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Editorial: Actor principal Opinión

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La mirada de Bauman para quienes trabajamos en gestión de personas es una advertencia, un téngase presente. Es, claramente, un cuidado, un ponga ¡atención, ojo peligro! Vivimos y padecemos una sociedad individualista, temerosa de los cambios y donde el foco existencial para una mayoría importante de trabajadores y trabajadoras está puesto en el trabajo


Por Patricio Rifo, director RH Management.

 

 

 


En el libro Modernidad líquida (2000), el sociólogo Zygmunt Bauman nos explica los fenómenos sociales de la era moderna y cuáles nos diferencian de otras generaciones. Según Bauman la realidad líquida se define por una ruptura con las instituciones y las estructuras fijadas. Afirma que en “en el pasado, la vida estaba diseñada específicamente para cada persona, quien tenía que seguir los patrones establecidos para tomar decisiones en su vida”. Para los expertos hoy las personas se desprendieron de los patrones y las estructuras, ya que cada uno reinventa un camino propio que determina sus decisiones y forma de vida.



Según el pensador la sociedad actual se basa en el individualismo y en una forma de vida cambiante y efímera. En la “vida líquida” Bauman sostiene que “la sociedad se basa en el individualismo y se ha convertido en algo temporal e inestable que carece de aspectos sólidos”. Asevera que todo lo que tenemos es cambiante y con fecha de caducidad, en comparación con las estructuras fijas del pasado. En esa línea identifica en sus obras la necesidad de cambio en los trabajadores, a los que se “les reclama cada día más volatilidad y capacidad de trabajo en diferentes áreas”.

En su reflexión asegura que “las empresas buscan a personas volubles, con capacidad de reinventarse y que puedan viajar a otra ciudad cuando sea necesario. Personas que lo den todo en el trabajo aún sabiendo que pueden ser reemplazadas en cualquier momento si no cumplen con las expectativas”.

La mirada de Bauman para quienes trabajamos en gestión de personas es una advertencia, un téngase presente. Es, claramente, un cuidado, un ponga ¡atención, ojo peligro! Vivimos y padecemos una sociedad individualista, temerosa de los cambios y donde el foco existencial para una mayoría importante de trabajadores y trabajadoras está puesto en el trabajo, única fuente de sustento para financiar esa “vida líquida” y sus derivados: la salud, la educación, la comida, el vestuario; ¿y el resto?, si alcanza, mejor aún. Esta tensión constante, permanente, absoluta para algunos, casi convertida ya en pulsión, afecta el bienestar de las personas e impacta en su salud mental. Es una pieza más de un engranaje que reproduce en una sociedad líquida un cansancio endémico, cancerígeno.

Para Byung-Chul Han, autor de la Socieded del Cansancio (2012), nuestra realidad y cotidaniedad crea seres humanos estresados, colapsados, deprimidios, desgastados y sobrevendidos. Plantea que cada época tiene su propia enfermedad. Las del siglo XIX fueron de tipo viral, infecciosas, como el colera, referidas a una amenaza desde el exterior. En nuestro siglo sería “neuronal”. El origen de esta enfermendad neuronal sería interno, autoproducido, como los infartos, las crisis de pánico, la depresión endógenea, el estrés. Han nos habla de la naturalización y normalización, “del hombre invisible”, de ciertas prácticas propias de una sociedad del rendimiento, donde la productividad lo es todo. Para el filósofo el hombre invisible actual es el ser humano que vive en el estrés, que cumple con todo, como por ejemplo, la mujer trabajadora que para legitimarse, tiene que ser efectiva en todas las dimensiones en las que se despliega.

El peligro que mencionamos está entonces en la autoexigencia y autoexplotación que nuestros propios colaboradores se imponen como algo totalmente normal y natural. Es lo que no vemos: los compromisos, las deudas, las frustraciones, la rabia, lo que tengo y no tengo, las relaciones líquidas, la enfermedad de un hijo, las tareas del colegio, las horas arriba del Transantiago, la pensión de los padres que no alcanza…Estamos frente a un cansancio infinito y a un deterioro permamente de nuestra salud mental.

Debemos estar conscientes que en nuestra sociedad el trabajo totaliza la vida y la existencia. Y como reflexiona Bauman, la hace también líquida, inestable e individualista. Ese cóctel hace que nuestros colaboradores interpreten sólo un papel. Por eso seamos cuidadosos, amorosos y amables cuando estamos definiendo las competencias o planificando estrategias para generar compromiso para el nuevo año. ¡No olvides que tú también estás dentro del juego y tienes hoy un rol asignado como actor principal!

Editorial publicada en revista RH Management 113.




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Editorial: Actor principal
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La mirada de Bauman para quienes trabajamos en gestión de personas es una advertencia, un téngase presente. Vivimos y padecemos una sociedad individualista, temerosa de los cambios y donde el foco existencial para una mayoría importante de trabajadores y trabajadoras está puesto en el trabajo.
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