Por Carla Rojas. Académica y directora del Diplomado en Perspectiva de Género para la Gestión de las Organizaciones, Unegocios FEN U. de Chile.
Desde el voto femenino hasta las leyes contra la violencia laboral y de género, cada avance ha sido una conquista. En tiempos de postmachismo y discursos que relativizan la igualdad, defender lo logrado es más necesario que nunca.
El 8 de marzo no es solo un día para denunciar las desigualdades que aún persisten; también es una oportunidad para reconocer los avances conquistados por generaciones de mujeres. Sin embargo, la historia demuestra que ningún derecho está completamente asegurado. Los derechos de las mujeres pueden ampliarse con el tiempo, pero también pueden retroceder frente a crisis económicas, políticas, sanitarias o culturales.
Por eso, el mensaje de este 8M es claro: celebrar lo conquistado, pero también defenderlo activamente.
Nada de lo que hoy tenemos en materia de derechos de las mujeres ha sido regalado. Cada avance ha sido una conquista. El derecho a voto, el acceso a la educación superior, la participación política y las leyes contra la violencia y el acoso son el resultado de décadas de organización, movilización y lucha colectiva.
En el último período, Chile ha dado pasos importantes en esta materia. Bajo el liderazgo del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, encabezado por la ministra Antonia Orellana, y con un fuerte apoyo de la sociedad civil, se han aprobado diversas leyes que fortalecen la igualdad y la protección de los derechos de las mujeres.
Entre ellas destaca la Ley 21.645 de Conciliación de la Vida Personal, Familiar y Laboral, la Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres (21.675), que establece un marco legal robusto para prevenir, sancionar y erradicar la violencia de género, y la ratificación del Convenio 190 de la OIT, que promueve espacios de trabajo libres de violencia y acoso.
También se aprobó la Ley Karin (21.643), que modifica el Código del Trabajo para prevenir, investigar y sancionar el acoso laboral, sexual y la violencia ejercida por terceros, incorporando un enfoque preventivo y de género. A esto se suma la Ley 21.561, que reduce gradualmente la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales sin disminución de salarios.
Otro avance relevante es la Ley 21.484 de Responsabilidad Parental y Pago Efectivo de Pensiones de Alimentos, conocida como “Ley Papito Corazón”, que facilita el cobro de pensiones adeudadas. Gracias a esta ley ya se ha ordenado el pago de más de tres billones de pesos, beneficiando a más de 340 mil familias.
También celebramos avances en sectores históricamente masculinizados. Hoy la participación femenina en la industria minera alcanza cerca de un 23%, la profesionalización del fútbol femenino avanza, se promueven normativas que facilitan la incorporación de mujeres en la construcción y se impulsan iniciativas para aumentar la presencia de mujeres en directorios de empresas.
En varios de estos procesos —como la promoción de ambientes laborales libres de violencia, la implementación de la Ley Karin y la difusión del Convenio 190— he tenido la oportunidad de participar activamente. Estos avances demuestran que los cambios estructurales son posibles cuando existe compromiso institucional, participación de la sociedad civil y voluntad política.
Sin embargo, las mujeres también observamos con atención ciertos riesgos. En distintos contextos comienzan a aparecer expresiones del llamado postmachismo, una forma adaptativa del patriarcado que surge como reacción frente a los avances en igualdad.
El postmachismo busca mantener la dominación masculina utilizando discursos aparentemente neutrales o de “nuevos hombres”. Critica al feminismo calificándolo de exagerado o sectario, amplifica la idea de una supuesta victimización masculina y sostiene que las mujeres buscan privilegios, cuando en realidad lo que se exige es igualdad de derechos y oportunidades.
A esto se suman otros desafíos globales: conflictos geopolíticos, el avance del crimen organizado, crisis económicas y el ascenso de gobiernos de ultraderecha que, en distintos lugares del mundo, vuelven a relativizar derechos que parecían ya consolidados.
Por eso es tan importante recordar que cada uno de los avances que hoy celebramos ha sido posible gracias a la organización colectiva y a la convicción de que la igualdad no es negociable. Cada generación de mujeres ha abierto caminos que han permitido a otras acceder a espacios que antes estaban completamente cerrados.
Ese legado implica también una responsabilidad: defender lo conquistado.
El 8M no es solo memoria.
El 8M es acción.
Ni un paso atrás.
Las palabras tejidas en esta columna son el eco singular del autor, sin ataduras ni corsés editoriales. Aquí, la responsabilidad recae en quien escribe, no en las creencias de RH Management