Personalidad v/s Inteligencia Opinión

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Tendemos a pensar en la personalidad y la inteligencia como si fueran dos cosas distintas, pero en realidad están construidas con los mismos elementos, solo que en dosis algo diferentes.


Andrés Pucheu Profesor, Universidad de los Andes Doctor en psicología, MBA. Autor de artículos y libros como “Coaching para la Eficacia Organizacional”; “Lo que cambia son las personas” y “Desarrollo y Eficacia Organizacional”.

 

 


El primer elemento son las creencias con que construimos nuestra identidad, como por ejemplo “soy enojón” o “me estoy enojando”. Las personas que piensan en términos generales y sin una causalidad identificable, como es el caso de “soy enojón”, van a tener una mayor dificultad para adaptarse que aquellos que piensen en función de causas y efectos asociados a un contexto, como sería el caso si pensara “me estoy enojando porque tengo hambre”. Obviamente, si pienso que soy “depresivo”, “tímido” o “cobarde” me va a costar más desahogarme y manejar las causas que si pienso que hay algo que me da pena, tengo miedo de hablar en público porque no sé qué decir o me dan miedo los perros que ladran…



El segundo factor es el nivel de ansiedad que nos produce un cierto tema. Esto porque las amenazas o incertidumbre asociadas a las creencias que fundamentan nuestra identidad producen un alto nivel de angustia, bloqueando nuestra capacidad para reflexionar. Como dice la sabiduría popular, cuesta mucho hablar de política o religión sin que la gente se enoje y en realidad pasa lo mismo con las creencias y lealtades sobre las que hemos construido nuestras decisiones e identidad. Es por esto que nos cuesta analizar las generalizaciones estáticas con las que nos describimos y que nos hacen perder contacto con lo que está ocurriendo.

El tercer gran elemento son las normativas y restricciones culturales, junto a la presión social y los equilibrios que hacemos para no alterar a nuestras familias y amigos, que nos mantienen estables incluso en los ámbitos en los que podríamos llegar a cambiar.

En resumen: Actuamos en modo “personalidad” cuando nuestras creencias nos llevan a asumir que “somos” de una determinada manera, sin identificar causas o considerar el contexto. Por el contrario, cuando podemos pensar sobre las causas y los detalles de lo que está ocurriendo, aumentamos nuestra flexibilidad y efectividad, que es lo que asociamos a la idea de “inteligencia”.

Esta capacidad de razonar efectivamente aumenta en los ámbitos en que tenemos más lenguaje y menos ansiedad, lo que en su momento llevó a hablar de inteligencias múltiples, como en la teoría de Gardner.

¿Para que nos sirve entender esto?

La observación de la forma en que pensamos no sólo nos permite conectar múltiples teorías de la relación de ayuda, desde la de Albert Ellis a la de Robert Kegan, entre muchos otros, si no que además nos ayuda a entender cómo podemos potenciar nuestra efectividad y capacidad para innovar.

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