[Editorial RHM 104]: Cansancio y un nuevo orden

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Patricio Rifo, Director Ejecutivo RH Management.


El agotamiento, cansancio y estrés también lo encontramos en estos territorios donde al parecer la felicidad está al alcance de la mano, y del bolsillo.

En esta edición quisimos poner sobre la mesa está reflexión. Buscamos tomarla en serio y plantear más preguntas que respuestas. Nos inspiramos en el filósofo que develó este debate en el mundo: Byung-Chul Han. Interpelamos a Rafael Echeverria y Alessia Contu para que nos dieran sus miradas. ¿Con qué nos quedamos?

El cansancio está instalado en nuestra cotidaneidad. Lo vemos en nuestros hijos menores, sin tiempo para jugar por las tareas y por la pulsión de los padres de ser los primeros. Los más grandes, los “universitarios”, sin dormir, estudiando para pruebas donde la nota máxima es un cuatro porque dicen que los siete son para los dioses. A la mayoría de los abuelos no les alcanza para vivir. Muchos siguen trabajando a pesar de tener más de 75 años. No hay pausa ni descanso para ellos. Para nadie en estricto rigor.

¿Y los padres del siglo XXI? En las familias donde los dos pueden trabajar no hay tiempo en la semana para compartir con sus hijos. No hay oídos, ni ganas para tener una escucha activa o una simple conversación. Estos espacios son ocupados por otros: amigos, la nana, las redes sociales, un playstation. En la mayoría de esas casas la mujer sigue trabajando después de estar en su trabajo remunerado, donde además recibe menos que un hombre al mismo nivel. No alcanzan las energías, el tiempo ni el dinero. Estamos conformando una sociedad de alienados, de cansados, de gente malhumorada, y con mucha rabia guardada.

El agotamiento no sólo está en el devenir de los que tienen menos, también está en quienes lo obtienen casi todo con dinero. ¡Nueva paradoja! El poder del dinero no termina con el cansancio, lo nutre. El dinero siempre quiere más, y más, y más… Es un sinfín. Nada es suficiente. En esta dialéctica a la larga todos terminamos siendo pobres con muchas cosas. Esta riqueza sólo engendra pobreza indigna. No hay alma, no hay espíritu. Se pierde la humanidad. El sufrimiento no se evita con palacios ni fachadas de oropel.

Estos individuos también son trabajadores. Por lo tanto, su agotamiento y malestar no sólo tienen que ver con las condiciones laborales que ofrece una organización. Hay elementos objetivos y subjetivos en el entorno que impactan en nuestro cuerpo y en el inconsciente. Están ahí, silenciosos, soterrados. La cultura del consumo, exitismo e individualismo construye, necesita, sujetos cansados, absortos en una libertad que sólo elige estar más solos. De ahí la necesidad de juntarnos para volver a creer en lo colectivo. De esta forma, por ejemplo, nuestras futuras vacaciones sean eso, y no una deuda más.

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