viernes, diciembre 4, 2020

Completando el proyecto vital (La Felicidad como contenido)

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La vida nos depara no solamente actos serios, también despliega una especie de bromas que a ratos ceden y se vuelven emotivas, en especial en momentos en los que parece como si todo estuviera a punto de quebrarse, y como parte de ese todo, la felicidad. Ese momento de quiebre tiene solamente una dimensión personal. La procesión va por dentro dice el dicho popular. Porque esto se trata de que cada persona tiene sus razones secretas, resguardadas las señales de su vida privada, y más de un misterio contradictorio. Cuántos libros y discos se han devorado en secreto para dar sentido a la vida. Cada uno es la medida de sí mismo y lo que se vive es el costado de un universo riesgoso. Entonces, un día soleado o pasar tiempo con la familia, o salir a trotar puede afectar a las personas de manera diferente. No hay garantía de que las cosas que hacen feliz a la mayoría de la gente harán feliz a una persona determinada.

La mayoría de las veces, las cosas que nos hacen felices son un placer. Todos los días tenemos muchos placeres: placeres con las personas con las que hablamos, placer con las actividades, placer con la música, arte y cosas por el estilo. Y esos placeres nos hacen felices. Pero el placer no es la felicidad. Es por eso que los filósofos griegos Aristóteles y Epicuro crearon el concepto de felicidad y lo distinguieron del concepto de placer porque explica que el placer es una experiencia de corta duración, pero la felicidad es un estado de ser. Obtienes placer cuando obtienes satisfacción de una necesidad o deseo. Pero eres feliz porque te sientes bien dentro de ti.

Una amigo está vacaciones llevó a sus cuatro hijos de vacaciones a un área del Caribe, y si le preguntas a diario lo feliz que estás ahora, te dirá que está ansioso y cansado, que está estresado y que experimenta muchas otras cosas. Por lo tanto, día a día, sus niveles de placer pueden ser bastante bajos y, sin embargo, nos dice que está contento porque está cumpliendo uno de sus objetivos de vida más preciados, que es tener una familia. Por lo tanto, a menudo nos referimos a que a medida de felicidad, en el que se está cumpliendo un significado más amplio o algún propósito de vida más grande.

La felicidad no es una cosa; significa diferentes interpretaciones en diferentes lugares, diferentes sociedades y diferentes contextos culturales y esto deriva del hecho que como humanos disponemos de una estructura felicitante y cada uno selecciona su proyecto vital y sus bienes preciados.

Esta conclusión encuentra un apoyo creciente del trabajo de los psicólogos culturales, aunque la comparación intercultural sistemática hasta la fecha se ha estructurado de manera abrumadora en torno al contraste entre las denominadas culturas «individualistas» y «colectivistas», con uno de los hallazgos más repetidos a menudo de que la felicidad en este último contexto (paradigmáticamente en Asia Oriental) es más una cuestión de bienestar colectivo, armonía social o cumplimiento de los deberes propios que de logros individuales, placeres sensoriales, o evaluaciones positivas del yo.

La literatura antropológica emergente también llama la atención sobre tres observaciones importantes que resuenan fuertemente en la actualidad: que la felicidad en general se entiende mejor como intersubjetiva y relacional (Thin 2012 (1) ); que incluso el placer, como experiencia humana universal, se basa en las expectativas culturales (Clark 2009:207 (2) ); y que el bienestar pone de relieve la dificultad de considerar simultáneamente tanto las realidades sociales como las virtudes humanas (Corsín Jiménez 2008b: 180 (3)).

El tema, entonces, pasa a ser cuál es el contenido de la felicidad. 

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