La menopausia volvió a instalarse como una conversación pública a partir de una nota publicada por La Tercera, que abordó mitos, síntomas y formas de acompañamiento para mujeres que atraviesan esta etapa, con testimonios y voces especialistas que permiten mirar el tema más allá de la salud individual: también como un desafío para parejas, familias, equipos y liderazgos que conviven diariamente con sus efectos.
Aunque suele asociarse al fin de la menstruación, la menopausia forma parte de una transición más amplia, que puede extenderse por años y afectar múltiples dimensiones de la vida cotidiana. Según explicó María Carolina Rodríguez, directora de la Escuela de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello, “reducirlo a eso sería simplificar un proceso mucho más amplio.” La especialista precisó que el climaterio o transición menopáusica marca el paso desde la etapa fértil a la no fértil y puede comenzar alrededor de los 40 años.
Esa mirada es relevante para el mundo laboral, porque muchos de sus síntomas no son visibles ni fáciles de explicar. Bochornos, alteraciones del sueño, cansancio, irritabilidad, ansiedad, dificultad para concentrarse o la llamada “niebla mental” pueden impactar el desempeño, la convivencia y la autopercepción de las mujeres, especialmente cuando el entorno interpreta esos cambios como rasgos de carácter y no como parte de un proceso fisiológico.
Síntomas invisibles
Uno de los principales puntos planteados en la fuente original es que la falta de información sigue siendo una barrera. La periodista Montserrat Álvarez, autora del libro “Sin bochornos: prepárate para la menopausia”, relató que incluso en la consulta médica encontró respuestas insuficientes. “Ahí entendí que este tema estaba muy poco abordado incluso por los propios médicos.”
En contextos organizacionales, esa desinformación puede traducirse en silencios, estigmas o interpretaciones equivocadas. Si una trabajadora enfrenta trastornos del sueño, cambios anímicos o dificultades de concentración, el liderazgo puede leer esas señales como falta de motivación, baja productividad o problemas de actitud. Sin embargo, como sostuvo Rodríguez, “se piensa que la mujer está de mal humor por la edad, cuando en realidad hay cambios fisiológicos reales.”
La dimensión emocional también aparece como un punto crítico. El testimonio de Angie, una mujer de 44 años que ya comenzó su proceso de menopausia, muestra cómo esta etapa puede generar extrañeza frente a una versión distinta de sí misma. “Es como un ‘yo’ en exceso: muy irritable, muy contenta o muy enojada.” Esa experiencia no solo afecta la vida personal, sino también los vínculos y la forma de habitar los espacios cotidianos, incluidos los laborales.
Liderazgo empático
Para la gestión de personas, el desafío no consiste en medicalizar la experiencia laboral, sino en abrir conversaciones más informadas sobre bienestar, salud mental y acompañamiento. La menopausia puede requerir escucha, flexibilidad, respeto por la privacidad y liderazgos capaces de distinguir entre un problema de desempeño y una necesidad de apoyo.
La fuente también subraya la importancia del acompañamiento. Claudia Conserva, quien compartió públicamente la relevancia del apoyo de su pareja durante esta etapa, señaló que ese gesto “habla del interés hacia los cambios que está experimentando la persona que amas.” Aunque su experiencia se sitúa en el plano de la pareja, la idea puede proyectarse al mundo del trabajo: comprender no significa invadir, sino generar condiciones para que las personas no vivan sus procesos en soledad.
La sexualidad, el peso, el sueño y la salud mental aparecen en la nota como dimensiones especialmente sensibles. La psicóloga y sexóloga Valentina Schilling planteó que “la sexualidad cambia, no desaparece”, mientras que la nutricionista Valentina Arroyo advirtió que muchas mujeres sienten que hacen lo mismo de siempre, pero su cuerpo responde distinto. En ambos casos, el mensaje central es el mismo: los cambios existen, son reales y requieren comprensión.
Bienestar laboral
El artículo original también menciona recomendaciones concretas: consultar a tiempo, evaluar terapia hormonal cuando los síntomas afectan la calidad de vida, priorizar la salud mental, realizar entrenamiento de fuerza, cuidar la alimentación, proteger el sueño, adaptar la sexualidad y hablar sin vergüenza. En el ámbito laboral, estas orientaciones refuerzan la necesidad de políticas de bienestar más integrales y menos centradas únicamente en indicadores de productividad.
Para las áreas de recursos humanos, liderazgo y cultura, la menopausia plantea una oportunidad: incorporar una mirada de ciclo de vida en la gestión de personas. Eso implica reconocer que las trayectorias laborales están atravesadas por cambios biológicos, emocionales y familiares que pueden requerir apoyos diferenciados sin reducir a las personas a sus síntomas.
La conversación, hasta ahora muchas veces relegada al espacio privado, comienza a adquirir relevancia pública. Y en organizaciones que buscan atraer, cuidar y retener talento, hablar de menopausia también es hablar de inclusión, salud laboral, liderazgo y sostenibilidad del trabajo.
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