Capital humano y productividad, el camino de la certificación

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Por Ximena Concha, secretaria ejecutiva ChileValora 


Existe un diagnóstico compartido, la productividad es clave para el crecimiento económico y en eso coinciden trabajadores, empresarios y gobierno. También hay consenso en que para mejorar se debe trabajar de manera colaborativa, buscando puntos comunes para hacer frente a los enormes desafíos que plantea un país que se proyecta al desarrollo, considerando a las personas como parte esencial de este camino.

Por ello, a través del diálogo, la integración y la mirada de futuro, debemos trabajar para sentar las bases de un crecimiento económico sostenido e inclusivo, con mayores oportunidades de trabajo decente para todas y todos los trabajadores.

ChileValora es un servicio público que trabaja con una metodología sistemática de conversación con el mundo productivo, a través del diálogo social tripartito, identificando las competencias laborales que requieren las industrias y generando herramientas que se construyen con el aporte e inclusión de las perspectivas de trabajadores, empleadores y gobierno, que se ponen al servicio del sistema de formación para el trabajo en su conjunto.

Contribuimos al desarrollo del capital humano del país a través de la certificación de las competencias de los trabajadores y trabajadoras reconociendo el “saber hacer” sin importar cómo y dónde se han adquirido los aprendizajes de las personas o si tienen o no educación formal que los acredite. De esa manera, disminuimos asimetrías de información en los procesos de búsqueda de empleo y reclutamiento, permitimos a las empresas contar con trabajadores debidamente calificados y ampliar sus opciones de movilidad y desarrollo laboral. Así, ya son más de 80.000 los trabajadores que han sido evaluados para su certificación.

Además, los estándares que se generan son una señal importante para el mundo de la capacitación y la formación respecto de cuáles son los oficios y competencias en los que se requiere formar hoy.

Pero el mundo del trabajo está cambiando de manera significativa y como país, debemos estar preparados para las necesidades del futuro. No podemos esperar a que estos requerimientos nos sorprendan. Es por ello que es tan importante tener la información de cuáles son los oficios y profesiones que están precisando las empresas. Sólo así podemos superar la brecha entre las competencias disponibles y los requerimientos del mercado laboral.

La buena noticia es que no necesitamos partir desde cero. Ya se han ejecutado 85 Proyectos de Competencias Laborales. Tenemos 864 perfiles y 2.192 competencias acreditadas que reflejan demandas de capital humano y orientan la certificación y son una señal de pertinencia para la capacitación y la formación técnico profesional. El catálogo de competencias laborales equivale a 28 de las 50 ocupaciones más relevantes que identifica la Casen 2015, que a su vez, representan el 65% del empleo del país. Junto con los perfiles, hoy estamos generando nuevos productos que orientan decisiones de movilidad y desarrollo de las personas, más de 400 planes formativos entregados a Sence y más de 100 rutas formativo laborales asociadas al marco de cualificaciones que hemos adoptado junto con el Servicio de Capacitación y Empleo.

Lo que hemos avanzado requiere perfeccionamiento, pero es un buen punto de partida. Creemos que el desafío es avanzar en una visión país para dotar a la formación para el trabajo de coherencia respecto de las acciones de cada una de las agencias y organizaciones involucradas, tanto desde la educación formal, como de la capacitación y la certificación de competencias laborales.

Sólo así un trabajador o trabajadora podrá avanzar en su desarrollo personal y laboral, y las empresas podrán contar con los trabajadores preparados que necesitan y el país alcanzar los niveles de productividad, desarrollo y equidad a los que aspiramos.

Y ahí radica, precisamente, la relevancia de avanzar hacia un modelo integrado de formación para el trabajo. Actualmente tenemos escasez de pasarelas que permitan la movilidad horizontal y vertical de un trabajador o un estudiante. Es decir, si una persona comienza su ruta formativa desde la educación formal, no existen los puentes que le permitan poder superar etapas desde, por ejemplo, una educación media técnico profesional que sea luego reconocida en un Centro de Formación Técnica, un Instituto Profesional o una carrera universitaria. De igual forma, si la ruta formativa se inicia desde el mundo laboral, a un trabajador certificado no se le reconocen esas competencias laborales para poder avanzar en algún nivel de la educación formal.

Tenemos un desafío como país para alcanzar un sistema de formación para el trabajo, integrado, pertinente y eficaz, que esté a la altura de los desafíos de productividad del país, y en ese objetivo, como Sistema Nacional de Certificación de Competencias Laborales, tenemos una gran contribución que realizar.

Producción RH Management.
Artículo publicado en revista RH Management, edición 108.

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