El diseño de oficinas volvió al centro de la conversación sobre bienestar laboral después de que Infobae difundiera una serie de investigaciones que vinculan a los espacios abiertos con más distracciones, mayor carga cognitiva y un incremento del estrés laboral, en un contexto en que muchas organizaciones siguen ajustando sus esquemas presenciales e híbridos.
Durante años, las oficinas abiertas se expandieron bajo la promesa de favorecer la colaboración, agilizar la comunicación y reducir costos. Pero la evidencia científica relevada muestra que, junto con esos beneficios, también pueden imponer una exigencia mental adicional a quienes trabajan allí, sobre todo cuando el ruido, el tránsito de personas y la exposición visual son constantes.
La discusión dejó de estar centrada solo en la distribución física del espacio. Hoy el foco se desplaza hacia su impacto en la salud mental, la concentración, el rendimiento y la experiencia diaria de trabajo. En ese marco, el diseño de oficinas aparece cada vez más como una decisión de gestión de personas y no únicamente de infraestructura.
Diseño de oficinas y carga cognitiva
Uno de los estudios citados fue desarrollado por especialistas de la Universidad Politécnica de Valencia y la Universidad de Cádiz, que analizaron la actividad cerebral de personas adultas en oficinas abiertas y en cápsulas cerradas de trabajo mediante auriculares inalámbricos de EEG. Los resultados mostraron que, en los espacios abiertos, las ondas gamma aumentaron de forma constante, al igual que las theta y otros indicadores asociados al esfuerzo mental, la fatiga y la memoria de trabajo.
Ese hallazgo refuerza la idea de que el cerebro no deja de registrar lo que ocurre alrededor, incluso cuando la persona intenta concentrarse. En ambientes abiertos, debe invertir recursos extra para filtrar conversaciones, movimientos e interrupciones visuales. En las cápsulas cerradas, en cambio, los participantes pudieron realizar las mismas tareas con menos interferencias y menor esfuerzo cerebral.
La neurocientífica Susan Hillier, citada en el contenido original, resumió que la actividad gamma se vincula con tareas que demandan una concentración más enfocada. La conclusión general del estudio fue que, en oficinas de planta abierta, los cerebros de los participantes “tenían que trabajar más para mantener el rendimiento”.
La investigación se concentró en regiones frontales del cerebro, responsables de la atención y la concentración, y monitoreó distintos tipos de ondas cerebrales, entre ellas gamma, beta, alfa, theta y delta. El patrón observado no sugiere solo una mayor activación, sino una sobrecarga cognitiva que, sostenida en el tiempo, puede afectar tanto el bienestar laboral como la calidad del desempeño.
Ruido, estrés laboral y experiencia diaria
La evidencia reunida también incluye un estudio de 2021 que detectó, bajo condiciones controladas, un aumento del 25 % en el estado de ánimo negativo y del 34 % en el estrés fisiológico en oficinas diáfanas. Para medir ese impacto, los investigadores utilizaron frecuencia cardíaca, conductividad cutánea y análisis facial de emociones con inteligencia artificial.
Los participantes realizaron tareas habituales de oficina, como monitorear notificaciones, responder correos electrónicos y memorizar listas de palabras. Cada persona fue observada primero en un espacio abierto junto a colegas y luego en una cápsula individual con paneles de vidrio. La diferencia entre ambos entornos permitió asociar el deterioro del bienestar laboral no con tareas excepcionales, sino con exigencias rutinarias de la jornada.
Ese punto es especialmente relevante para las organizaciones. Si la concentración requiere un esfuerzo mayor en contextos abiertos, la productividad no necesariamente cae de inmediato, pero puede sostenerse a costa de más desgaste mental. El costo del modelo no siempre aparece en indicadores visibles al comienzo, aunque sí en cansancio, irritabilidad, estrés laboral y menor confort psicológico.
La discusión, entonces, no enfrenta de manera simple oficinas abiertas contra oficinas cerradas. Lo que muestran los estudios es que el diseño de oficinas condiciona la forma en que las personas atraviesan el trabajo cotidiano y que la configuración del espacio puede facilitar o entorpecer la concentración según el tipo de tarea y el nivel de exposición al entorno.
Diferencias individuales y exposición constante
Otro dato relevante es que el impacto no es uniforme. En el estudio español con EEG, algunos participantes mostraron un incremento marcado del esfuerzo mental, mientras otros registraron cambios más leves frente al mismo entorno de oficina abierta. Esa variabilidad sugiere que los factores personales influyen de manera decisiva en la forma en que se experimenta el espacio de trabajo.
Las investigaciones también examinaron cómo el género puede modificar esa experiencia. En una investigación longitudinal sobre una firma de abogados que adoptó un modelo de planta abierta, surgieron diferencias notables entre hombres y mujeres. Las trabajadoras reportaron sentirse observadas constantemente, algo que no se replicó entre los empleados varones. Algunas además señalaron que modificaban su vestimenta para proyectar mayor profesionalismo o para pasar inadvertidas, según el contexto y el rol.
La sensación de visibilidad permanente aparece así como otra fuente de malestar. Más allá del ruido, la distracción visual y la conciencia de ser observado también pueden afectar el rendimiento y el bienestar laboral. La investigadora Hirst sintetizó esa vivencia con una frase elocuente: “no hay ningún lugar donde no te sientas observada”.
Qué cambios recomienda la evidencia
Frente a este escenario, las medidas sugeridas apuntan a introducir mayor flexibilidad en el diseño de oficinas. Entre ellas se mencionan tratamientos acústicos, tecnologías de aislamiento y uso estratégico de mamparas para reducir distracciones auditivas y visuales. También se destaca la importancia de ofrecer salas privadas o zonas de silencio, de modo que cada persona pueda elegir el entorno más adecuado para su tarea.
A eso se suman el diseño ergonómico y la evaluación regular de las necesidades específicas de cada equipo. Aunque estas intervenciones pueden implicar una inversión inicial mayor que la de las oficinas abiertas tradicionales, la evidencia relevada sugiere que esa decisión puede compensarse con mejoras en productividad, satisfacción y retención. En esa lógica, reducir ruido, exposición e interrupciones deja de ser un beneficio accesorio y pasa a formar parte de una estrategia concreta de bienestar laboral.