Según informó El País, las personas que comenzaron a trabajar en España en 2025 permanecerían activas durante una media de 36,8 años si se mantienen las actuales condiciones del mercado laboral, de acuerdo con las proyecciones de Eurostat difundidas en julio de 2026. El cálculo supone tres décimas más que un año antes y 1,8 años adicionales respecto de 2015, una evolución asociada a la mejora del empleo, el retraso de la edad de jubilación para quienes no completan determinados periodos de cotización, el aumento de la esperanza de vida y los incentivos para postergar el retiro.
El indicador de Eurostat estima cuánto se prolongaría la carrera de quienes se incorporan al mercado laboral si las condiciones actuales permanecieran sin cambios. En el caso español, los 36,8 años se ubican por debajo del promedio de la Unión Europea, que alcanza los 37,5 años. Francia registra esa misma media comunitaria, pese a contar con una edad legal de jubilación inferior a la española.
La diferencia muestra que la duración de la vida laboral no depende únicamente de la edad establecida para jubilarse. El comportamiento del mercado laboral y la estabilidad que ofrece el tejido productivo también inciden directamente, dado que el indicador descuenta los periodos de desempleo. En consecuencia, los países con mayores tasas de desocupación tienden a registrar menos años efectivos de trabajo.
Carreras más largas
Países Bajos encabeza la clasificación europea, con una esperanza de vida laboral de 44 años, seguido por Suecia, con 43,4, y Dinamarca, con 42,6. También se sitúan sobre el promedio Alemania, con 40,2 años, y Portugal, con 39,7. En el extremo contrario aparecen Bulgaria, con 34,6 años, Italia, con 33, y Rumania, con 32,7.
La duración de la vida laboral creció en casi todos los países europeos durante el último año, en un escenario marcado por el envejecimiento de la población y la escasez de mano de obra en algunos sectores. Tanto España como el promedio comunitario avanzaron tres décimas, aunque Bélgica registró un incremento de 0,7 años, República Checa de 0,6 y Letonia y Grecia de medio año.
Al ampliar la comparación hasta 2015, España muestra uno de los avances más reducidos de la Unión Europea. Hace una década, su esperanza de vida laboral era de 35 años, frente a los actuales 36,8. Durante el mismo periodo, el promedio comunitario aumentó 2,6 años. Malta sumó 5,4 años, Hungría 4,9 e Irlanda 4,7, mientras que Rumania fue el único país donde la proyección retrocedió, con una disminución de una décima.
La perspectiva cambia al retroceder hasta 2005. Desde entonces, la esperanza de vida laboral española aumentó 3,9 años, por encima de Portugal, Italia y Grecia. En las últimas dos décadas, los mayores incrementos corresponden a Malta, con 10,9 años adicionales; Hungría, con 9,1; y Estonia y Países Bajos, ambos con 7,5. El promedio comunitario avanzó 4,6 años.
Jubilación tardía
La prolongación de las carreras laborales también se vincula con los cambios en el acceso a la jubilación en España. La reforma de pensiones de 2011 elevó progresivamente la edad legal de retiro para quienes no hayan cotizado lo suficiente. Actualmente, se sitúa en 66 años y 10 meses para quienes acumulan menos de 38 años y tres meses de cotización, y en 65 años para quienes superan ese periodo. En 2027, la edad llegará a 67 años para quienes no completen la carrera exigida.
A ello se suma el crecimiento de las jubilaciones demoradas, impulsadas mediante incentivos para extender voluntariamente la vida laboral. De acuerdo con datos de la Seguridad Social recogidos en la fuente, estas modalidades “representan ya el 12% del total de las nuevas altas, frente al 4,8% que se registraba en 2019”. La edad media de acceso a la jubilación, en tanto, alcanza los 65,3 años, frente a los 64,4 registrados en 2019.
La evolución del empleo refuerza esta tendencia. La tasa de paro en España bajó desde el 26,9% alcanzado en 2013 hasta el 10,8%, mientras aumenta la participación laboral de los grupos de mayor edad. Entre las personas de 60 a 64 años, la tasa de actividad llega al 60,6%, el doble que a comienzos de siglo. En el tramo de 65 a 69 años, pasó del 4,1% al 14,5%.
La extensión de la vida laboral tampoco se distribuye de igual manera entre hombres y mujeres. La proyección para las españolas alcanza los 35,1 años, frente a los 38,5 años de los hombres. En el conjunto de la Unión Europea, las cifras son de 35,4 y 39,5 años, respectivamente. Aunque la brecha de género española es inferior al promedio comunitario, los datos reflejan trayectorias laborales todavía diferenciadas según género.
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