La Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen) 2024 entrega una radiografía detallada de cómo se distribuyen los ingresos en Chile y confirma que la estructura económica del país continúa organizada en capas claramente diferenciadas. El estudio, elaborado por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, se aplicó a más de 78 mil hogares y 218 mil personas, con representatividad nacional, regional, urbana y rural.
Antes de revisar los resultados, el propio informe distingue entre dos conceptos clave. El ingreso autónomo corresponde a los recursos que reciben las personas y los hogares por su propia actividad económica, principalmente ingresos laborales (sueldos, salarios, trabajo por cuenta propia), rentas de capital y pensiones contributivas. En cambio, el ingreso monetario incluye el ingreso autónomo más las transferencias monetarias que provienen del Estado u otras fuentes, como subsidios, bonos y aportes sociales. Esta distinción es relevante porque permite observar cuánto depende el bienestar económico de los hogares de su inserción en el mercado laboral y cuánto de políticas de redistribución.
Según Casen 2024, los hogares chilenos se ordenan en 10 deciles de ingreso autónomo per cápita, cada uno equivalente al 10% de la población, desde los menores a los mayores ingresos. Los datos muestran que el 60% de los hogares se concentra entre los deciles I y VI, es decir, en los seis tramos de menores ingresos autónomos. En estos deciles, el ingreso mensual por persona va desde poco más de $30.000 hasta alrededor de $414.000, lo que equivale a un rango aproximado de USD 34 a USD 460, considerando un tipo de cambio de $900 por dólar.
Esto significa que seis de cada diez hogares viven con ingresos per cápita mensuales inferiores a $415.000, cifra que marca el límite superior del sexto decil y que da cuenta del nivel de ingresos en el que se mueve la mayoría de la población.
En el extremo inferior, el 10% de menores ingresos registra un ingreso autónomo per cápita cercano a $30.700 mensuales (unos USD 34). En el segundo decil, el ingreso se eleva a alrededor de $126.000 (USD 140), y en el tercero alcanza los $191.000 (USD 212). Estos primeros tramos concentran a los hogares con mayor fragilidad económica.
Casen 2024 establece que el 6,5% de la población vive bajo la línea de la pobreza por ingresos, y un 2,0% se encuentra en situación de pobreza extrema. La línea de la pobreza vigente en 2024 se sitúa en torno a $216.000 mensuales por persona, equivalentes a aproximadamente USD 240. La pobreza por ingresos se concentra mayoritariamente en los dos primeros deciles, especialmente en el decil I.
En los deciles medios —del IV al VI— los ingresos per cápita mensuales fluctúan entre $253.000 y $414.000 (USD 280 a USD 460). Aunque estos hogares se sitúan por sobre la línea oficial de la pobreza, presentan márgenes económicos estrechos y una alta exposición a caer en pobreza ante shocks laborales, sanitarios o inflacionarios.
Las brechas de género siguen siendo visibles en toda la distribución. Casen muestra que las mujeres están sobrerrepresentadas en los deciles de menores ingresos y presentan ingresos laborales inferiores a los de los hombres en prácticamente todos los tramos. Esta diferencia se observa tanto en el empleo asalariado como en el trabajo por cuenta propia y se amplía en los tramos de mayores ingresos, donde la participación femenina disminuye.
Las diferencias territoriales también persisten. La Región Metropolitana concentra una mayor proporción de hogares en los deciles superiores, mientras que en varias regiones del país la mayoría de los hogares se ubica en los deciles bajos y medios. Esto se traduce en ingresos per cápita más reducidos y una menor presencia de tramos altos fuera de la capital, configurando techos salariales regionales más bajos.
El tipo de inserción laboral incide de manera decisiva en la posición dentro de la distribución. Los asalariados del sector privado presentan una distribución amplia de ingresos, con coexistencia de tramos bajos y altos. Los trabajadores por cuenta propia se concentran mayoritariamente en los deciles inferiores, mientras que el empleo público muestra una mayor presencia en los deciles medios y altos, con menor dispersión hacia los extremos.
En la parte superior de la distribución, el decil X, que representa al 10% de mayores ingresos, registra un ingreso autónomo per cápita promedio cercano a $2.467.000 mensuales, equivalentes a USD 2.740. Además, el informe muestra que el ingreso del trabajo promedio de los hogares de este decil supera los $4.700.000 mensuales, es decir, alrededor de USD 5.250, evidenciando la fuerte concentración del ingreso en la cúspide.
Esta estructura se refleja en los indicadores oficiales de desigualdad. Casen 2024 sitúa el coeficiente de Gini del ingreso autónomo de los hogares en torno a 0,49, y el del ingreso monetario en torno a 0,46, niveles considerados altos en comparación internacional y que muestran que la desigualdad se mantiene como un rasgo estructural del país.
En conjunto, los resultados de Casen 2024 muestran que el debate sobre ingresos en Chile no se limita a cuánto se gana en promedio, sino a cómo se distribuyen los recursos entre personas, territorios y tipos de trabajo, y a la distancia persistente entre la mayoría de los hogares y los tramos de mayores ingresos.
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