Benito Baranda analiza la ética empresarial en Chile. Opinión

La disociación entre la ética propia y los valores de la responsabilidad social empresarial producen la brecha que explica hechos como la colusión.

benito baranda éticaBenito Baranda es psicólogo de formación profesional, sin embargo se ha convertido en un personaje público por su participación liderando varias fundaciones con fines sociales. De hecho se hizo conocido dirigiendo el Hogar de Cristo y hoy está a la cabeza de la Fundación América Solidaria. Esto ha llevado a que lo denominen “activista social” y quizá por eso, acaba de ser nominado por la presidenta Bachelet como miembro del consejo de observadores del proceso constituyente, grupo que debe garantizar la transparencia de los diálogos ciudadanos durante el proceso de elaboración de una nueva constitución para Chile. Baranda asume con propiedad su rol como referente, por eso son habituales y contundentes sus intervenciones en medios de comunicación a través de entrevistas y columnas de opinión. Con esa trayectoria y sobre todo por su ascendencia sobre temas sensibles para la opinión pública, quisimos conocer su sentir sobre ética empresarial y temas vinculados al trabajo en Chile.

Baranda afirma convencido la existencia “de un problema moral muy grande en Chile” asociado a una estructura de formación ética muy frágil, donde se mezclan sueldos injustos y brechas salariales, autoridades eclesiásticas cuestionadas, colusiones empresariales y corrupción de políticos. “Este último tiempo la discusión acerca de la ética se ha profundizado, dada, por un lado, la no correspondencia entre lo que se dice y se hace y, por otro, la perversa tendencia a querer aprovecharse en beneficio propio del poder que se ostenta”. Cree que el origen del problema está vinculado a nuestra historia como país y es recurrente apreciar presiones de aquellos que ejercen el poder, tanto de la elite política y económica, como de sectores asociados a la iglesia católica. Recuerda que “al formador del padre Hurtado, solo por hablar de la Encíclica Social, lo expulsaron tres veces de Chile y al formador del cardenal Silva Henríquez lo echaron de Chile y nunca más volvió”. La dinámica de los grupos poderosos en Chile es particular y proviene de la necesidad de mantener sus privilegios. Al no cuestionar esta estrategia y no esbozar autocrítica alguna, estos grupos se forman en una “moral disociada”, que identifica su propia moral como algo distinto a la moral pública.

Baranda trae a colación otra distinción histórica que ocurre al interior de nuestra historia política como república, la pugna entre libertarios e igualitaristas. Los primeros, si bien desarrollan una estricta moral individual ésta no está en sintonía con una preocupación por el resto de la sociedad, no tiene proyección social. Al final crean una “moral cuasi infantil”, “con juicios livianos”, autorreferentes y carentes de empatía. El psicólogo cree que al analizar el tema de la corrupción de la clase empresarial chilena se observa esta fenómeno. “Si bien uno no puede meter a todos los empresarios en el mismo saco, en este caso te encuentras con esta disociación”. Asegura que si tuvieran un desarrollo de la conciencia moral simultáneo al desarrollo de la conciencia social, “tendríamos una mayor integridad en la forma de comportarse frente a la sociedad, de hacer negocios, de comprometerse con sus operadores, trabajadores y pondrían ese sello en su acción”.

“Las empresas, el Estado y las organizaciones de la sociedad civil son el reflejo de lo que somos como chilenos”. Si hay empresas que provocan daño a la sociedad son chilenos los que protagonizan esos actos repudiables. “Ese es un primer punto que ojalá tomemos conciencia”. Con esto Baranda intenta decir que es crucial que cada uno examine la forma como opera en la vida y revisemos de forma crítica aquellas acciones que afectan a otros y a la sociedad. Ese examen de conciencia de cada chileno, según el profesional, en vez de disminuir la responsabilidad de las faltas de los poderosos, permite colocar el problema en una dimensión más relevante. Cometer un daño no es algo que atañe sólo a otros, sino que cada uno debe revisar sus acciones como si en un acto malo hecho por otro, pudiera ver reflejado los errores propios.

Esa reflexión individual y colectiva es la que hace falta. “No hicimos los pasos debidos para el desarrollo de una conciencia moral en los tiempos que se nos dieron. Si la familia no acompaña, las instituciones educativas tampoco y en el caso de muchas personas, las instituciones religiosas no están a la altura, entonces hemos fallado en los tres ámbitos de donde proviene la estructura ética de una persona”. En una columna de opinión publicada en El Mostrador (07 de diciembre de 2015) Baranda reafirma su tesis de enfrentar el tema ético y de la corrupción de forma radical. “Reconocernos también como corruptos e hipócritas nos permitirá enfrentar con honestidad lo más malo de ser chilenos y chilenas, los comportamientos que consolidan esta ‘manera de ser’ que daña a la sociedad e introduce un trato indigno, y este cambio nos puede ayudar a comenzar de una vez por todas a trabajar más rigurosamente para ser un poco más sinceros, correctos, justos y transparentes, lo que inevitablemente nos regalará a todos los chilenos una mejor calidad de vida y una relación con los otros países del continente más humilde y constructiva”.

Para analizar la actual crisis de confianza es necesario examinar la elite empresarial. Baranda señala que la chilena existe una variedad de culturas, sin embargo, el sector empresarial más importante está ligado al catolicismo, proviene de los mismos colegios, estudia en las mismas universidades e incluso pertenece a determinadas congregaciones religiosas. Todo lo anterior marca su quehacer en las empresas y define una alta homogeneidad en sus valoraciones sobre la sociedad. “En general, en los lugares donde este grupo se forma (colegios, universidades, iglesia) existe un excesivo sesgo hacia inculcar valores personales o sexuales, pero forman muy poco aquellos valores de cumplimiento social”. Además, en sintonía con el valor al individuo, al emprendimiento, se considera que los negocios están desvinculados de la ética y son una mera transacción económica definida sólo por la obtención de ganancias y utilidades personales.

Pero Benito Baranda es optimista y confía que saldremos bien parados de esta crisis. Nos cuenta que se enteró que la red de empresarios y ejecutivos agrupados en Usec (comprometidos con la doctrina social de la iglesia católica), que además es liderado por su hermano Bruno, creará un consejo similar a la comisión Engel encargada por el actual gobierno. Cree que esta iniciativa es una señal importante que reafirma que estamos en un momento clave para iniciar reflexiones profundas “sobre aquellos aspectos que nos están dañando” y que además, podría representar “un alivio a la tensión que estamos viviendo hoy”. Plantea la necesidad de repetir este tipo de experiencias donde se hable directo sobre las prácticas habituales del negocio, sobre todo aquellas que están reñidas con la moral pública y que hay que erradicar.