Director OIT: Desafíos del mundo laboral en Chile Opinión

Fabio Bertranou OIT

DIRECTOR OIT

Los actores del mundo del trabajo están actualmente reflexionando y debatiendo intensamente sobre el futuro del trabajo. Desde el World Economic Forum en Suiza hasta el G20, este año bajo la presidencia de Argentina y del cual Chile es país invitado, han puesto de relieve esta importante dimensión de las vidas de los trabajadores, las empresas y los gobiernos.

Dialogar sobre el futuro del trabajo implica hacer un recorrido de la evolución de las relaciones laborales, los desafíos actuales en cuanto a avances y déficits en materia de trabajo y empleo, como también mirar el futuro en lo que respecta a los requerimientos de habilidades y calificaciones que necesitará la economía y los sectores productivos para un desarrollo sostenido y sustentable. A la vez, también requiere reflexionar sobre qué queremos en materia laboral como espacio de realización para las personas y sus implicancias para la cohesión social y la convivencia democrática.

Chile enfrenta numerosos dilemas y encrucijadas similares a otros países de América Latina como de la Oecd, sin embargo hay particularidades que requieren atención.

Por un lado, entre los temas más relevantes se encuentran, aquellos que se vinculan a la oferta laboral. La estructura de edades de la población está cambiando rápidamente, menos jóvenes llegan al mercado de trabajo mientras que más adultos mayores pueden disfrutar vidas más prolongadas producto tanto del esfuerzo realizado durante años de crisis y progreso, como de los avances de la medicina. Chile requiere jóvenes con más y mejores habilidades que no solo les permita una vida decente sino también que puedan contribuir a un mayor progreso económico y social.

Reformular y modernizar el sistema de educación y capacitación está en el centro de los desafíos. Numerosos actores han realizado propuestas que requieren implementación: repensar una nueva arquitectura del sistema de capacitación y de la formación técnico profesional; fortalecer un enfoque de formación a lo largo del ciclo de la vida considerando tanto a quienes no han ingresado todavía al mercado de trabajo como a los que ya se encuentran en la fuerza de trabajo.

Pero también, Chile necesita ampliar su fuerza de trabajo en cantidad y calidad. Es necesario que puedan sumarse más mujeres en condiciones de equidad y no subestimar el valioso aporte que puede realizar la inmigración.

La creciente automatización y digitalización de la economía es tan solo la punta del iceberg en los cambios que está experimentando la organización de la producción y el trabajo. La dinámica de creación y destrucción de empleos parece haberse acelerado como nunca pasó en la historia económica de la humanidad. Esto requiere continuar modernizando las instituciones para que sean más pertinentes y efectivas.

El mercado de trabajo chileno tiene ya una relativa alta incidencia de informalidad (aproximadamente 3 de cada 10 ocupados) y nuevas formas de empleo están comenzando a expandirse en segmentos tradicionales dominados por relaciones asalariadas típicas. Es difícil estimar hasta donde se extenderá la uberización de la economía, la demanda de trabajo a través de plataformas informáticas y otras formas no estándares de empleo y relaciones laborales. Eso requerirá urgentemente adaptar y modernizar la legislación y regulación del trabajo.

Más allá de las oportunidades para generar nuevos empleos que presentan las cadenas mundiales de suministro a las numerosos sectores de Chile ya se encuentran integrados, también están las posibilidades que generarán los factores internos. Los empleos ligados a la economía del cuidado tenderán a crecer de la mano del mencionado cambio en la estructura de las edades; como también los empleos vinculados a la economía verde o a las transiciones sectoriales hacia actividades ambientalmente sostenibles. El sector energético es el ejemplo más visible de dichas transformaciones. A esto se suma el cambio climático, que requerirá nuevas adaptaciones institucionales y productivas; la frontera productiva agrícola, por ejemplo, parece estar trasladándose hacia el sur del país.

Otra área vinculada al mundo del trabajo que requiere reformas inminentes es la seguridad social, más concretamente las pensiones. Estas no solo dependen del desempeño del mercado de trabajo y las regulaciones laborales, sino de un conjunto de esfuerzos fiscales para articular un sistema de prestaciones de alta cobertura, pero a la vez suficiente y sostenible.

Numerosos son los desafíos por delante para la construcción de un camino que permita un ámbito del trabajo dinámico con empleos productivos e inclusivos, relaciones laborales modernas y donde trabajadores y empresas puedan contribuir al desarrollo sostenible y disfrutar los frutos de dichos progresos. Este camino será más viable si se amplían y fortalecen los espacios de diálogo social.