Un giro a la educación Entrevista

Captura de pantalla 2017-01-16 a la(s) 07.36.42

El académico Juan Pablo Subiabre investiga cómo darle un giro a la educación de negocios para ver si es posible que fomente más cooperación que competencia.

giro educaciónJuan Pablo Subiabre habla por Skype desde Inglaterra, donde se encuentra realizando un PhD en Management en la University of Bristol. El académico, que comenzó su carrera en la Universidad de Chile, es ingeniero comercial y master en gestión de personas y dinámica organizacional de la misma casa de estudios. Su tesis en el Reino Unido está bajo la tutela de dos supervisoras distintas, una en la escuela de management y otra en la escuela de educación. Esto, por la naturaleza de la investigación que está realizando, que se enfoca en futuros educativos en las escuelas de negocios. Su tema principal es la codicia.

“Mi propuesta original está centrada en las escuelas de negocios y cómo estas fomentan, naturalizan y normalizan ciertas dinámicas, como la competencia llevada a un punto que puede ser destructivo, la validación del consumismo como una alternativa de vida, como esta famosa frase de Horst Paulmann que dice ‘la vida en familia se hace en los mall’. Y dentro de eso está el tema de la avaricia corporativa y cómo se instala como un discurso que dice que la avaricia es buena, es el motor de nuestra economía, este pretérito tan viejo de Adam Smith que dice que en la medida en que todos busquen sus propósitos egoístas la sociedad en su conjunto va a estar mejor”, cuenta el académico.

El tema le comenzó a llamar la atención cuando vio unas noticias sobre la crisis subprime, en el 2008 o 2009, que contaban que unos ejecutivos estadounidenses con fortunas personales de seis mil millones de dólares, con la crisis habían pasado a tener dos mil millones de dólares, “una cantidad imposible de gastarse en un ciclo de vida, pero estas personas en lugar de comenzar de nuevo terminaron suicidándose”, cuenta Subiabre.

¿Cuáles son los efectos de la avaricia corporativa?

-La primera lección que me enseñaron en primer año de ingeniería comercial es que la economía es la ciencia que estudia la asignación de recursos limitados a necesidades ilimitadas. Bajo esa lógica, lo que gana uno lo pierde otro. Y para tener ese nivel de acumulación uno necesita desposeer a otros, lo que dice David Harvey sobre la acumulación por desposesión, o lo que decía Quino a través de su personaje de Mafalda que ‘nadie amasa una fortuna sin hacer harina a los demás’. Para mí, en ese sentido, tiene efectos en la desigualdad y también en conflictividad social.

¿Qué es lo que buscas con esta investigación?

-Busco cómo darle un giro a la educación de negocios para ver en qué medida es posible implementar una educación que fomente más cooperación que competencia. Primero estoy haciendo el diagnóstico del problema y más adelante quiero ver qué es lo que se puede cambiar y cómo, pero a priori, mi lógica tiene que ver con modificar las escuelas de negocios para torcer esto de la competencia hacia el lado de a la cooperación, la colaboración, la solidaridad. Lo han hecho otros autores, Dan Ariely habla de sesgos y de otras cosas pero siempre dentro de los estándares del mainstream, diciéndole al empresario: ‘tú tienes que fomentar la igualdad porque con esto vas a generar más recursos’. Desde mi opinión personal, más allá de intentar convencer a alguien de que va a tener mejores beneficios, para mí es una postura que es política, es una decisión valórica de poder decir ‘nosotros queremos que sea así’, no solamente porque podría funcionar mejor sino porque normativamente, políticamente, valóricamente, queremos que sea así porque consideramos que es justo.

¿Ves señales de un cambio?

-Sí, hay mucha gente que está muy cansada de vivir como se vive actualmente. Si bien hay una gran ola que todavía quiere subirse al carro del consumismo e individualismo, hay otra gente que viene de vuelta. Hay una opinión que corrió por Facebook de un tipo que dice ’tengo 30 años y estoy cansado’, y eso tiene que ver con el modelo productivo. La gente intuye que nos están sacando el jugo, que da lo mismo cuánto trabajes porque al final no tienes tiempo para ver a tus hijos, para jugar, para desarrollarse como ser humano integral, entonces todo se reduce a trabajo, satisfacción de necesidades económicas. Y creo que el tema va a explotar por el lado de la felicidad, la gente se ha ido dado cuenta de que si bien puede satisfacer sus necesidades económicas reventándose en el trabajo, al final no es feliz con eso, y yo creo que por ahí va la esperanza. Hay días que amanezco super optimista, otros días digo ’esto es un cambio super lento, no vamos a estar vivos para verlo.

Publicado en Revista RH Management, edición octubre 2016.