martes, enero 19, 2021

Conocer las vivencias asociadas al trabajo desde casa en tiempos de pandemia

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En estos tiempos de transformaciones y emergencias a toda escala, y con la contingencia del COVID-19 que no cede, la masificación del trabajo desde casa, una modalidad especial de teletrabajo que no tuvo oportunidad de pactarse contractualmente, sino que fue fruto de la política sanitaria, sumado a las restricciones de movilidad y el confinamiento, hacen sentir sus impactos psicológicos acumulados en la población. Los problemas de salud mental y estrés se han exacerbado y la sobrecarga y el peso de la incertidumbre se mantienen. Ante esta escena, y ya aprendiendo de la experiencia de los pasados 10 meses, nos preguntamos si ya se han instalado las condiciones adecuadas para este tipo particular de trabajo y en qué medida – y cómo- las personas han podido adaptarse a este.

Las lógicas de un comienzo son básicamente las mismas a las actuales; los y las trabajadoras han tenido que continuar precariamente compatibilizando labores de cuidado de sus hijos e hijas, tareas domésticas y múltiples demandas laborales. Hogares sin espacio diferenciado, precariedad tecnológica y porosidad laboral, adicionalmente a centros de estudio cerrados e instituciones de salud coartadas en su funcionamiento, lo cual implica una disminución fáctica de redes de apoyo.

Vivencias de agotamiento, falta de comprensión y apoyo de los líderes, sobrecarga y vigilancia laboral entran en confrontación con presiones económicas, familiares y -muchas veces- académicas. Del mismo modo, reconversiones, asumir nuevos riesgos, dedicarse a la creatividad y compartir en solidaridad han emergido con fuerza en los relatos de trabajadores y trabajadoras. Todo ello dependiendo de cuánto las condiciones de vida permitan la dedicación al proyecto de vida íntegro, más allá de su faceta económico-laboral.

En este sentido, se han difundido recomendaciones para compatibilizar trabajo, tiempo personal y familiar, como, por ejemplo, generar una estructuración de la rutina diaria para todos los integrantes del hogar: horarios de trabajo y estudio, alimentación, descanso, entre otras, para organizar mejor el tiempo y evitar la superposición de tareas. Distribución de las tareas domésticas para todos los integrantes del grupo familiar, en modo tal de aliviar la carga de trabajo para algunos, tradicionalmente las mujeres. Espacios diferenciados para el trabajo y las actividades personales y las domésticas, por ejemplo, en la medida de lo posible, trabajar en un escritorio despejado y en un cuarto habilitado para ello.

Pero la realidad impone su complejidad y en la actualidad esto refiere específicamente al desgaste. El estrés que hemos visto, asociado al desarrollo de la pandemia y las condiciones de esta modalidad especial de teletrabajo, se ha cronificado. Nuestras estrategias de afrontamiento pueden, en muchos casos, estar fallando. Podríamos comentar, por ejemplo, el caso de los hogares monoparentales, liderados en su gran mayoría por mujeres que cuidan a sus hijos y no pueden contar con sus redes de apoyo, o de quienes deben cuidar personas con alguna discapacidad severa. Con el desgaste que se vive, los recursos personales van llegando a su límite. Nos hemos adaptado en gran medida, pero también nos hemos cansado. En este sentido, las vivencias han ido cambiando, comienza a aparecer en muchos casos la desesperanza o el resentimiento. Sentimientos peligrosos para la salud mental y para el desarrollo humano.

La forma de afrontar la problemática, sabemos, no puede circunscribirse a soluciones individuales. Es central que las organizaciones que aún no lo han hecho, desarrollen e implementen a la brevedad políticas de conciliación y flexibilidad laboral. Para ir más allá de lo que ya hemos hecho, una propuesta es realizar diagnósticos de las vivencias de trabajadoras y trabajadoras a propósito de la experiencia del trabajo desde casa en las condiciones de pandemia, levantando necesidades y recogiendo sugerencias y buenas prácticas. Hay un conocimiento que requiere ser sistematizado para el aprendizaje, tanto de los intentos fallidos como de los éxitos. Esto, sin duda, nos puede orientar a tomar mejoras decisiones e invertir mejor nuestros recursos.

Vivimos en una época de cambios acelerados y, como hemos visto, de crisis y riesgos continuos. Ya no podemos enfrentar sólo el cambio planificado, debemos prepararnos para múltiples cambios emergentes e impredecibles. Estamos en la sociedad del riesgo y necesitamos ser adaptables y flexibles. Esto aplica tanto para las personas como para las organizaciones. Cuidar el bienestar en este tipo de escenarios es tan relevante como procurar la efectividad organizacional, no es posible la segunda sin la primera. Estamos desafiados a desarrollar condiciones de bienestar laboral en los momentos del teletrabajo y, para ello, el reconocimiento de las vivencias de trabajadores y trabajadoras es de suma relevancia.

No es sólo, como se ve, cómo cada quien se adapta al teletrabajo, sino como cada organización es capaz de actualizarse rápidamente para mantener el bienestar de su personal en estas condiciones que se han ido cronificando. En ello, la figura de los líderes de gestión de personas resulta clave, integrando la dimensión cualitativa a la comprensión de los aspectos psicosociales asociados a la experiencia del trabajo. Esto es, abrirnos al mundo de la subjetividad y las vivencias de quienes componemos las organizaciones.

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