ajustan al ritmo de las decisiones de educación”. La especialista plantea que mientras aumentó la cantidad de titulados, el mercado no generó al mismo ritmo trabajos que demandaran esas calificaciones.

El problema tampoco se distribuye de manera uniforme. Quijada señala que mientras algunas áreas presentan una sobreoferta de profesionales, existen otras necesidades que no están siendo cubiertas. También pone atención en la forma en que la información sobre empleabilidad e ingresos llega a quienes deben elegir una carrera, ya que esos antecedentes existen, pero no siempre son utilizados adecuadamente por los futuros estudiantes.

Primer empleo

Uno de los puntos de mayor impacto para las trayectorias profesionales es el momento de entrada al mercado laboral. El estudio del CEP buscó determinar si comenzar en un puesto que exige una calificación inferior puede funcionar como un paso transitorio hacia mejores oportunidades o convertirse en una situación que se prolonga en el tiempo.

César Gamarra, uno de los autores del estudio, destaca el efecto que puede tener esa primera experiencia: “El primer empleo es tan importante que muchas veces define tu trayectoria laboral”. El planteamiento pone el foco no solo en conseguir trabajo, sino también en la calidad y pertinencia del empleo al que acceden técnicos y profesionales al comienzo de sus carreras.

La experiencia de Melissa Miranda, geógrafa titulada en 2023 de la Universidad Católica, refleja esas dificultades. Pese a haber participado durante sus estudios en proyectos vinculados con distintos ministerios y esperar que su título ampliara sus oportunidades laborales, desde su egreso ha encontrado principalmente reemplazos y trabajos esporádicos. Actualmente vive junto a su pareja en la casa de su madre, en Quinta Normal.

Una trayectoria distinta, pero marcada por una tensión similar, es la de Lorena Olivares. Con un título técnico en comunicación y relaciones públicas, estudios de periodismo y dos diplomados, llegó a contar con empleos vinculados con su formación e ingresos estables. Después de perder ese trabajo, comenzó a postular tanto a cargos profesionales como a ocupaciones que no requerían su formación, enfrentándose a distintas barreras de experiencia laboral.

Autonomía postergada

Las dificultades laborales también repercuten en la posibilidad de alcanzar independencia económica. En 2025, el 53% de las personas entre 25 y 29 años vivía con su madre y/o padre. Las mediciones citadas no establecen las razones específicas de esa permanencia, pero las entrevistas recogidas distinguen entre quienes deciden seguir en el hogar familiar para estudiar, ahorrar o destinar recursos a otros objetivos y quienes simplemente no cuentan con ingresos suficientes para independizarse.

Melissa Miranda calcula que requiere alrededor de $800.000 mensuales para cubrir arriendo, transporte, alimentación y cuentas básicas fuera de la casa de su madre. Los trabajos a los que ha podido acceder ofrecen entre $550.000 y $650.000. Su experiencia muestra cómo la discusión sobre empleabilidad de titulados no termina en la obtención de un puesto, sino que también alcanza la capacidad de ese trabajo para sostener un proyecto de vida autónomo.

El escenario plantea así un desafío que cruza educación superior, mercado laboral y desarrollo de carrera: Chile cuenta hoy con una proporción considerablemente mayor de trabajadores titulados que hace 15 años, pero una parte relevante enfrenta desempleo, subempleo por calificación o puestos cuyos ingresos resultan insuficientes para alcanzar la autonomía económica. El ajuste entre las competencias disponibles y los empleos que efectivamente genera el mercado aparece como una de las principales tensiones detrás de estas trayectorias.

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