Códigos de camarín

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Por Gregorio Etcheverry. Académico Universidad Adolfo Ibáñez y Socio CLA Consulting.


Las organizaciones dedican harto tiempo a dejar por escrito códigos de ética, declaración de valores, principios culturales, decálogos de buenas prácticas, reglas de oro para los líderes y varias más. Sin embargo, las que modelan el comportamiento de las personas no son estas, sino algunas mucho más orientadores de hábitos y prácticas, pero que no están escritas en ninguna parte, y te enteras de su existencia en los pasillos, los happy hours o cuando tuviste la mala suerte de ser el nuevo que rompió la norma y le costó caro.

Estas normas de “buen comportamiento” son la manifestación tangible de ciertos valores que cada sistema social va acordando a través de su historia y que consciente o inconscientemente, va transmitiendo de generación en generación. En el mundo de las organizaciones existen varios ejemplos de normas no escritas, pero que todos conocen, y que, de llegar a romperlas, puede ser incluso más grave que pasar por encima de una norma escrita.

“No se te ocurra partir una reunión si el jefe viene atrasado. Hay que esperarlo”, “asegúrate que los hayas copiado a todos en el mail”, “Al piso 8 hay que llegar a la hora y con corbata”, “los estacionamientos que están más cerca del ascensor están reservados. No te recomiendo usarlos”, “es importante que te vean en la oficina hasta tarde”, “di que sí nomás. Después se les va a olvidar”. No parece necesario revisar la declaración de valores que formalizo el área de recursos humanos de esta empresa para poder intuir qué tipo de organización es verdaderamente.

Así podemos intuir que la jerarquía, la formalidad, la obediencia y la uniformidad son bastante valorados en esta organización. Y hasta ahí todo bien. Pero ¿serán funcionales al negocio y a la industria en la que esta empresa se encuentra? Pareciera ser que este tipo valores son de toda lógica para aquellos negocios o industrias en donde los desafíos son más bien técnicos, donde no existe competencia y el entorno es predecible y estable. ¿Será el caso de tu negocio?

Un primer ejercicio que recomiendo es partir por levantar estas normas no escritas en tu organización y ver cuáles de ellas le sirven a tu negocio y cuáles deberías derogar con suma urgencia. No hacerlo va a significar ir quedando atrás y tener que cerrar la cortina. Como diría Peter Druker, la cultura se come a la estrategia al desayuno. Indagar en estos códigos de camarín puede determinar el éxito o la quiebra de tu negocio.

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