De qué hablamos cuando hablamos de desarrollo

El académico plantea un debate sobre el tipo de economía sustentable que requiere nuestro país, cuál va más allá del crecimiento económico. 

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Por: Humberto Borges, director del Diplomado en Gestión Tributaria y académico FEN de la Universidad Alberto Hurtado.

En estas últimas semanas me han sorprendido discusiones referidas a la disminución de la pobreza, la cual fue medida solamente considerando el ingreso de los ciudadanos en los últimos años. Por una parte, coincido con la visión explicada por un grupo de académicos, que ha indicado que se trata de un error, ya que muchos de esos ingresos se deben a un préstamo de los ahorros de los mismos ciudadanos que se encontraban en las AFP y, adicionan, que el resto es de los ahorros de la nación que fueron gastados durante la pandemia, ingresos que finalmente no pueden ser constantes, ya que los ahorros se están acabando (o difícilmente se podrán recuperar).

Por otra parte, el desarrollo, que es lo que Chile necesita. Un profesor nos explicaba en la universidad que existe una diferencia entre crecimiento económico (crecimiento de recursos o de ingresos) y desarrollo. El crecimiento puede ser observado como un momento puntual de los países, donde se observa mayor riqueza pero que no necesariamente es constante en el tiempo. Luego de una pausa, indicaba que el desarrollo sería que los choferes de la locomoción colectiva saludaran a sus pasajeros, y que sus autobuses no contaminaran; parte de eso se logró con las transformaciones durante los años 90 y 2000, pero las políticas públicas no continuaron. Su explicación terminaba en cómo debe medirse el desarrollo, con que no sea un crecimiento momentáneo: eso tenía que ver con buenas políticas públicas en el sistema de salud y educación.

Tomando en consideración lo que indica la OCDE sobre desarrollo, podemos entender que existen tres factores para lograr el desarrollo: salud, educación e ingresos. Estos factores deben estar coordinados para lograr un mejor bienestar en la sociedad».

Tomando en consideración lo que indica la OCDE sobre desarrollo, podemos entender que existen tres factores para lograr el desarrollo: salud, educación e ingresos. Estos factores deben estar coordinados para lograr un mejor bienestar en la sociedad. Por tal razón, el crecimiento de solo uno no es sinónimo de desarrollo y menos de disminución de la pobreza. Por ejemplo, contar con una buena salud en un país sin educación y de bajos ingresos, lo único que significa es la posibilidad de sobrevivir, pero nunca desarrollarse. Y, prontamente, por desconocimiento -o no contar con los recursos- puede terminar deteriorándose la salud. Podemos nombrar países de África que cuentan con una población joven y saludable, pero no pueden desarrollarse por falta de infraestructura educacional o ingresos constantes, no logrando mantener finalmente su propia salud.

Por otro lado, una población con acceso a una buena educación podría significar tener una nación muy frustrada, es decir, tienen el conocimiento, pero no hay buenos trabajos para lograr ingresos constantes y la salud inalcanzable termina produciendo frustración y anomia social (cesantes ilustrados).

Por último, el contar con ingresos y no con la educación y salud, solamente lo podemos asociar a un minero del carbón o un trabajador de una planta nuclear (no calificado) o de una planta altamente tóxica: finalmente fallecerá por falta de salud o por cometer una equivocación al no tener el conocimiento adecuado.

El mismo ejemplo lo podemos ver si a una persona sin conocimientos le entregamos un auto de carreras, ya que terminará en un accidente fatal. Pero recordemos los endeudamientos de los chilenos: actualmente se encuentran muy altos y han superado a los previos a la pandemia. Por tal motivo el solo contar con recursos momentáneos no significa el fin de la pobreza. Se debe contar con salud y conocimiento para disfrutarlos.

Es importante explicar que asociar correlaciones directas a un solo factor de los tres nombrados por la OCDE puede producir más de una molestia o burla a las personas más necesitadas del país, ya que ellas deben estar lidiando con problemas de educación y salud reales, los que no se solucionan con un ingreso momentáneo o bono, menos con ocupar sus propios ahorros para pasar un momento difícil. Pensemos en políticas integrales, por favor, y no solamente utilicemos estadísticas para lograr corazones en las redes sociales.

 

Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management.

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