Según informó La Vanguardia, la periodista, sexóloga y escritora Mara Mariño (Madrid, 1992) advierte que la tecnología y las redes sociales, lejos de ser espacios neutros, se están utilizando para violentar y someter a las mujeres, mientras se normaliza un modelo de consumo que abarca desde la pornografía y plataformas como OnlyFans hasta “novias digitales” creadas con IA.
La autora sostiene que estas expresiones no operan como hechos aislados. Al revisar sus propios artículos, concluyó que se repetían en distintos lugares del mundo y al mismo tiempo, lo que la llevó a escribir su segundo ensayo, #S3xpidemia (Loto azul), con el objetivo de entender el fenómeno y subrayar que “aún estamos a tiempo de hacer algo”.
En su análisis, Mariño describe un modelo de masculinidad que se consolida en entornos digitales a partir de una división: por un lado, mujeres “públicas”, “accesibles y siempre disponibles”, presentes en vídeos pornográficos, en OnlyFans o incluso generadas con IA, “concebidas para ser consumidas”. Por otro, mujeres encajonadas en el binomio “puta o virgen”, donde la “virgen” debe ajustarse a estereotipos rígidos, como renunciar a su carrera profesional, dedicarse al hogar y cargar con la crianza; salirse de esos roles, señala, expone a insultos, ataques o presiones para devolverlas “a su lugar”.
Educación digital frente a la pornografía y la violencia en línea
Una de las preocupaciones que plantea la autora es que “el porno llega a los más pequeños sin necesidad de acceder a él”. Frente a las propuestas de prohibición, afirma que prohibir la pornografía es complejo y, además, apunta a una falta de conciencia política clara sobre su impacto. En ese marco, menciona que en Reino Unido se han prohibido prácticas como el estrangulamiento en el porno.
Mariño también aborda los intentos de avanzar con sistemas de verificación de edad. Cita la experiencia de la “cartera digital beta”, que, según su evaluación, “no se ha traducido en ningún resultado”, y critica que muchos mecanismos se limiten a una casilla para confirmar ser mayor de 18 años. Para ella, el foco debe ponerse en una verificación efectiva, porque el problema no es solo el consumo: “la están aprendiendo y, en muchos casos, replicando”.
La autora ejemplifica la dimensión de la violencia digital con lo que observó en Telegram: “El grupo al que accedí se trataba de un chatbot” que, al ingresar, entregaba monedas virtuales gratuitas para “desnudar” imágenes subidas por usuarios. “Siempre eran mujeres”, describe, y explica que los créditos se renovaban a diario; si se agotaban, se podía esperar o comprarlos. Le impactó, además, que en San Valentín ofrecieran “un 10% extra de créditos” a quienes compraran monedas ese día.
Mariño señala que investigó y reportó el grupo a la plataforma, pero no desapareció en ese momento. Tras publicar un artículo, Telegram se contactó para pedirle añadir un párrafo aclarando que la plataforma no apoyaba esos contenidos, aunque el grupo no fue cerrado. Más tarde, sostiene, ese espacio desapareció, pero surgieron otros, y le llamó la atención el tono del mensaje, con promesas de que los datos no se almacenaban y una invitación reiterada a “diviértete”.
“Novias digitales”, deepfakes y la necesidad de protocolos
Otro fenómeno que Mariño describe son las “novias digitales” creadas con IA. A su juicio, su expansión se entiende por una sensación de soledad que muchos hombres expresan, pero cuyo debate, dice, se desplaza casi exclusivamente al terreno de la pareja. Lo llama “un sistema de apoyo social románticocentrista”, donde se depositan en la pareja funciones que no se comparten con el círculo masculino.
En ese escenario, plantea que, cuando las mujeres dejan de asumir ese rol y no existen espacios para que ellos se muestren vulnerables sin ser juzgados, aparece lo que denomina “solucionismo tecnológico”. Y advierte que lo que se ofrece no es amistad ni apoyo real, sino una experiencia diseñada para el consumo: el avatar reacciona a comandos y puede quitarse la ropa o adoptar posturas solicitadas. En su lectura, los cuerpos se representan como mujeres hipersexualizadas, lo que cuestiona la idea de que se trate solo de “soledad”.
También alerta sobre la falta de barreras efectivas en estas aplicaciones: afirma que sí se activan alertas ante referencias al suicidio o autolesiones, pero no cuando se habla de violación o agresiones. En paralelo, menciona el volumen de contenido sexual manipulado y apunta que con Grok “se generaron tres millones de deepfakes sexuales de mujeres y menores” en 11 días.
Respecto de la propuesta de prohibir redes sociales a menores de 16 años, Mariño valora que ponga el tema sobre la mesa, pero anticipa bajas expectativas por “demasiadas variables fuera de control” y dudas sobre la capacidad real de impedir accesos. Menciona, además, que si bien en OnlyFans los menores no pueden abrir perfiles, algunos usan el DNI de familiares o acceden mediante cuentas de adultos.
Qué propone para familias y escuelas
Desde el ámbito familiar y educativo, Mariño afirma que no basta con una asignatura de informática: plantea una formación más completa que aborde riesgos, efectos y cómo actuar ante cualquier forma de violencia digital. En centros educativos, sugiere profundizar el trabajo con grupos no mixtos: con los chicos, crear espacios para relacionarse más allá de la competitividad o el deporte, donde puedan hablar y compartir, y analizar el impacto de insultar compañeras, hacer memes humillantes o crear deepfakes, además de reconocer su potencial para actuar como “cortafuegos”.
Para las chicas, propone tres prioridades: aprender a identificar y nombrar la violencia para pedir ayuda; reforzar que redes e internet también son espacios para ellas, evitando que se alejen de un ámbito de alta influencia; y trabajar la cosificación, comprendiendo que la valía no depende de los “me gusta” ni del deseo o la mirada de otros.