La discriminación por edad persiste como una barrera estructural en el mercado laboral chileno. Así lo evidenció un estudio realizado por Laborum.com, difundido por el medio Emol en el marco del Mes de las Personas Mayores, donde se indica que el 73 % de las personas trabajadoras ha sufrido o presenciado discriminación etaria durante procesos de búsqueda de empleo. Esta cifra representa un aumento significativo respecto al año anterior, cuando el porcentaje alcanzaba el 62 %.
La investigación, que se basó en una encuesta a 1.800 personas en octubre de 2025, muestra una percepción generalizada sobre el impacto de la edad en las oportunidades laborales. El 89 % de los encuestados declaró que la edad influye al momento de buscar trabajo, y un 90 % sostuvo que las empresas efectivamente consideran este factor en sus procesos de selección.
Estos resultados ponen en evidencia una brecha crítica en las estrategias de gestión de personas en Chile. A pesar de los avances en materia de diversidad e inclusión, la variable etaria sigue siendo excluida de muchas políticas organizacionales. De hecho, el 63 % de las personas encuestadas aseguró que su empresa no cuenta con ninguna política que promueva la inclusión por edad.
En palabras del estudio, la discriminación etaria afecta principalmente a las personas mayores de 50 años, quienes enfrentan mayores dificultades para reincorporarse o mantenerse en el mercado laboral. Esta situación no solo vulnera principios de equidad, sino que también implica una pérdida de talento y experiencia para las organizaciones.
Uno de los datos más reveladores es que, para el 55 % de los encuestados, la edad ideal para postular a un empleo se sitúa entre los 30 y los 40 años. Este sesgo etario en la percepción colectiva condiciona tanto a los reclutadores como a los mismos postulantes, limitando la diversidad generacional dentro de los equipos de trabajo.
Además, el 62 % de los participantes afirmó que la edad es el principal factor de discriminación laboral, por encima de otros aspectos como género, origen étnico o nivel socioeconómico. Esta percepción refuerza la necesidad de repensar la gestión de personas desde una mirada inclusiva que valore el ciclo completo de vida laboral.
La falta de políticas activas en inclusión etaria no solo afecta la empleabilidad de las personas mayores, sino que también evidencia una oportunidad desaprovechada por parte de las empresas para construir culturas organizacionales más integradoras. La diversidad generacional puede convertirse en un activo estratégico, aportando perspectivas distintas, experiencia acumulada y estabilidad a los equipos de trabajo.
Desde la gestión de personas, el desafío es claro: avanzar hacia modelos que reconozcan el valor del talento en todas sus etapas, integrando la variable edad en las prácticas de reclutamiento, capacitación y desarrollo profesional. Para ello, es clave implementar políticas internas que promuevan el trabajo intergeneracional, la formación continua sin límite de edad y el diseño de puestos adaptables a distintas capacidades y trayectorias.
También resulta urgente sensibilizar a las áreas de recursos humanos sobre los sesgos inconscientes que operan en los procesos de selección. Incorporar criterios objetivos de evaluación, ampliar el rango etario en las convocatorias y visibilizar casos de éxito de trabajadores mayores son acciones concretas que pueden generar cambios significativos.
Por último, el estudio también señala que un 85 % de las personas estaría dispuesta a trabajar con alguien de mayor edad, lo que refleja una apertura desde la base laboral. Esta disposición puede ser un punto de partida para que las organizaciones transformen sus prácticas y promuevan una cultura donde todas las edades sean valoradas por su aporte y no limitadas por prejuicios.
La inclusión etaria ya no puede seguir siendo una deuda en las políticas de recursos humanos. Incorporarla como eje estratégico en la gestión de personas es clave para fortalecer el bienestar organizacional, la productividad y la sostenibilidad del empleo en una sociedad cada vez más longeva.