Anna Bou Jorba y Tordera. Y la barca de los pájaros…

En “Anna Bou Jorba y Tordera. Y la barca de los pájaros…”, Ricardo Espinoza Lolas convierte una experiencia artística en una reflexión sobre poesía, comunidad y acontecimiento. A partir de una intervención escénica en el Teatre Clavé de Tordera, el texto propone una lectura del arte como fuerza capaz de abrir sentido colectivo en tiempos marcados por la dureza, la fragmentación y la dificultad de imaginar lo imposible.

Ricardo Espinoza Lolas.

En una noche estival de 2026, en un pueblo catalán, no muy lejos de la Costa Brava, llamado Tordera, aconteció algo realmente único. Este pueblo tiene unos cuantos miles de habitantes y también un teatro (Teatre Clavé) que es realmente increíble, porque es como un gran barco que conecta a la comunidad entre sí y le permite embarcarse en la navegación por algún nuevo mar que le posibilite asumir un presente a veces tan duro y complejo como el que vivimos hoy. Este mar fue el de la poesía de Anna Bou Jorba y, en especial, el de un poemario muy expresivo en torno a ciertas imágenes que nos constituyen a todos. Este poemario se titula El cirurgià de màscares.

De suyo, es difícil “teatralizar” un poemario; por lo general, lo que se le hace es representarlo bajo una mímesis bastante añeja y cutre que no tiene nada que decirnos en la actualidad, pero que, a su vez, todos pueden entender (y esto se ve como algo bueno). Empero la representación siempre esconde al poema y no lo deja vivir, respirar, salir a la luz; no le da piel ni cuerpo, lo agobia, lo seca, lo castra. La representación no es el elemento del poema: nunca lo ha sido. Uno niega al otro. Sin embargo, en Tordera, una tarde que se volvía noche ante cientos de habitantes del pueblo, se dio algo distinto: la poesía de Bou no se le representó, sino que se expresó en diversos soportes materiales, realizados al detalle de la precisión, por distintos lugares del pueblo, en espacios cerrados como abiertos, desde bibliotecas hasta calles y plazas, pasando por autobuses, patios y el propio teatro, en tanto monumental edificio. 

Unos versos escritos en paredes, unos poemas sonorizados y cantados de modo actual dando una sensación sonora sensual en la materialidad de los poemas de Bou que nunca antes se pudo ver ni imaginar, otros versos declamados de un modo muy especial por no actores, sino por distintas colectividades, incluso por autistas, otros por actores, unos literalmente bailados por las calles o en algunos lugares muy especiales, como cantados al interior de un autobús, otros declamados por niños, otros por adultos, bailados por danzarines y entre todos nosotros los presentes,  interviniendo los espacios y creando una comunidad, como si fuéramos algún tipo de ave estival que se echa a volar. Un evento realmente espectacular cuando ya la noche ha caído y sigue dando de sí esta imagen sonora de los versos y poemas de la poeta, que ella misma, entre todos los presentes-pájaros, deviene otro tipo de ave muy especial. Estamos ante el acontecimiento verdadero del teatro y, de verdad, de la poesía. Y es lo más griego que he visto alguna vez en mi vida. Nietzsche habría estado feliz ante este fenómeno dionisíaco aconteciendo en Tordera (era una especie de Sils-Maria). Yo lo estaba, bailando en los aires…

Es evidente que hay muchos meses de trabajo y alta precisión en los detalles y en los hitos que marcan el devenir de los habitantes-pájaros de Tordera a través de los poemas de Bou; y en este trabajo se articulan varios colectivos en torno al Teatre Clavé para generar una barca poética que posibilita al pueblo recrearse, volverse jovial, dinámico, ligero al comienzo del cálido verano catalán. Se vuelven todos pájaros y se respira con más aire en las alturas y todo se vuelve liviano y las sonrisas expresan los rostros.

En tiempos en los cuales ya al parecer no podemos ni soñar con lo imposible, menos realizarlo, pues cualquier “mayo del 68” está condenado al fracaso más estrepitoso (los ejemplos son variados de esto en todo el planeta), nos queda el arte, algún tipo de arte como el de Tordera, como el del Teatre Clavé para realizar ese imposible, y con esto me refiero a algo tan simple, pero difícil de desarrollar hoy en día. Así como en el siglo V a.C. Sófocles fue construyendo Atenas como la pólis por excelencia de su tiempo por medio de sus tragedias, en especial, con Antígona. En la actualidad se necesitan esos Sófocles, esos teatros, esas fiestas dionisíacas para construir ese tejido ético político, esa barca de humanos que en comunidad de diferentes pueden salir adelante. 

Con Josep Navarro y su equipo de colaboradores, a la cabeza con Fanny Masero, y con los diversos colectivos de Tordera, con el gran apoyo del ayuntamiento y su alcaldesa y otras instituciones locales, han realizado lo imposible, construir una barca para estos tiempos después de meses de arduo trabajo para que en un poco más de dos horas, como todo arte efímero, se desvanezca y quede la sensación de lo que fue ese evento y con ello un bellísimo sentimiento de comunidad; pero todo esto no es posible, sin el poeta. Y no cualquier poeta. Uno que en su poesía, su mirada, puede tener un verso que en el detalle material nos dé la fuerza para levantarnos como pájaros y de este modo algo grande ocurre entre todos NosOtros y podemos navegar por algún mar que dé sentido a lo que somos: un mar que construimos entre todos. Estamos ante los poemas materiales, los planos de inmanencia de los versos de Anna Bou.

Un rasgo fundamental de la poesía de Bou Jorba es que cuando aparece la imagen, su carácter narrativo ya no es externo ni vacío, sino radicalmente expresivo. Es una imagen con alta precisión en el uso del lenguaje. Hay una precisión extrema en la composición del verso, pero no es una poesía formalista en el sentido clásico, ni de cosas. Es una poesía con ritmo, con movimiento, con un tipo de aceleración, nunca circular ni de relojero, casi nunca con rima explícita. No es una poesía de TikTok, no es una poesía vacía, facilona para agradar, para generar un efecto inmediato en quien lee. Es una poesía que construye su poemario, su barca, contigo que la lees en un instante determinado, que es una poesía performativa, que termina contigo, que se encarna en ti o, dicho de otra forma, se inicia contigo cuando la lees con todo tu cuerpo; y, por tanto, te eleva como algún tipo de estornino. 

Y esto lo vio de forma increíble y magistral el Teatre Clavé en su espectáculo expresivo “La mirada del Poeta” (proyecto cultural comunitario y bienal de Tordera). Hizo cuerpo expresivo en una lógica de diversos soportes materiales, los poemas de Bou y en ello aconteció esa Barca del NosOtros por unas horas antes de desvanecerse ante nuestros ojos: fuimos todos una bandada de aves, en esas calles, por algún tiempo inmemorial. Luego desapareció… pero es un desvanecimiento que no es radical, porque a los que asistimos al evento nos ha transformado y desde ahora queremos retornar, en algún momento de la vida, a alguna Tordera para que volvamos a ser ligeros como los pájaros: como los del pueblo que nos guiaban por las calles y como los pájaros versos que nos elevaban jovialmente.

Polignano a Mare, 10 de julio de 2026

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