El envejecimiento de la población trabajadora se ha convertido en una variable estructural detrás del aumento de las bajas laborales en España, en un escenario marcado por carreras profesionales más largas y un retraso de la jubilación efectiva, según informó La Vanguardia en julio de 2026 a partir de un estudio presentado por el Consejo General de Graduados Sociales. El fenómeno alcanza una tasa del 5,5% sobre el total de trabajadores afiliados y sus efectos se extienden a la organización del trabajo, la sostenibilidad del sistema de protección social y la competitividad de las empresas.
El diagnóstico apunta a que las bajas laborales han dejado de responder a una situación coyuntural. El informe identifica como principal causa de este cambio el envejecimiento de los trabajadores, resultado tanto de la evolución demográfica general como de la prolongación de la vida laboral y del aumento de la edad efectiva de jubilación. La combinación de estos factores ha llevado a una presencia récord de personas de edades avanzadas dentro de las plantillas.
“El envejecimiento de la población trabajadora debe considerarse una variable estructural del absentismo laboral en España”. Así lo establece el informe, que también precisa que la edad no constituye la única explicación del fenómeno, aunque sí tiene un peso sustancial. El planteamiento vincula directamente la transformación de la composición etaria de las empresas con la evolución que están registrando los procesos de incapacidad temporal.
Plantillas envejecidas
Uno de los datos que refleja con mayor claridad este cambio está en el crecimiento del grupo de trabajadores de 50 años o más. En 2019, este segmento estaba compuesto por 4,2 millones de afiliados. En 2025, la cifra había aumentado hasta los 5,7 millones, evidenciando el mayor peso que están adquiriendo las edades avanzadas dentro de la fuerza laboral española.
El aumento se produce al mismo tiempo que las carreras profesionales se extienden y la edad efectiva de jubilación se retrasa. De esta manera, las empresas cuentan con plantillas progresivamente más longevas, una transformación que el estudio considera relevante para comprender por qué las bajas laborales han adquirido un carácter estructural y no pueden explicarse únicamente como una variación temporal.
Esta modificación de la composición de las plantillas tiene consecuencias sobre los procesos de incapacidad temporal en diferentes dimensiones. De acuerdo con el análisis, el impacto se observa tanto en la frecuencia de las bajas como en su duración y tipología. Por ello, el envejecimiento aparece como uno de los elementos centrales para entender la evolución conjunta de los principales indicadores examinados.
Indicadores al alza
El crecimiento de las bajas laborales se refleja, entre otros elementos, en la incidencia mensual, que mide el número de nuevos procesos. Al comparar 2023 con 2025, este indicador pasó de 37,37 procesos mensuales por cada mil trabajadores a 40,89. El informe también constata incrementos en los procesos iniciados y en aquellos que permanecen activos.
Esta evolución tiene consecuencias directas para la organización del trabajo. La fuente señala que el fenómeno resulta especialmente disruptivo para las pymes, debido a que las ausencias obligan a reorganizar los equipos. Así, el incremento de las bajas laborales no se limita a un indicador relacionado con la incapacidad temporal, sino que también repercute en la forma en que las empresas deben gestionar diariamente sus plantillas.
Otro de los indicadores que registra un fuerte crecimiento es la prevalencia, es decir, la cantidad de trabajadores que se encuentran ausentes al mismo tiempo. En 2019, la cifra era de 34,09 trabajadores por cada mil. Para 2025 había alcanzado los 57,53 por mil, lo que representa un incremento cercano al 70%. El resultado muestra que, año tras año, aumenta la cantidad de personas que se encuentran simultáneamente fuera de sus puestos de trabajo.
El conjunto de estas cifras sustenta la conclusión principal del estudio: las bajas laborales se han consolidado como un problema estructural en España en un contexto de envejecimiento de la población trabajadora. La mayor presencia de personas de 50 años o más, la prolongación de las carreras profesionales y el retraso en la jubilación efectiva confluyen con el aumento de la incidencia y la prevalencia de la incapacidad temporal, configurando un escenario que impacta tanto la organización de las empresas como el sistema de protección social y la competitividad.
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