Las pequeñas y medianas empresas chilenas enfrentan un nuevo foco de riesgo operativo luego de que el conflicto tras el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán reactivara la incertidumbre en los mercados y abriera un escenario de presión sobre combustibles, tipo de cambio y logística internacional, con posibles efectos sobre costos, liquidez e inversión en el segmento pyme, según consigna Emol.
Aunque la crisis ocurre lejos de Chile, el impacto potencial sobre las operaciones locales aparece como una preocupación concreta para las empresas de menor tamaño. La combinación de petróleo más caro, dólar fortalecido y eventuales disrupciones en rutas estratégicas podría traducirse en una estructura de costos más exigente y en una menor capacidad de reacción para compañías que ya operan con márgenes estrechos.
Uno de los efectos más inmediatos está en los combustibles. El artículo advierte que Chile importa prácticamente la totalidad del crudo que consume, por lo que cualquier tensión en la zona repercute en el valor internacional del barril. Para las pymes, eso no solo supone un encarecimiento del transporte, sino también una presión directa sobre el despacho, la distribución y la operación cotidiana.
Carlos Guayara, cofundador de TRII, plantea que el efecto es “directo y doloroso vía costos”, aludiendo a una cadena de transmisión inmediata desde el alza del crudo hasta los precios internos. En esa secuencia, el aumento del barril internacional termina afectando el valor de los combustibles y, finalmente, el flujo de caja de las empresas, para las que el combustible no es un gasto accesorio, sino un insumo básico para sostener su actividad diaria.
En la misma línea, Patricio Gana, director de AK Contadores, sostiene que el conflicto impacta principalmente por dos vías: el precio de los combustibles y el valor del dólar. A ello se suma la mirada de Manuel Concha, CEO de Kame ERP, quien advierte que el petróleo tiene incidencia directa en el costo de numerosos bienes y servicios, por lo que cualquier alza termina golpeando los costos operacionales de las pymes.
Bajo esa presión, algunos sectores aparecen especialmente expuestos. Transporte, logística, agroindustria y construcción concentran parte importante de la preocupación debido a su alta dependencia del diésel y de la energía. En esos rubros, una variación en el valor del combustible puede impactar con rapidez tanto en la operación propia como en toda la cadena de proveedores y clientes.
A la vez, el tipo de cambio surge como un segundo frente de tensión. En escenarios de guerra o alta incertidumbre geopolítica, el dólar suele actuar como refugio, y eso puede encarecer de forma rápida la reposición de inventarios importados. Para una pyme que trabaja con insumos, tecnología o productos traídos desde el exterior, una variación abrupta de la divisa puede erosionar márgenes o forzar un traspaso de precios al consumidor.
Guayara describe este escenario como “la tormenta perfecta” para las pymes. Por una parte, porque el importador ve subir su costo de reposición de un día para otro. Por otra, porque aquellas empresas con deuda en dólares o con arriendos indexados a moneda dura enfrentan un incremento en sus obligaciones justo en momentos en que la liquidez puede volverse más estrecha.
Desde el mercado financiero, Jorge Tolosa, operador de renta variable de Vector Capital, señala que lo observado hasta ahora corresponde a una primera reacción de búsqueda de refugio. En ese contexto, plantea que las pymes deben mantenerse atentas al comportamiento del tipo de cambio y evitar decisiones apresuradas. Su advertencia apunta a no actuar desde el pánico, especialmente en empresas que cuentan con menos herramientas para absorber volatilidad financiera.
Concha coincide en que la volatilidad del dólar es especialmente relevante en ambientes competitivos y de márgenes estrechos. Bajo esas condiciones, una alteración cambiaria no solo reduce la rentabilidad, sino que incluso podría revertir el resultado de las compañías, tensionando su planificación y su capacidad de sostener operaciones normales.
Un tercer elemento en observación es la logística internacional. Si el conflicto escala y compromete rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz o el canal de Suez, el transporte marítimo podría encarecerse y los tiempos de espera podrían aumentar. Para las pymes, el problema no se limita al valor del flete, sino también a la posibilidad de retrasos que afecten abastecimiento, producción y cumplimiento comercial.
Guayara advierte que ahí existe un riesgo de cuello de botella logístico. A diferencia de compañías grandes que pueden mantener stock por meses o contar con coberturas, muchas pymes operan al día. En ese modelo, un atraso de semanas en la llegada de insumos desde Asia podría provocar quiebres de stock o incluso paralizar producción local.
Tolosa coincide en que, si la crisis continúa, uno de los efectos más probables sería un alza en los fletes navieros, con un posible nuevo impulso sobre la inflación a través del encarecimiento de productos importados. Gana, por su parte, estima que esas alteraciones podrían ser más bien localizadas, aunque reconoce que un aumento del diésel también arrastra al alza las tarifas de transporte internacional y otros costos asociados.
En ese cuadro, la principal señal para el segmento pyme es que una crisis geopolítica distante puede terminar golpeando con fuerza la operación cotidiana. Más que un impacto abstracto, el riesgo se expresa en combustible más caro, reposición más costosa, transporte más incierto y menor holgura para sostener márgenes y flujo de caja.