A la trayectoria laboral femenina, le siguen pegando abajo

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Por María José Bosch, directora del Centro de Trabajo y Familia ESE Business School – U. de los Andes.

En muchas decisiones, cuando tenemos que evaluar alternativas, normalmente buscamos la que genera más valor, pero muchas veces, también buscamos la que provoca el mal menor. Eso sí, en este tipo de decisiones, siempre buscamos minimizar el efecto. ¿Podemos omitir el efecto no deseado? No, va a suceder igual.

La crisis de cuidado es algo que tiene a muchas organizaciones y estados preocupados. Esto se refiere al desafío que hay con el cuidado de personas dependientes. Si los trabajos siguen funcionando como si no hubiera personas dependientes, se produce un problema, ya que esas personas no dejan de existir. La consecuencia de esa omisión produce crisis en varios ámbitos de la sociedad.

Hay diferentes formas de enfrentar esta crisis: impulsando dinámicas de trabajo, donde se asume que todos tienen alguna responsabilidad de cuidado, tanto para hombres como mujeres. También, mayores ayudas del Estado como, por ejemplo: jardines infantiles para las personas que trabajan, excedencias para cuidados, entre otros. Igualmente, a nivel familiar es fomentando una mayor corresponsabilidad. O sea, donde todos somos responsables del cuidado y donde las tareas involucradas, son repartidas entre todos los miembros de la familia.

¿Pero qué pasa en Chile? Hay evidencia que las personas que usan beneficios de flexibilidad son evaluadas como menos comprometidas. Como esto impacta negativamente la carrera, la consecuencia es un uso menor de esta política. A nivel de Estado, la sala cuna universal sigue durmiendo eternamente en el Congreso, con poca o nula voluntad política de avanzar. Finalmente, la corresponsabilidad es un deseable que todavía no muestra avances significativos en nuestra sociedad.

Con este escenario, ayer sin previo aviso el Gobierno anunció que no solo va a adelantar las vacaciones de invierno, sino que también las va a alargar. La medida tiene una explicación razonable a nivel de salud. O sea, se busca el mal menor. El problema es que no se tomó ninguna medida para disminuir el efecto negativo en otras dimensiones ¿quién va a cuidar a esos niños? ¿quién deja de trabajar o pide vacaciones para cuidarlos? ¿asumimos desde antes que era la mujer o que había un adulto en el hogar para ese fin?

En los últimos años hemos puesto sobre la mesa el ser conscientes de las diferencias que existen en el trato, oportunidades, barreras y un largo etc. entre hombres y mujeres. Pero tanto en los peores momentos de pandemia, como ahora, no hemos generado los mecanismos, incentivos y la conciencia de que el cuidado es un tema de todos y no solo de ellas. Si no generamos cambios reales, donde por ejemplo sean los hombres los que pidan permiso para cuidar o donde las empresas den flexibilidad para padres y madres durante este julio, seguirán siendo ellas las responsables de cuidar. O sea, seguimos generando barreras y como diría Charly García, a la trayectoria laboral femenina “le están golpeando todo el tiempo, lo vuelven, vuelven a golpear. Nos siguen pegando abajo”.

Esta columna fue publicada en Diario Financiero.

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