Un artículo de investigación de Sergio Gamonal, publicado en Pro Jure Revista de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, propone revisar la forma en que se entiende la certeza jurídica en el contrato de trabajo y afirma que, en este ámbito, la pregunta central no es solo cuánta certeza requiere la norma, sino para quién opera esa certeza, en una relación marcada por el poder de control del empleador sobre el trabajador.
El texto, titulado Certeza, reglas y estándares en el contrato de trabajo, fue recibido en diciembre de 2024, aceptado en octubre de 2025 y publicado el 31 de enero de 2026. Su objetivo es indagar en los alcances y eventuales falencias de la discusión académica sobre certeza cuando esta se aplica al contrato de trabajo, especialmente en escenarios donde existen relaciones de poder entre privados.
La tesis del autor parte de una constatación: la certeza es un elemento central de cualquier sistema jurídico, porque las normas deben ser claras para orientar la conducta de las personas. Sin embargo, Gamonal advierte que esa exigencia, que suele pensarse desde la relación entre el Estado y la ciudadanía, se vuelve más compleja cuando entra en juego el vínculo laboral, donde el trabajador no solo está sometido a la regulación general, sino también al poder rector de su jefatura.
Poder privado
A partir de esa base, el artículo sostiene que la discusión jurídica tradicional sobre certeza ha tendido a omitir la dinámica de las relaciones de poder entre particulares. En el contrato de trabajo, esa omisión resulta especialmente relevante, porque el empleador ejerce un poder efectivo de dirección, disciplina y control sobre el trabajador, lo que altera el modo en que debe analizarse la previsibilidad de las reglas.
El texto señala que ese poder no es meramente abstracto. Por el contrario, se expresa en la capacidad de fijar normas internas y también de sancionar su incumplimiento. En esa lógica, el empleador concentra, en términos prácticos, atribuciones que recuerdan tanto a la figura del legislador como a la del juez. Para el autor, esa estructura puede abrir espacio a sistemas ad hoc y discrecionales dentro de la organización, lo que tensiona la lógica del Estado de derecho al interior de la propia empresa.
Desde esa perspectiva, Gamonal plantea que evaluar la certeza laboral exige poner atención en la parte más vulnerable de la relación. En el artículo afirma que si la ley otorgara al empleador un poder ilimitado, el trabajador tendría apenas una “certeza de su incerteza”, porque sabría quién manda, pero no podría prever de forma razonable las consecuencias concretas de ese poder en su vida laboral.
Reglas y límites
Uno de los ejes del estudio es la tensión entre reglas y estándares. El trabajo reconoce que, en principio, las reglas parecen ofrecer mayor claridad y previsibilidad. De hecho, el derecho laboral contiene múltiples reglas que fijan un piso de derechos irrenunciables, como remuneración mínima, vacaciones, jornada y feriados.
Sin embargo, el autor sostiene que en materias especialmente sensibles, como el poder de control del empleador y el despido, los estándares suelen cumplir una función más decisiva. La razón es que una regulación completamente exhaustiva del poder empresarial sería, según el texto, imposible por la propia naturaleza de ese poder y, además, indeseable, porque rigidizaría la organización y quedaría rápidamente desactualizada frente a una casuística interminable.
En ese punto aparece el núcleo del artículo: el “dilema de la certeza”. Gamonal sostiene que en derecho laboral no basta con discutir si las reglas generan más certeza que los estándares. La verdadera pregunta es “¿certeza o incerteza para quién, empleador o trabajador?”. En otras palabras, la certeza de una parte puede construirse a costa de la incerteza de la otra.
Caso extremo
Para ilustrar esa tensión, el estudio revisa la doctrina estadounidense del despido libre o empleo a voluntad. Según expone el artículo, esta regla supone que empleador y trabajador pueden poner fin a la relación laboral sin previo aviso, sin necesidad de causa y sin indemnización. Aunque formalmente se aplica a ambas partes, en la práctica refuerza la diferencia de poder a favor del empleador.
Gamonal recoge ejemplos que muestran el alcance de esa doctrina, como despidos por opiniones personales, por la conducta del cónyuge de una trabajadora o por la atracción sexual que un jefe pudiera sentir respecto de una subordinada. El texto remarca que se trata de situaciones arbitrarias y anómalas desde una perspectiva contractual, pero que han sido posibles bajo esa figura.
A partir de ese caso, el autor explica que cuando una regla como el despido libre permite discrecionalidad absoluta, el empleador obtiene certeza total y el trabajador queda en una posición de total incerteza. En cambio, cuando esa regla comienza a ser limitada por excepciones y estándares, el empleador pierde parte de esa certeza, pero el trabajador gana un margen mayor de previsibilidad al saber que el despido ya no depende por completo de una decisión unilateral.
Al cierre, el artículo concluye que la discusión sobre certeza en el derecho debe ampliarse para incorporar de manera expresa las relaciones de poder entre privados. En materia laboral, ello implica reconocer que la regulación seguirá enfrentada a una encrucijada permanente entre certeza e incerteza, y que los estándares probablemente continuarán siendo utilizados como una herramienta para limitar el poder del empleador.