8M: de exorcismos y otras yerbas

En una fecha marcada por la memoria y la resistencia, esta columna de Marcela Mandiola cuestiona el retroceso simbólico y político que enfrentan hoy las mujeres en Chile, y advierte sobre el peligro de reinstalar miradas conservadoras bajo el discurso del orden, la seguridad y el empleo.

Por Marcela Mandiola Cotrone, Ph.D. Colectivo HechoenGénero. 

Lo que se siente hoy no es optimismo. Lo que se siente hoy ni siquiera es satisfacción respecto del camino recorrido y los logros alcanzados. Lejos de pensar que nos movemos hacia adelante, hoy constatamos que vamos literalmente para atrás.

Tres días después de este 8M cambiaremos de gobierno. En un par de días daremos un giro brutal en la posición política de quienes nos gobernarán. En una columna anterior en este mismo medio quise referirme a la desafortunada reinstalación de la posición de Primera Dama. Nada personal en contra de la señora Pía Adriasola. Lo que aquí confronto es el rol conservador de la mujer puramente madre, la mujer como mera compañía, la mujer en segundo lugar. El gobierno que ocupará La Moneda en pocos días vuelve a instalar aquello que se había dado por superado entregando un contundente mensaje a las mujeres: binarismo, heteronormatividad, reproducción serial y caridad. No contento con eso, el futuro gobierno nombra en el cargo de Ministra de la Mujer a una joven que cuenta entre sus gracias la de haber ejercido como exorcista en contra de prácticas sexuales inapropiadas para una mujer soltera. Una conocida comediante chilena se expresaría así: “atró, me muero, medieval, oscurantista, fatal”.

Aunque suene bizarro, seremos tal vez el primer país en el mundo que encargue el Ministerio de la Mujer a una exorcista. Ni a Regan McNeil se le hubiera ocurrido. 

Ahondar aquí en prácticas religiosas de corte fundamentalista es inoficioso. Lo que si vale la pena preguntarse es que entiende por ser mujer(es) la futura Ministra y el Electo que la designó. De qué manera se trabaja en beneficio de dicha comunidad desde la mirada de un Águila de Jesús. Si bien, la futura Ministra ha permanecido estratégicamente en estricto silencio, se ha adelantado que sus preocupaciones irán por el lado del empleo femenino, el trabajo contra la violencia de género y la seguridad. Así sin más, grandes titulares que no detallan estrategia ni táctica. Suenan bien, pero no dan pistas del modo en que serán puestos en práctica.

Se me atropellan las preguntas: ¿Simplemente tener empleo? ¿Empleo sin aprobar la ley de Sala Cuna Universal? ¿Empleo y brecha salarial o simplemente empleo? ¿Empleo y techo de cristal o simplemente empleo? ¿Empleo y precarización laboral o simplemente empleo? ¿Empleo feminizado? ¿Empleo y feminización de la pobreza o simplemente empleo? ¿Empleo sin cuidados?

Empleo para las mujeres o ‘empleo a las mujeres’.

Violencia contra la mujer (mejor no hablar de género). ¿Contra la violencia, pero fomento de la familia tradicional? ¿Contra la violencia, pero se hegemoniza la heteronormatividad? ¿contra la violencia mientras se niega la sexualidad? ¿Contra la violencia y se exacerba la virginidad? ¿Contra la violencia y la Primera Dama exclama: ‘el mejor sexo es el que no ejerce’? ¿Contra la violencia y se insiste el binarismo de género? ¿contra la violencia y se excarcelan violadores? ¿Contra la violencia y el silencio de la futura autoridad en el 8M? ¿Contra la violencia y se rechaza el aborto?

¿Contra la violencia y se enfrenta a mujeres contra mujeres? 

Seguridad, ¿seguridad y consagración de la impunidad?, ¿seguridad y el ‘escudo de américa’?, ¿seguridad y expulsión de la diferencia?, ¿seguridad y personeros de gobierno con prontuario?

Por ahora solo es posible decir que con ‘seguridad’ se ‘emplea’ una posición de incidencia para ‘exorcizar’ la rebeldía de las mujeres que históricamente ha conseguido logros de los que disfruta la futura Ministra. Ella estudió en la universidad y ostentará una posición de poder a los 30 años. Se ‘emplea’ el trabajo de quienes la antecedieron para reinstalar patrones conservadores que ‘aseguran’ la subordinación de las mujeres. Se ‘expulsan’ todas las intenciones que apuntaban a conquistar derechos mientras se demonizan esas mismas intenciones. Una ‘segura’ mujer practicante de exorcismos en pos del ‘empleo’ de la familia para el ministerio de la mujer tradicional. Un 8M para el olvido.

Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management

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