Chile despertó

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Por Ricardo Nanjari, director de personas UAH.


Si nuestro país fuera una persona, su despertar ha sido el de un enfermo grave. Hasta el día anterior, no se percataba de su enfermedad aunque ya había recibido señales. Preocupado de mostrarse exitoso ante los demás, de crecer económicamente y de sobresalir, no supo escuchar los síntomas. Otras personas le expresaban admiración y lo señalaban como ejemplo a seguir. Ahora despertó incendiándose por dentro, con su colon irritado, con náuseas, presa de desórdenes intestinales, dolores de cabeza y con su columna vertebral adolorida y deteriorada. Una parte de su cuerpo, quiere levantarse y seguir adelante como si no hubiese pasado nada, sin hacerse cargo de sus órganos más dañados que piden atención y cuidado. Sus piernas, quieren salir a marchar revelándose por el estado de su salud. A sus manos les urge trabajar. Pero mirar la vida como hasta ahora, lo tiene sumido en el dolor y en la sensación de pérdida y depresión. Piensa que no debió haber abusado. El anhelo desmedido de éxito y felicidad le trajo consecuencias. No fueron otras personas las que robaron, las que se coludieron, las insensibles. No eran otros los que se quejaban y protestaban. Fue la misma persona que atentaba contra sí misma. Su mano derecha contra la izquierda y viceversa. Es saqueador y saqueado. La misma persona que el fin de semana iba a la iglesia y después jugaba con sus hijos. La misma que alentaba a su equipo en el estadio. Un ser preso de sus paradigmas y dogmas, de sus creencias y aseveraciones. De sus virtudes y defectos. No podía escuchar a su cuerpo y lo presionaba para ir más allá. Más productividad, más consumo, más rentabilidad. El cuerpo se regula solo, decía. Aún ahora, piensa que alguien lo quiso dañar. Se niega a aceptar que fue él mismo quien dejó de preocuparse de su cuerpo como un todo. Rebelión.

La sanación de esta persona comenzará cuando tome conciencia de que está enferma. Cuando aprenda que todo lo que hace tiene consecuencias en su propio cuerpo. Cuando reconozca que el tipo de vida que llevaba lo condujo a esta situación. Cuando no ponga las culpas fuera y empiece a ver que es responsable de cada órgano. Que debe detenerse a repensar su vida para poder sanar. Ya nada será como antes, ahora tiene que aprender a respetar el ritmo de su corazón y el palpitar de sus emociones. La mente necesita reeducarse, sus piernas y manos precisan respeto, al sistema nervioso le urge cariño. Cada órgano sirve por igual.

Si nuestro país fuera una persona, necesitaría comprender que para tener un nuevo despertar, se debe sanar en unidad.

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