Brecha de género en materia laboral, una situación difícil de mejorar

María Victoria León aborda los retos para superar la brecha de género en el trabajo en Chile, destacando la desigualdad salarial y la escasa presencia femenina en cargos directivos, y subraya la necesidad de un cambio cultural para lograr la equidad laboral.

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Por María Victoria León, Ciudadanía Legal. 

Este 8 de marzo, se conmemora el día internacional de la mujer, fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas, tras la tragedia que costó la vida de más de 100 mujeres, quienes murieron quemadas en la fábrica en la que laboraban, al no poder escapar, pues las puertas de la fábrica en la que se desempeñaban estaban cerradas con el fin de evitar robos.

De ahí en adelante, hemos visto un reconocimiento jurídico de los derechos de la mujer, especialmente en el ámbito laboral, prohibiéndose en casi todos los tratados de derechos humanos la discriminación por motivos de sexo. 

A pesar de los numerosos convenios internacionales ratificados por Chile que avalan los derechos de la mujer y de los importantes avances legislativos en nuestro país sobre diversas materias a fin de fomentar los derechos de la mujer, nos encontramos con una serie de desafíos pendientes de superar, como la desigualdad laboral en materia de remuneraciones y lograr que las mujeres ocupen más cargos directivos y gerenciales tanto en empresas públicas como privadas.

Es así que según el Reporte Ocec  2022, las mujeres en Chile perciben ingresos 21,7% inferiores a los hombres, brecha que disminuye a 18,8% en los empleos formales y se eleva al 30,1% en los informales.

Por su parte, la consultora de reclutamiento Idealis, en su última guía salarial de 2024, informó respecto de la importante brecha salarial que existe entre hombres y mujeres con el cargo de gerente legal, lo cual, en vez de ir mejorando con los años, se ha sostenido.

Pero no sólo la brecha salarial es uno de los desafíos pendientes de superar, sino entre otros, lograr que las mujeres ocupen cargos de alta dirección. 

En ese sentido, el Consejo para la Transparencia, reveló que la participación y presencia de mujeres es mucho menor que la de los hombres, en cargos directivos y gerencias de empresas públicas, dando cuanto que la brecha de género se da tanto en el ámbito público como privado. 

Estas brechas repercuten incluso después de la vida laboral de las mujeres, reproduciéndose las desigualdades en el sistema de pensiones.

Una participación equitativa de las mujeres en el mercado laboral tiene importantes consecuencias en el desarrollo económico y productivo del país, con efectos positivos sobre el crecimiento, pero el modelo cultural en el que vivimos insertos con la arraigada creencia de que el hombre debe ser el proveedor y la mujer tiene que asumir la mayor carga de los trabajos domésticos y de cuidado,  la hace permanecer en un lugar secundario de la vida económica, a pesar de contar con las mismas capacidades que los hombres. 

Es así que el Centro de Políticas Públicas UC, estudiando el tema, señaló que hay 3 dimensiones que serían esenciales para reducir la brecha laboral de género en Chile y son i) percepciones sobre los roles de género y socialización diferenciada de hombres y mujeres; ii) cuidados de niños y niñas, y iii) mejores trabajos.

El cambio de la percepción de rol de géneros no es una tarea fácil de lograr, para ello la educación cumple un rol fundamental, es así que desde la época preescolar, ya debería incorporarse la perspectiva de género en los contenidos curriculares, en el que niños y niñas cuenten con textos escolares y material didáctico, que vayan modificando la persistencia de estereotipos y sesgos de género que tenemos implementados como sociedad, debiendo ser los mismos profesores quienes sean capacitados en perspectiva de género.

En cuanto al cuidado de niños, los padres y madres trabajadores deberían contar con una red de apoyo para su cuidado y una jornada de trabajo para padres que permita conciliar la vida familiar y laboral.   

Es así que en países desarrollados, el estado cumple un rol fundamental en la asistencia del cuidado de los niños en edad preescolar,  con políticas públicas en  que las salas cunas  son de calidad, con educadoras calificadas para el cuidado de los niños y el número suficiente de educadoras para la cantidad de niños a su cargo, que en una primera etapa requieren del apego de adultos capacitados para atenderlos, pero en Chile, estamos lejos de lograrlo, salvo que se tenga el poder adquisitivo suficiente para pagar por ello.

Lograr un cambio cultural en la visión de los roles de género, una adecuada red de apoyo y trabajos de calidad se ve lejano en nuestro país, sobre todo cuando las medidas de conciliación entre vida familiar y laboral (como el teletrabajo y flexibilidad horaria) son principalmente utilizadas por mujeres, lo que en definitiva sólo aumenta la situación de  “participante secundario”  de la mujer en el mundo laboral.

 El poder ejecutivo y legislativo se deben hacer cargo de la realidad y deben tomar medidas que obliguen a los padres trabajadores a hacer uso de derechos que permitan conciliar la vida familiar y laboral. Es así que medidas tales como mejorar el post natal parental, aumentando su extensión, igualar las licencias por enfermedad de los hijos entre padres y madres trabajadoras, implementar un sistema de información de remuneraciones (independiente si es hombre o mujer quien detente el cargo) son solo algunos de los caminos que se pueden seguir a fin de disminuir esta gran brecha que existe en razón del género.

El pensar en una equidad de género en el ámbito laboral es solo una utopía si no erradicamos de nuestra sociedad, la idea de que la mujer es cuidadora y el hombre es el proveedor, ya que la realidad actual dista de ello, de hecho, muchas familias dependen económicamente de manera exclusiva de los ingresos económicos de las madres trabajadoras, por lo que seguir atribuyendo a la mujer el cargo de “cuidadora” ( recibiendo por ello menores sueldos que los hombres), olvidando que también es proveedora, es transitar con una venda en los ojos por  el incorrecto camino que nos lleva a la desigualdad.

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