El comportamiento ético en las organizaciones Opinión

El comportamiento ético en las organizaciones

La tesis de este escrito sugiere la necesidad de un enfoque integrador para evaluar y desarrollar los comportamientos no éticos en las organizaciones y poder generar brújulas morales. Tesis que surge como muy relevante en escenario de acoso, corrupción, fraude, prácticas exclusivas, entre otras.


Captura de pantalla 2018-03-08 a la(s) 18.31.06Por Eduardo Escalante Gómez Investigador en Universidad Juan Agustín Maza y Fundación Universitas (Mendoza, Argentina).

 

 

 


La voz interior dice sobre lo que se debería o no debería hacer en diversas circunstancias. A este proceso se lo denomina brújula moral. El uso de esta metáfora, para hacer referencia a los estándares internos de comportamiento, implica que el centro moral es estable y su orientación es clara. A menudo, cuando se analiza los comportamientos moralmente equívocos, se tiende a señalar “se perdió” la brújula, el compás moral. De manera subyacente, se estaría diciendo que, de haber contado con una brújula moral, se habría realizado una opción moral. Sin embargo, se puede hipotetizar que más que haber perdido el compás moral, de lo que se trata es de la presencia de uno mal orientado.

Dada la importancia de la moralidad en la construcción de las identidades en las organizaciones, el hecho que la brújula moral esté mal orientada, introduce la creencia que se está actuando éticamente, cuando no se lo está haciendo, permitiendo mantener la autoimagen moral positiva.

Explicaciones sobre los comportamientos moralmente equívocos

¿Cómo pueden los individuos bien intencionados desviarse éticamente de su curso sin reconocer que así lo han hecho? ¿Cuáles son las fuerzas que son poderosas y lo suficientemente sutiles para ocasionar que las personas crean que sus acciones son moralmente apropiadas cuando de hecho son éticamente equívocas? Este fenómeno se podría explicar de distintas maneras. Algunos dirán que se trata de individuos éticamente a la deriva y que son “manzanas podridas” cuyas brújulas morales están internamente dañadas. Este tipo de explicación es de larga data, se remonta a las nociones aristotélicas de la virtud humana y persiste en las discusiones contemporáneas sobre el carácter como el fundamento de la moral.

En consonancia con este tipo de explicación, algunos estudiosos han identificado individuos relativamente estables que tienen alteradas sus brújulas morales, conduciendo a comportamiento no éticos. Se trataría de individuos con fallas en su naturaleza humana. Esto ha llevado al uso de pruebas psicométricas que permitan identificas a las “manzanas malas” antes de ser contratados, subrayando la práctica común de la prueba de integridad usada por los empleadores.

Pero se puede intentar una interpretación alternativa fundamentada en la psicología moral y en los comportamientos éticos. Esta sugiere que la moralidad de los individuos es maleable más que estable. En esta interpretación, la brújula a la deriva moralmente estaría ocasionada por razones intrapersonales (causada por limitaciones humanas de carácter cognitivo) y razones interpersonales (causadas por la influencia de otros).

Las investigaciones empíricas permiten documentar prejuicios y deficiencias individuales cognitivas que afectan la eticidad de las personas. Se observa una tendencia a olvidar o dejar de darse cuenta de las acciones que son débiles desde el punto de vista ético, lo que genera prácticas menos éticas. Esto produce que la persona no tenga elementos confiables que le indiquen que su brújula moral no está funcionando correctamente.

Por otro lado, se tiene una segunda fuente de deficiencias morales: los procesos inter-personales, aquellos que se originan en nuestras interacciones sociales. Estos procesos pueden ocasionar un mal funcionamiento de la brújula moral y son centrales para entender el por qué y cómo determinadas personas actúan moralmente a la deriva.

Toma de conciencia moral

A menudo la toma de conciencia moral se aborda en términos de prejuicios cognitivos intra-personales, pero se puede observar que los procesos sociales también pueden facilitar el descuido de los contenidos morales de las decisiones que se toman.

Se ha detectado que las normas sociales y los procesos de categorización social pueden conducir a descuidar lo que moralmente puede estar en cuestión al tomar decisiones, debilitando la toma de conciencia moral y el aumento de comportamiento que significan trasgresiones morales.

Las normas sociales constituyen expectativas conductuales generales que las personas tienen en un determinado contexto, y representan una de las formas más poderosas que pueden afectar el comportamiento entre las personas. Se tiende a actuar socialmente a partir de las maneras aprobadas y, como resultado, se presta atención, conciente e inconcientemente, a las señales ambientales en términos de orientación. Se mira hacia claves externas que permitan definir qué decidir más que conducir el propio destino. Se actúa en función de indagar lo que otros piensan que es correcto, esto es, lo que se llama la “prueba social”.

La categorización social se refiere al proceso psicológico mediante el cual los individuos diferencian a los que se parecen (miembros en el grupo) y aquellos diferentes a ellos (miembros fuera del grupo). Ocurre universalmente y en diferentes contextos a partir de similaridades: edad, estado civil, background ético, una misma unidad en el trabajo, incluso a partir de diferencias mínimas como la preferencia por un intérprete musical respecto de otros. Los grupos que se crean a través de la categorización social influyen en los tipos de relaciones que establecen y cómo se evalúa el contenido moral de las acciones.

El problema deriva del hecho que, si los individuos se identifican con otros implicados en comportamiento no éticos, la propia conducta ética se puede degradar también. Desde este punto de vista, existiría una intersección entre la teoría de la norma social y la teoría de la identidad social. Las personas tienen a copiar el comportamiento de su grupo y se distancias del comportamiento de los miembros que están fuera del grupo. Las trasgresiones morales tienden a ser interpretadas de manera diferente y se mantienen identidades sociales distintivas, diferenciando lo éticamente positivo respecto a lo que ocurre en el grupo y fuera del grupo.

Diferentes aspectos de la vida organizacional pueden exacerbar el cómo los procesos sociales facilitan el descuido moral. Para algunos, las organizaciones son inherentemente amorales, esto es, incapaces de atender a las implicancias morales de sus acciones. Otros autores sostienen que las organizaciones frecuentemente desarrollar culturas que toleran las violaciones que las benefician.

Socialización organizacional, roles y la moralidad

La socialización de prácticas no éticas puede ocurrir de manera conciente, cuando el individuo resiste prácticas objetables moralmente pero finalmente se rinde a ellas como inevitables; y también inconciente, cuando un individuo es seducido por el material positivo o beneficio psicológico de participar en un comportamiento corrupto. Es por ello que se señala que el descuido moral estaría asociado al poder seductor de la socialización. La necesidad humana de pertenecer hacer más fácil socializar a los individuos en comportamientos no éticos.

Los roles, esto es, el repertorio de expectativas en relación al comportamiento forma parte de la posición del individuo en una organización o profesión. Limitan y dirigen el comportamiento de manera que pueden facilitar el descuido moral. Una manera de comprender cómo los roles limitan el comportamiento es a través de los libretos organizacionales (sus narrativas) que proveen los medios por los que las personas aprenden sobre los comportamientos apropiados en el trabajo.

Cuando los procesos sociales facilitan el descuido de las acciones que se emprenden, los colores morales de las acciones caen en un agujero que no permite ver las implicancias morales. Esto se denomina “ceguera moral”. Al no reconocer las consecuencias morales de una decisión, es fácil tomar opciones no éticas, libres del estrés psicológico, de la culpa, o arrepentimiento.

Síntesis

Las personas están mejor equipadas para tomar decisiones morales si están concientes de los valores morales relevantes y las implicancias de las decisiones que se están tomando. Además, de entenderlas como parte de un proceso continuo y dinámico de lo que ocurre con determinadas situaciones. Las personas se ven involucradas en lo que ya se ha vivido moralmente, pero también en lo que posiblemente puede suceder, y también en el recuerdo de lo acontecido.

Las normas sociales y las categorizaciones pueden servir como facilitadores del descuido moral y esto puede derivarse del hecho de emular los comportamientos de otros, independientemente del contenido moral. Además, puede resultar de los procesos de categorización social creados en los “en grupo” con los que las personas se identifican y se sienten psicológicamente cercanos y que pueden oscurecer los comportamientos no éticos hacia los “grupos de fuera”, y como resultados sus miembros pueden ser maltratados. Es decir, pueden surgir lealtades de grupo que están carente de una brújula moral. En este caso, se estaría abandonando normas morales universales (éticas de los máximos o ética de los mínimos) para dar preferencias a aquellos que están más cercanos al grupo en cuestión. A menudo, no necesariamente las justificaciones morales son explícitas.

En lo organizacional, se requiere prestar atención a los procesos de socialización y a los roles que pudieren estar actuando como facilitadores del descuido moral. La socialización puede amplificar el descuido moral mediante la habituación a los nuevos empleados a normas carentes de contenido moral Por otro lado, los roles morales también podrían amplificar el descuido moral si constituyen una fuerza directiva sobre el comportamiento humano.