Del ajuste a la transformación

En esta columna, Aldo Siri Frites, psicólogo, gerente de personas, profesor y consultor de empresas, plantea que la psicología del trabajo debiera dejar de enfocarse en adaptar personas a entornos dañinos y pasar a rediseñar organizaciones saludables por principio. Su reflexión propone integrar evidencia, neurociencia, tecnología y ética para construir sistemas productivos que no destruyan a quienes trabajan en ellos.

Por Aldo Siri Frites. Psicólogo, Lic. en Psicología, Mg. en Innovación. Gerente de personas, profesor MBA Industria Minera UCH, Mg. Personas y Organización UAH, Consultor de Empresas, especializado en Industria Minera, Habilidades Directivas, Desarrollo Humano y Negociación.

Cómo la psicología del trabajo puede liderar la creación de organizaciones sanas, productivas y tecnológicamente humanizadas, rediseñado sistemas para ser saludables y no adaptar individuos a condiciones inaceptables. Podemos integrar evidencia (autonomía, IA), neurociencia (seguridad psicológica) y ética contra vigilancia tecnológica. El objetivo es crear organizaciones productivas y saludables, usando indicadores integrales y líderes éticos.

Si la psicología del trabajo quiere recuperar su vocación ética y científica, debe dejar de ser la disciplina que optimiza la adaptación individual al mal diseño organizacional y convertirse en la que rediseña los sistemas para que sean saludables por principio. No se trata de romantizar el trabajo ni de negar sus tensiones inherentes; se trata de asumir, con evidencia en la mano, que productividad y bienestar no son fuerzas opuestas, sino variables interdependientes.

La tradición psicoanalítica ya advertía que el trabajo podía ser fuente de sublimación y sentido. Para Sigmund Freud, el trabajo era uno de los pilares que anclan al individuo en la realidad compartida. Pero ese anclaje sólo es saludable cuando permite despliegue de capacidades y reconocimiento simbólico. Cuando se convierte en pura coerción, el malestar deja de ser estructurante y pasa a ser destructivo.

Más radical aún fue Erich Fromm, quien distinguió entre el trabajo que potencia el “ser” y aquel que reduce al sujeto a mercancía. En esa línea, la psicología organizacional contemporánea debería preguntarse no sólo cómo aumentar el engagement, sino qué tipo de experiencia humana está promoviendo.

  1. Rediseñar el trabajo desde la evidencia

Las investigaciones en motivación autodeterminada (Deci y Ryan) muestran que autonomía, competencia y pertenencia son necesidades psicológicas básicas. Integrar estos principios implica rediseñar roles con mayor margen de decisión, feedback formativo y culturas colaborativas reales, no retóricas.

La psicología organizacional puede utilizar analítica de datos e inteligencia artificial para mapear cargas de trabajo, detectar patrones de sobreexigencia y anticipar riesgos psicosociales antes de que se traduzcan en burnout. La IA no sólo puede medir productividad; puede modelar climas laborales, rotación y bienestar, permitiendo intervenciones preventivas.

  1. Neurociencia aplicada al bienestar laboral

Eric Kandel demostró cómo la experiencia modifica la estructura cerebral. La neuroplasticidad confirma que entornos de estrés crónico alteran circuitos vinculados a memoria, atención y regulación emocional. A la inversa, contextos de apoyo y reconocimiento fortalecen redes asociadas a motivación intrínseca y aprendizaje.

La neurociencia social (Lieberman, Davidson) respalda la importancia del reconocimiento y la seguridad psicológica. Crear ambientes donde el error sea oportunidad de aprendizaje y no amenaza identitaria reduce la activación crónica de la amígdala y mejora el desempeño cognitivo. La productividad sostenible es, literalmente, neurobiológicamente más eficiente.

  1. Tecnología para humanizar, no para vigilar

Michel Foucault advirtió sobre los dispositivos de vigilancia que producen sujetos disciplinados. La digitalización actual corre ese riesgo: métricas en tiempo real, trazabilidad total, monitoreo permanente. La psicología del trabajo puede actuar como contrapeso ético, estableciendo criterios claros sobre privacidad, límites y uso saludable de datos.

La automatización y la IA deberían orientarse a eliminar tareas repetitivas, liberar tiempo creativo y reducir jornadas, no a intensificar ritmos. Modelos híbridos bien diseñados —con reglas claras de desconexión digital— pueden aumentar la satisfacción y mejorar resultados.

  1. Indicadores integrales de éxito

La disciplina debe ampliar los KPI tradicionales. No basta con EBITDA y productividad por hora. Es necesario integrar métricas de bienestar, aprendizaje continuo, clima emocional, equidad y desarrollo de capacidades. Experiencias como las organizaciones certificadas como “B Corp” o los modelos de “empresa saludable” muestran que sostenibilidad económica y social pueden coexistir.

  1. Formación de líderes neurocompetentes y éticos

El liderazgo sigue siendo una variable crítica. La psicología organizacional puede formar líderes en regulación emocional, comunicación empática y toma de decisiones basada en evidencias. Programas apoyados en simulaciones digitales y realidad virtual permiten entrenar habilidades complejas con bajo costo y alto impacto.

Conclusiones

El desafío no es menor. Implica desplazar la pregunta desde “¿cómo hacemos que las personas resistan más?” hacia “¿cómo diseñamos sistemas donde no sea necesario resistir?”. La evidencia científica ya no permite sostener que el desgaste extremo es el precio inevitable del rendimiento.

Si la psicología del trabajo moderna integra humanismo, neurociencia y tecnología con criterio ético, puede liderar una nueva generación de organizaciones: productivas porque son saludables; innovadoras porque respetan la dignidad; competitivas porque gestionan con sentido, sostenibilidad y humanismo.

En un mundo donde la inteligencia artificial avanza con rapidez, el verdadero diferencial no será quién produce más, sino quién produce mejor sin destruir a quienes producen. Y allí, la psicología tiene la palabra.

Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management

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