Diversidad: es el momento de la empresa

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Por Emilio Maldonado, periodista y director de la red de empresas Pride Connection Chile.

 

Una sociedad diversa es más innovadora, tiene mayor sentido de reflexión y propicia una mayor riqueza cultural. Pero, aunque aspiramos al ideal de inclusión, no lo adoptamos en nuestras rutinas.

Aspiramos a una sociedad diversa e inclusiva, en la cual todos sean bienvenidos y donde nadie quede afuera. Al menos esa ha sido la consigna en los últimos años a través de las distintas demandas sociales también plasmadas en instancias como la Convención Constitucional o las múltiples elecciones llevadas a cabo en los últimos meses. Chile debe ser para todos ha sido el mensaje transmitido.

Y como todo cambio cultural que requiere tiempo para ser asimilado, lo acontecido en Chile en poco tiempo no ha sido de fácil digestión para algunos. Eso al menos quedó reflejado en el reciente estudio “¿De qué hablamos cuando hablamos de diversidad?” realizado por Metlife, la red Pride Connection y la empresa de estudios Criteria.

Chile ya es diverso. No lo digo yo, sino el 88% de los encuestados que aseguran que nuestro país es más diverso que hace dos décadas. Apenas un 10% cree que no ha habido cambios y solo un 2% tiene el convencimiento de que somos menos diversos que antes. Apabullante percepción de una sociedad, que con los distintos avances sociales, migratorios y políticos, se reconoce a sí misma como un crisol de realidades.

¿Es bueno este nuevo Chile? Otra vez, a juicio de los encuestados, lo es. Un 41% cree que una sociedad con mayor variedad de colores, opiniones y con espacio para todos, es algo positivo, frente a un 8% que le da una connotación negativa a este cambio cultural. El resto, se divide en una opinión neutral ante la diversidad.

Las razones para que un número de importante de chilenos, de todos los estratos socioeconómicos, se inclinen hacia una postura favorable hacia la diversidad la explican ellos mismos en los análisis cualitativos del estudio: una sociedad diversa es más innovadora, tiene mayor sentido de reflexión y propicia una mayor riqueza cultural. Junto con ello, se convierte en un entorno con menor discriminación, lo cual favorece a todos quienes coexisten en ella.

No obstante la positiva valoración, el estudio desnuda algo atávico de nuestra cultura: seguimos siendo un país donde se privilegia el relacionamiento entre iguales y con una alta prevalencia de actos discriminatorios hacia lo distinto. Según “¿De qué hablamos cuando hablamos de diversidad?”, 72% de los encuestados cree que en Chile preferimos relacionarnos entre iguales y un 76% asegura que discriminamos a personas diferentes a uno. Por lo anterior, 7 de cada 10 encuestados expresa que es difícil “actuar como uno realmente es” por las críticas que se reciben al hacerlo. En pocas palabras, aspiramos al ideal de inclusión, pero no lo adoptamos en nuestras rutinas.

Rol de la empresa privada

 

La responsabilidad en la construcción de una sociedad diversa e inclusiva, en su total significado, no está relegada sólo al sistema político o a quienes redacten una nueva Carta Magna. El estudio revela que la ciudadanía entrega esa responsabilidad a todos quienes componen la sociedad.

Al preguntarles cuáles son las instituciones menos diversas, los partidos políticos, la religión Católica, el sistema escolar y las Fuerzas Armadas aparecen como aquellos nichos donde se privilegia lo homogéneo y se inhibe a lo distinto. Por otro lado, las universidades, las redes sociales, la Convención Constituyente y las empresas privadas puntean entre las instituciones vistas por los chilenos como reservorios de diversidad.

Llama la atención el cambio perceptual respecto a las empresas privadas, vistas hace poco tiempo como lugares en los cuales lo distinto era una anomalía, donde se privilegiaba lo estándar y alineado con la visión del dueño o controlador.

Según el estudio de Metlife, Pride Connection y Criteria, los encuestados esperan que las empresas “promuevan e incluyan diversidad” –como aparece citado en la radiografía– entre su fuerza laboral. También, aspiran a que sea el Estado quien regule una mayor forma de inclusión por parte de las empresas hacia aquellos segmentos discriminados o relegados del mercado formal del trabajo.

Y es que el trabajo no solo es un motor de desarrollo profesional, sino también uno de los principales detonantes de felicidad y desarrollo personal. Se entiende, entonces, que cada vez sea mayor la demanda por incorporar a todo tipo de talento y eliminar las barreras –o techos de cristal– para el pleno desarrollo de cualquier individuo, independiente de su sexo o color de piel.

Y eso lo han entendido ya varias organizaciones, las cuales han desarrollado políticas corporativas para potenciar sus espacios ya diversos, fomentar la interacción y desarrollo pleno, y explotar –en su significado positivo– el potencial de cada trabajador. Porque ya lo dicen los propios interrogados por el estudio: a mayor diversidad, mayor innovación y riqueza para las sociedades.

¿Cómo conseguir la tan anhelada diversidad en la empresa? La misma encuesta sugiere, de boca de los consultados, algunas prácticas a tomar en cuenta por los lugares de trabajo: tener políticas corporativas que fomenten la responsabilidad de ambos padres (90% a favor), incluir a mujeres en puestos de gerencia (83% de apoyo), establecer cupos para personas con discapacidad (81%), establecer paridad entre hombres y mujeres (74%), asegurar que personas Lgbti tengan espacios donde se sientan cómodos (67%), y tener cuotas para identidades o minorías sexuales (44%) son algunas de las medidas que podría adoptar un espacio de trabajo.

Al largo plazo, todos los talentos debieran ser vistos como iguales. Pero para que ello ocurra, en el proceso será necesario activar mecanismos que garanticen la inclusión, como cuotas, políticas de atracción activa de talento diverso, visibilidad de ciertos grupos y programas de educación y formación, entre algunas de las medidas posibles. Precisamente es ello lo que realizan aquellas empresas que lideran la creación de ambientes inclusivos –muchas de ellas integran la red Pride Connection– y que son premiadas como espacios de atracción de talento diverso. Ellas han entendido, antes que muchas y principalmente antes que sus pares en el sector público, que la diversidad no es un tema del futuro. Tal como arroja “¿De qué hablamos cuando hablamos de diversidad?”, la diversidad ya está aquí y es demanda ciudadana el hacernos cargo de ella.

Emilio Maldonado es periodista. Fue director ejecutivo de Fundación Iguales y es fundador y director de la red de empresas Pride Connection Chile, la cual ya suma más de 100 firmas y se ha transformado en un referente para la generación de espacios laborales libres de homo y transfobia en Chile.

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