martes, enero 26, 2021

¿Cómo lograr que tus propósitos de fin de año permanezcan todo el 2021?

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El tiempo no se detiene y los años van pasando. Cada año escribimos una lista de promesas a nosotros mismos: hacer más ejercicio, comer más saludable, estar en mayor contacto con las personas queridas, mejorar algún rasgo de la personalidad, manejar mejor el dinero, entre muchos otros. Pero con el paso de los primeros meses del año, ese entusiasmo se va evaporando al calor de los viejos hábitos y de las prisas del día.

Es que la motivación, aunque es crucial no es suficiente. La motivación nos deja sólo en el movimiento de la idea, pero no produce resultados. Es con la acción donde los vemos. La diferencia entre movimiento y acción la explica muy bien James Clear en su libro Hábitos Atómicos. Si queremos escribir un libro o ser vegetarianos, por ejemplo, nos dedicamos a estudiar el tema, ver videos, hablar con expertos, y todo ello es el movimiento de la idea, pero no produce resultados.

El principal motivo por el que procrastinamos el paso a la acción es el miedo a fallar, una anticipación del mal sabor que podríamos experimentar, expresado como “no ser suficientemente bueno” y “qué dirán los otros”. Realmente, todo lo que hemos aprendido hasta hoy ha sido mediante el ensayo y el error, desde comer hasta la carrera profesional. Si tan sólo tuviéramos un concepto del error como un paso obligado hacia la maestría, nuestro máximo potencial se desarrollaría más rápidamente.

La acción hacia el cambio o incorporación -instalación en el cuerpo- de nuevos hábitos se logra mediante las tres R: recordatorios, repetición y rituales.

Recordatorios: instalar un nuevo hábito necesita que alguien o algo nos esté poniendo a la vista aquello nuevo que va a ser parte de la agenda del día. El 95% de nuestras acciones diarias las hacemos desde el piloto automático, así que traer al consciente algo nuevo requiere recordatorios. Por ejemplo: poner las manzanas a la vista para comer más saludable, dejar listo el mat de yoga o los tenis para hacer ejercicio, poner alarmas en el celular para practicar mindfulness.

Repetición: la mejor manera de lograr constancia en la repetición del nuevo hábito es engancharlo con uno ya existente. Por ejemplo, “después de almorzar meditaré 20 minutos”, “antes de dormir escribiré 5 frases de gratitud”, “antes de ver mi serie haré 20 abdominales”. La decisión, motivada por la recompensa placentera, será la gasolina que moverá la máquina de los engranajes de tu día a día.

Rituales: la repetición se convierte en una secuencia de acciones que se hacen sin pensarlo mucho, casi en automático, con facilidad y con consciencia. El ritual es cuando la repetición ya ha sido instalada en el tren de vida. El ritual se hace con un propósito claro que provee satisfacción y placer. Es nivel pro, porque ya las acciones están incluidas en la agenda diaria. Los profesionales se adhieren al cronograma, los principiantes dejan que la vida fluya sin rigor.

Ver progreso es necesario para mantenerse disciplinados durante las repeticiones, es decir, antes de que se conviertan en rituales. Se trata de mantener mejoría permanente, por pequeña que sea, es mejoría. Es el poder del “interés compuesto”. El poder de las pequeñas y constantes acciones. James Clear sugiere mejorar un 1% diariamente. ¿Cómo vas a medir tu progreso? ¿Cuáles serán tus indicadores? Hay indicadores concretos y etéreos. Aún los etéreos se pueden medir mediante la puntuación de las sensaciones: de 1 a 10, ¿qué tanto ha mermado la ansiedad? ¿qué tanto has mejorado tu comunicación asertiva? ¿qué tanto has estado consciente en el aquí y el ahora? El primer número que se te venga a la cabeza, intuitivamente, ése es. Anótalo y lleva el registro.

Dicen los expertos que sólo podemos incorporar un hábito a la vez, máximo dos. Pero hay hábitos que son catapultas de otros. Como una alimentación más saludable podría ayudarte a irte a dormir más temprano y así lograr las horas recomendadas de sueño.

Lo importante es entrar en acción. Contemplando que los retrocesos están dentro del presupuesto, la acción persistente, sin altas expectativas, conduce a los resultados esperados.

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