Alfredo Molina, psicólogo y consultor: Reinventar las organizaciones

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El profesional está abocado a impulsar el emprendimiento consciente y la economía del bien común.

Para Alfredo Molina, fundador de Medita Chile, psicólogo, MBA, consultor, autor de la novela “La Danza de la Lechuza” y del libro “Sati, Meditación en Acción”, las organizaciones se constituyen como una interfase entre el individuo y el colectivo. Sin embargo, muchas veces se tornan autorreferentes y olvidan su doble origen: “Niegan a la persona y olvidan el bien común, que es la sustancia prima de la sociedad. Cuando eso ocurre las organizaciones se vuelven egoístas y poco saludables”, dice Molina.

¿En qué se traduce esa falta de salud?

-Se traduce en malestar. Las personas dejamos de sentirnos bien cuando la organización niega la subjetividad, niega la naturalidad de tu ser creativo, de tu ser emocional, de tu ser corporal. Al alejarnos de nosotros mismos, al alienarnos, al estar en función de solamente indicadores que son significativos para la organización pero que desconsideran a la persona o al bien común, nos sentimos mal y perdemos el sentido del trabajo.

¿Cómo defines bien común?

-Es un valor o un conjunto de valores que podemos compartir. Normalmente, el bien común se establece en las constituciones de los países, o en la declaración de valores de una empresa o comunidad. Es algo que consideramos valioso, algo que apreciamos y que nos incluye a todos. Pero más allá de las constituciones, el bien común es una ética que podemos hallar dentro de nosotros mismos y en nuestras relaciones con los demás, en nuestra convivencia.  Aprender a convivir en el respeto mutuo para mi es una de las bases del bien común. Otra base es cultivar un mayor estado de consciencia del ser complejo que uno es; esto, a través de la auto-observación y el desarrollo de una atención plena. Esclarecer nuestra idea de bien común es algo fundamental para una buena gerencia, un buen emprendimiento y una buena vida.

Economía del bien común

Para Molina, un hecho relevante aquí es la consideración de la economía. “Como sabemos, la economía es un codeterminante de nuestras relaciones y de nuestra subjetividad. De ello resulta que es difícil pensar en un cambio profundo y sustentable en nuestra consciencia subjetiva o en nuestras relaciones de convivencia si no hacemos también un cambio en nuestras reglas de producción e intercambio comercial, en las reglas del sistema económico”, asegura el consultor. De allí surge la necesidad de pensar en “una nueva economía, precisamente en una economía que se haga cargo del bien común, una economía que subordine el capital a la ética. En esa línea el desarrollo de emprendimientos éticos puede ser un gran aporte. El imperativo de una empresa ha de ser el bien común, no maximizar las utilidades de los dueños”.

¿Por qué motivo un dueño que maximiza utilidades cambiaría el paradigma? ¿O se trata de una propuesta para personas que piensan diferente? 

-Creo que las nuevas generaciones van a entrar más rápidamente en resonancia con las propuestas de emprendimiento consciente. En ellos está más presente el bien común, el sentido de comunidad. Un emprendedor tradicional normalmente destina un porcentaje pequeño de sus utilidades al presupuesto de responsabilidad social y con eso se tranquiliza. Pero quizás no es suficiente para lograr un verdadero bienestar y eso se refleja en un malestar de sus colaboradores cuando por ejemplo miden los niveles de clima laboral o hacen la encuesta Great Place to Work y se encuentran con sorpresas, no lo pueden entender. Y se preguntan por qué tengo estos resultados tan malos y exigen a sus ejecutivos que mejoren sus resultados, pero hay un problema de fondo. El concepto mismo de su empresa, de su emprendimiento ha olvidado el bien común, que es la razón de ser de su emprendimiento.

Cooperación universal

Para Alfredo Molina, otra regla que debemos modificar es la de la competencia: “competir nos hace mal”, dice. “Necesitamos adoptar una lógica de cooperación radical y en todas direcciones, una cooperación que sea universal. Es necesario recuperar el sentido de comunidad, la inteligencia colaborativa y la consciencia de nuestra interdependencia”, afirma.

¿Qué se puede hacer para lograr esto?

-A nivel de gestión, me parece una buena práctica hacer balances éticos o balances de bien común en las empresas, conjuntamente con la educación permanente en valores y en formas positivas de convivencia. Y algo muy importante: la desalienación del sujeto, la recuperación de su subjetividad, de su interioridad, es clave. La organizaciones han de ser espacios de realización de lo subjetivo, del ser que cada uno es. Las empresas no pueden seguir siendo cárceles psíquicas, espacios de pura fragmentación, en las que debes postergar tu creatividad, tus emociones y tu corporalidad por 9 horas al día.

Empresas completamente diferentes…

-Hay que reinventar nuestras organizaciones, nuestras relaciones y nuestra sociedad, esto es un imperativo. Hacerlo desde una perspectiva ética es la mejor decisión que podemos tomar. Emprender conscientemente, es decir, poniendo el bien común en primer lugar, es un vector de cambio económico y social que nos ofrece un nuevo horizonte de perspectivas y posibilidades. También es un vector de cambio de consciencia. La codicia no es el core de la naturaleza humana, somos mucho más complejos y bastante mejores que eso. La generosidad y el deseo de que todos los seres tengan paz y felicidad habita en nuestro corazón, y es a través de la acción consciente que podemos plasmar una nueva manera de hacer las cosas que represente esos valores. Lo interesante es que al emprender conscientemente estás trabajando en dos direcciones simultáneamente: creando valor social y cultivando tu propia consciencia.

¿Cómo llegas, Alfredo, a esta mirada de las organizaciones?

-En mi biografía, la meditación es un hito relevante. Yo partí con esto siendo bastante joven, en mi adolescencia, y tuve la suerte de sostener una práctica meditativa a lo largo de mi vida. Y esto ha tenido un impacto en la evolución de mi rol en el espacio laboral. Partí con un trabajo de consultoría tradicional en el área de RH más bien respondiendo a los objetivos declarados en los planes estratégicos y ese tipo de cosas y poco a poco fui migrando hacia la consideración de la consciencia como un factor fundamental a la hora de hacer organizaciones. Desde el momento en que la consciencia se instala como una condición principal yo te diría que cambia mi mirada, desde una ontología estratégica a una ontología de la conciencia. Efectivamente hay un desplazamiento y estoy muy feliz de haber vivido ese proceso de cambio.

¿Y qué rol puede tener la meditación en una organización? 

-El rol de la meditación en el desarrollo de organizaciones conscientes es muy importante, quizás sea la práctica fundamental que nos permita pasar de una etapa egótica a una verdaderamente saludable. En primer lugar, porque restituye la subjetividad de la persona, es decir, la cura de su alienación y pérdida de sentido en el mundo del trabajo. Por otra parte, porque tiene un impacto significativo en la calidad de nuestras relaciones, en nuestra convivencia. La meditación es un mediador de la empatía social y la cooperación, y se asocia directamente al desarrollo de una ética personal y colectiva, en donde la generosidad y la consciencia del bien común ocupan un lugar central. Meditar no es difícil, todos lo hacemos de alguna manera, solo que si la llevamos al nivel de una práctica organizacional multiplicaremos sus beneficios. 

Incubadoras Conscientes

Alfredo Molina cuenta acerca de una estrategia muy interesante de transformación organizacional: las incubadoras de emprendimiento consciente. “En ellas vives durante un período de nueve meses un proceso tanto personal de autoexploración como de desarrollo y planificación de tu emprendimiento”, relata. Se trabaja en dos direcciones: “autoconociendo tus fortalezas, debilidades, intereses, tus propósitos y tus estructuras de sentido y al mismo tiempo formándote en aquellas habilidades de gestión y emprendimiento que necesitas”.

En estos momentos, Molina se encuentra acompañando un grupo de emprendimiento de estas características que tienen que ver con el desarrollo del bien común y de la conciencia. “Son ocho emprendimientos en total, algunos en el ámbito de la educación, otros tienen que ver con pueblos originarios, con rescate de lenguajes y de arquitecturas de pueblos ancestrales. Hay algunos relacionados con salud integral y con bienestar y otros que tienen que ver con alimentación saludable”, cuenta. 

El consultor agrega que “todos estos emprendimientos conllevan en sí un propósito muy bonito y al mismo tiempo muy potente en cuanto al aporte que pueden tener para nuestro país y para las comunidades donde se desarrollan, y en la medida en que tengamos más incubadoras de emprendimiento consciente, vamos a ir cambiando desde lo micro el carácter de la economía del macro sistema. De esta manera nos salimos del tema de la competitividad y nos metemos en la colaboración completa, trabajamos juntos, en co-working, subordinando todo tema de utilidades al bien común”. Para Molina, el punto aquí no es la rentabilidad sino la sustentabilidad.

“Y también le damos un espacio muy grande a la realización de la persona, donde su trabajo se vuelve un espacio de realización personal, de creatividad y de desarrollo integral”, agrega. Alfredo Molina piensa que en la medida en que vayamos aumentando la tasa de emprendimientos conscientes “podemos tener la posibilidad de incidir en un cambio más macro. Hoy es un pequeño club de innovadores que estamos haciendo esta apuesta pero en el futuro podría ser esto un carácter de nuestra economía”.

Esta entrevista fue publicada en RHM 105, marzo de 2017.

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