China comenzó el 15 de julio de 2026 a aplicar una regulación nacional dirigida a los sistemas de inteligencia artificial que mantienen relaciones emocionales continuadas con sus usuarios, con el objetivo de evitar manipulación psicológica, dependencia y sustitución de la interacción social, en un escenario donde estas tecnologías han ganado espacio entre jóvenes y usuarios que buscan compañía digital, según informó El País.
La normativa establece que las empresas deben dejar claro a las personas que están interactuando con una IA y no con un ser humano. También exige advertencias cuando los sistemas detecten niveles elevados de dependencia, recordatorios sobre el tiempo de uso y protocolos especiales cuando aparezcan señales relacionadas con autolesiones o riesgo de suicidio.
En el caso de los menores, las restricciones son mayores. La regulación prohíbe los servicios antropomórficos que puedan conducir al desarrollo de relaciones íntimas virtuales, una medida que busca contener un fenómeno que ya está generando cambios en la forma en que algunas personas se relacionan con los sistemas digitales.
Vínculos digitales
Una encuesta realizada a fines de 2025 mostró la profundidad que puede alcanzar esta relación con la inteligencia artificial. El 19,6% de los consultados consideraba a la IA como un amigo corriente, mientras que el 12,6% la identificaba como un amigo íntimo y un 6,1% la entendía como una pareja virtual.
Los resultados también reflejaron una brecha entre el uso de estas herramientas y la búsqueda de apoyo profesional. Solo el 9,6% de los participantes recurría a servicios profesionales de atención psicológica cuando enfrentaba dificultades emocionales, una diferencia que ayuda a explicar la preocupación regulatoria por el lugar que estas tecnologías pueden ocupar en la vida cotidiana.
El impacto de las nuevas reglas ya se ha hecho visible en la industria tecnológica. Doubao, de ByteDance; Qwen, de Alibaba; y Yuanbao, de Tencent desactivaron funciones que permitían a los usuarios crear agentes personalizados. Otras plataformas orientadas al acompañamiento emocional han mantenido sus operaciones con restricciones adicionales y mayores controles de edad, mientras que Miaoshi dejó de funcionar.
Más allá de las aplicaciones diseñadas específicamente para ofrecer compañía, uno de los puntos centrales del debate es que el apego hacia una IA también puede surgir mediante asistentes generalistas. Esto amplía el alcance del fenómeno y lo acerca a contextos donde la tecnología se utiliza principalmente para resolver tareas, aprender o trabajar.
Trabajo y apego
La investigadora en comportamiento organizacional Yaoxi Shi plantea que estos sistemas pueden favorecer la creación de vínculos porque tienden a validar a sus usuarios, los cuestionan poco y estimulan la entrega progresiva de información personal. Esa dinámica puede transformar una interacción inicialmente instrumental en una relación con componentes emocionales.
La observación adquiere especial relevancia para la gestión de personas a medida que la inteligencia artificial se integra en actividades laborales y educativas. La fuente señala que la dependencia emocional no necesariamente se limita a plataformas concebidas como compañeros virtuales, sino que también podría desarrollarse durante el uso habitual de asistentes de propósito general.
Esa posibilidad amplía las interrogantes asociadas a la adopción de IA en las organizaciones. El vínculo con estas herramientas puede comenzar como una búsqueda de eficiencia o apoyo cotidiano y evolucionar hacia formas de interacción en las que el usuario encuentra validación, escucha o compañía.
El desafío todavía está marcado por la incertidumbre. Si bien las interacciones con sistemas de inteligencia artificial pueden producir satisfacción inmediata, particularmente entre personas que experimentan aislamiento social, aún no existe claridad sobre cuáles pueden ser las consecuencias de largo plazo para las relaciones humanas.
Nuevos límites
La regulación china plantea así una discusión que trasciende el diseño tecnológico. El problema no se limita a determinar qué puede hacer una inteligencia artificial, sino también a establecer hasta dónde debería llegar la relación que una plataforma puede construir con las personas y qué responsabilidades corresponden a las empresas cuando sus productos comienzan a generar dependencia.
Para la gestión de personas, el fenómeno incorpora una dimensión adicional al debate sobre inteligencia artificial en el trabajo. A las preguntas sobre productividad, automatización y transformación tecnológica se suma ahora la posibilidad de que las herramientas digitales ocupen espacios vinculados con la interacción social y emocional.
La experiencia descrita en China muestra que la expansión de la IA también está obligando a revisar los límites entre asistencia digital y vínculo humano. Mientras estas tecnologías continúan incorporándose a distintas actividades, la discusión sobre dependencia emocional, diseño responsable y protección de los usuarios comienza a instalarse como otra de las fronteras de la transformación tecnológica.
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