Cultura viva y liderazgo con propósito: la arquitectura humana de Bci

[CONTENIDO PATROCINADO] La cultura organizacional de Bci no es producto de una moda, sino el resultado de décadas de coherencia, liderazgo ejemplar y decisiones estratégicas basadas en datos. Su arquitectura humana no solo ha resistido los cambios del entorno, sino que se ha fortalecido con ellos, consolidando una identidad cultural auténtica y sostenible.

En tiempos de transformación vertiginosa, muchas organizaciones intentan adaptarse aceleradamente a los cambios del entorno. Sin embargo, pocas logran mantener una cultura coherente, auténtica y sostenida en el tiempo. En el caso de Bci, la gestión de personas ha sido tratada como un eje estratégico del negocio, donde la cultura no solo acompaña al cambio: lo anticipa, lo dirige y lo habilita.

Diversos enfoques coinciden en que la cultura organizacional constituye un factor estratégico decisivo para el éxito y la sostenibilidad de una empresa. Desde el management, Edgar H. Schein, profesor emérito del MIT Sloan School of Management, sostiene que la cultura determina cómo la organización se adapta al entorno y se integra internamente; Geert Hofstede, investigador de la Universidad de Maastricht, demuestra que las diferencias culturales influyen en la cohesión y el rendimiento global; y Peter F. Drucker, profesor de la Claremont Graduate University, advierte que “la cultura se come a la estrategia en el desayuno”, subrayando su primacía sobre los planes formales.

Por su parte, Daniel R. Denison, profesor del IMD Business School, evidencia empíricamente que una cultura basada en misión, consistencia, adaptabilidad y compromiso se traduce en mejores resultados financieros. Complementariamente, Christophe Dejours, profesor del Conservatoire National des Arts et Métiers de París, destaca que la organización del trabajo puede generar placer o sufrimiento según el reconocimiento simbólico que otorgue, y Enrique Pichon-Rivière, psiquiatra y psicoanalista argentino, demuestra que los grupos laborales operan atravesados por ansiedades básicas que la cultura debe aprender a elaborar. En conjunto, estos autores avalan que desarrollar conscientemente la cultura organizacional no solo alínea estrategias y comportamientos, sino que favorece la salud psíquica, el sentido compartido y la eficacia colectiva.

En Bci, hablar de cultura es hablar de decisiones sostenidas en el tiempo. El punto de partida está en la coherencia entre lo que se dice y lo que se vive: La escucha activa es uno de sus pilares. Es lo que les permite anticiparse, co-crear con las personas y mantenerse coherentes en un entorno que cambia constantemente.

La cultura organizacional de Bci no ha sido reactiva a las tendencias del momento, sino el resultado de una construcción intencionada. La cultura es algo profundo, que se construye lentamente, ladrillo a ladrillo, sobre la base de creencias, valores y comportamientos compartidos que un grupo entiende como correctos. En Bci han construido una cultura atractiva de forma coherente durante décadas, partiendo de una convicción fundamental que no se negocia: poner a las personas en el centro, siempre.

Ese centro humano se expresa desde múltiples dimensiones; la clave está en generar un entorno donde las personas puedan desarrollarse desde su autenticidad: La equidad es un pilar fundamental que garantiza un ambiente de trabajo diverso, donde cada persona con su diversidad de intereses, necesidades, talentos y motivaciones pueda encontrar en Bci un lugar que promueve la autenticidad, el respeto y la confianza. 

Nathaly Moreno, subgerente agile coach.

Este entorno se sostiene en un marco de seguridad psicológica y flexibilidad, que permite a cada persona alcanzar su mejor versión. En esta misma línea, Nathaly Moreno, subgerente agile coach, comenta que “he vivido la flexibilidad como un acto de liderazgo cercano y al servicio, que prioriza mi bienestar integral. Las nuevas formas de trabajar no son una política, sino una cultura de empoderamiento. Esto me permite entregar mi mejor versión y sacar lo mejor de mi equipo”.

Cultura que se adapta sin perder su esencia

La cultura de Bci ha demostrado su solidez al enfrentar escenarios de cambio profundo, como la pandemia, la aceleración digital o la adopción de la inteligencia artificial. En este sentido, la coherencia de una cultura no es un logro de un momento, sino el resultado de una disciplina sostenida. Algunas de las claves para que perdure en el tiempo en Bci, a pesar de los cambios, son fundamentos éticos inquebrantables, liderazgo que inspira desde el ejemplo y una adaptabilidad que mantiene la esencia.

El liderazgo es uno de los pilares más visibles de la cultura de Bci. La forma en cómo seleccionan, desarrollan y forman a sus líderes presenta una visión integral de aprendizaje, con un acompañamiento diseñado en el puesto, de coaching, de mentorías, de herramientas de apoyo, de comunidad de líderes. Es un ecosistema completo con momentos clave para florecer y ayudar a los equipos a florecer.

Juan Pablo Risco, gerente de Riesgo Corporativo de BCI.

Juan Pablo Risco, gerente de Riesgo Corporativo, lo resume desde su propia experiencia: “Podría decir que mi historia en Bci ha sido una historia de crecer y de trabajar en una empresa cuya mirada transforma carreras. Cuando llegué hace 22 años fue todo un desafío. Mi motivación personal siempre ha sido la búsqueda del crecimiento constante y de mi mejor versión. Pero esa búsqueda pudo ser inútil sin el apoyo de una organización como la que estoy. La oportunidad de hoy de liderar un equipo no habría sido posible sin la inversión que Bci hizo en mí. Programas como la Academia Bci no solo me obligaron a repensar y confrontar mis debilidades, sino que me entregaron herramientas para trabajar en mi desarrollo”.

Diversidad como condición para la sostenibilidad

La inclusión y la equidad no son una tendencia en Bci, sino una condición estructural de su cultura, ya que dentro de la organización está la convicción del valor que tienen los diferentes puntos de vista, experiencias, conocimientos cuando estos se ponen al servicio de un objetivo común. No sólo se enriquecen los ambientes de trabajo y se fomenta la colaboración, sino que los productos y servicios que se construyen para los colaboradores y clientes representan la diversidad que hoy día existe en la sociedad. En este sentido, la diversidad en Bci no está siendo una declaración, sino que de manera transversal se ha instalado en todos los procesos de gestión de personas, desde cómo se posiciona la empresa como marca empleadora, cómo está atrayendo y seleccionando el talento, en qué temáticas está formando a sus equipos y líderes, qué es lo que se está reconociendo, entre otros. Las declaraciones y principios tienen sustento en acciones concretos que buscan hacer viva la cultura organizacional y sus valores. 

El valor final de esta construcción está en que cada persona puede reconocer su propio aporte. El enorme interés por trabajar en Bci y los reconocimientos externos son el reflejo de que esta forma de hacer las cosas resuena potentemente tanto dentro como fuera de la organización. Lo que se percibe afuera es lo que se vive adentro. Esa coherencia cultural, basada en decisiones, liderazgos y escucha, ha permitido a Bci construir una de las culturas organizacionales más consistentes y valoradas del país.

Gobernanza humana con visión estratégica

En Bci, el compromiso por construir una cultura sólida viene desde lo más alto de la organización. El rol del directorio es fundamental e indelegable. No se trata de un actor pasivo que solo revisa resultados, sino del arquitecto y custodio principal de la visión a largo plazo de la organización, donde el talento y la cultura son pilares estratégicos del negocio.

Esta convicción directiva, sumado al compromiso y ejemplo movilizador de los líderes, y a una gestión planificada e intencionada de la cultura organizacional, ha sido ratificada con hechos a través del reconocimiento de organizaciones como Merco Talento, Employers for Youth, Building Happiness by Buk y la certificación mundial de Top Employer han validado de forma externa lo que los equipos viven internamente.

Todo lo anterior, le permite a Bci tener una propuesta de valor que va mucho más allá de las compensaciones y beneficios. Han demostrado una oferta de cara a sus colaboradores donde el salario “emocional”, es decir, la cultura, un propósito, el liderazgo, valores que ponen en el centro a las personas, el crecimiento personal y profesional, explica el éxito que han tenido en su misión de atraer, desarrollar y comprometer al mejor talento. 

Una gestión coherente, marcando tendencia en la industria

En los últimos años, Bci ha sido reconocido por distintos organismos que evalúan la gestión de personas desde miradas complementarias. Entre ellos, destacan Merco Talento, que analiza la reputación laboral desde la percepción interna y externa, y la certificación Building Happiness de Buk, que mide la felicidad organizacional en base a criterios objetivos. ¿Qué elementos explican el posicionamiento de Bci en estos rankings? ¿Qué valor tienen estos reconocimientos para el ecosistema laboral? A continuación, dos voces expertas nos entregan sus respuestas.

Para Rodrigo Alvial, director de Merco Talento, uno de los aspectos más distintivos de Bci es la coherencia entre lo que proyecta como marca empleadora y lo que realmente viven sus colaboradores: “La marca empleadora se cocina adentro pero se sirve afuera”, afirma, destacando que el banco suele ubicarse entre las diez empresas más atractivas para trabajar en Chile. Esa reputación dual, interna y externa, responde a una gestión que promueve el bienestar, las conexiones profundas, un liderazgo inspirador y una cultura basada en un propósito común, la escucha activa y el reconocimiento.

Desde Buk, Teresita Morán, country manager en Chile, refuerza esta visión al señalar que Bci obtuvo el primer lugar en la certificación Building Happiness por tercer año consecutivo, en la categoría de grandes empresas. “El banco tuvo un desempeño sobresaliente en los cuatro pilares que medimos: bienestar, compromiso, valoración y sostenibilidad”. Además, destaca que los resultados se basan en el Net Happiness Score (NHS), “que evalúa la felicidad organizacional de todos los colaboradores sin sesgos ni selección de muestra”.

Ambos expertos coinciden en que estos reconocimientos no son un objetivo en sí mismos, sino una consecuencia de una cultura coherente, donde lo que se vive puertas adentro se refleja hacia afuera. Alvial afirma que “cuando los colaboradores sienten que la organización se preocupa por ellos, se reconocen, se promueve la igualdad, se les da espacio para desarrollarse, mejora su motivación, satisfacción, sentido de pertenencia, lo que impacta en productividad y rotación”. Y agrega: “El mejor talento se va a las mejores empresas”.

En esa misma línea, Morán subraya que “las personas más felices en su trabajo son también más productivas, y las empresas que logran altos niveles de felicidad organizacional tienden a ser más sólidas financieramente”. Reconocer públicamente a las organizaciones que ponen a las personas en el centro, concluye, permite visibilizar buenas prácticas, motivar a otras y avanzar hacia culturas más humanas y sostenibles.

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