viernes, septiembre 18, 2020

Pema Wangda, ministro del Trabajo de Bután: Entre el sueño y la realidad

Viaja por el planeta representando al país que inspiró al mundo a medir la felicidad al interior de las naciones.

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Ubicado entre China e India, dos de los países más poblados del planeta, hasta finales de los años 50 el reino de Bután permaneció en aislamiento total. Hasta ese momento, no existían los salarios y las personas trabajaban en sus propias granjas en un esquema de autosustento. Pero de a poco, más y más jóvenes comenzaron a viajar para educarse y fueron regresando con nuevas ideas que iniciaron un proceso de desarrollo.

La felicidad siempre estuvo entre las prioridades del reino. La responsabilidad del estado a la hora de promoverla fue propuesta en el siglo 18 y estaba grabada en el código legal de Bután de 1729, que establece que “si el gobierno no puede crear felicidad para su gente, entonces no hay ningún propósito para que el gobierno exista”. Ya en la era contemporánea, en 1972, el rey Jigme Singye Wangchuck creó el GNH (Indice de Felicidad Nacional Bruta, por sus siglas en inglés) en oposición al tradicional Producto Interno Bruto que sólo expresa un valor monetario. El concepto quedó anclado en la Constitución de Bután, promulgada en 2008: “El Estado debe esforzarse para promover las condiciones que permitan la búsqueda del GNH y el gobierno debe proteger y fortalecer la soberanía del Reino, entregar buena gobernancia y asegurar la paz, seguridad, bienestar y felicidad de las personas”. En 2011, el concepto tomó alcance mundial, cuando la Organización de Naciones Unidas proclamó el 20 de marzo como el día de la Felicidad y adoptó el GNH para medirlo en los distintos países, considerando los niveles de salud pública, la estabilidad laboral, la calidad del medio ambiente y el goce pleno de los derechos humanos.

Hoy en día, muchos investigadores y académicos visitan Bután para estudiar el GNH. Sin embargo, este reino no reclama ser el lugar más feliz del mundo. De hecho, de acuerdo al último índice de Felicidad de la ONU, Bután ocupa el puesto 84 de 157 países. Chile está en el lugar 24.

Centro en el bienestar

En su paso por Chile como principal exponente del encuentro de Felicidad que se realizó en Santiago, invitado por el Instituto del BienEstar, Wangda explicó que la felicidad es la columna vertebral de la política de desarrollo del gobierno real de Bután. “Todas las políticas en Bután requieren ser puestas a través de un proceso de revisión GNH porque creemos que el bienestar y la felicidad de los butaneses son afectados sustancialmente por las políticas del estado, las legislaciones y los programas. Este proceso permite asegurar que las políticas contribuyen positivamente a cada uno de los cuatro pilares del GNH: desarrollo económico, promoción y preservación de la cultura, conservación de la naturaleza y buena gobernancia”, dice Wangda.

El ministro cuenta que hace quince años instauraron un nuevo sistema de administración del trabajo, que tuvo su origen en la experiencia vivida a contar de los años sesenta , cuando muchos butaneses comenzaron a viajar a otros países a estudiar, y volvieron con mejores ideas de cómo hacer las cosas. En esos años comenzó a funcionar el sistema salarial, porque hasta entonces, todos los butaneses trabajaban para sí mismos en cultivos de subsistencia. Hasta mediados de los noventa, los butaneses educados eran empleados por el gobierno y fueron reemplazando a los consultores extranjeros contratados para desarrollar y administrar el sistema público en el país. Hasta el año 2000, prácticamente no se conocía el desempleo en el país. O estaban empleados por el gobierno o sembraban para subsistencia.

Los desafíos de hoy

Con la modernización y a medida que más butaneses educados entraban en el mercado del trabajo, el concepto de empleo cambió. “Para los jóvenes, sembrar para la subsistencia no era considerado un trabajo, querían ganar efectivo para comprar celulares caros, autos y divertirse en las discotecas que iban apareciendo por todo el país”, relató Wangda. El país hoy se enfrenta a un rápido aumento del desempleo en los jóvenes que ha crecido desde 3.3% en 2010 a 10.7% en el 2015. Este mes, hay 11 mil jóvenes buscando trabajo.

“Nos dimos cuenta que el gobierno no podía seguir siendo el único empleador de los butaneses educados”, dijo el ministro. Por eso, a finales de los 80, se comenzó a promover el desarrollo del sector privado declarándolo el motor del crecimiento económico y el mayor empleadorde las futuras generaciones. Desde entonces, más y más butaneses han sido alentados a buscar trabajo en el sector privado. Hacia diciembre de 2015, el sector privado empleaba 24,3 % de la fuerza laboral y sólo el 10,7% es empleado por el gobierno. 58% de la fuerza laboral sigue sembrando para subsistencia.

“Todos prefieren trabajar para el gobierno, que además de mejores sueldos y beneficios ofrece un alto grado de seguridad laboral porque las leyes los protegen de despidos injustificados, trabajan solo 40 horas a la semana en verano y 35 horas en invierno, tienen dos días libres el fin de semana, sumados a numerosos feriados públicos”, explicó Wangda, recordando que “el sector privado, cuyo objetivo principal es maximizar beneficios, tenía condiciones de trabajo muy pobres, compensaciones inadecuadas, sin límite de tiempo de trabajo, con personas que trabajaban 16 horas al día siete días a la semana y con empleadores con autoridad absoluta para contratar y despedir trabajadores”.

Un sistema así no era aceptado por un gobierno cuya mayor responsabilidad es que sus ciudadanos alcancen la felicidad, por lo que en 2003 crearon la Política de Administración del Trabajo y en el 2007 promulgaron el Acta de Trabajo y Empleo del Reino de Bután, que limitó a 40 las horas semanales de los empleados privados y reguló otro tipo de beneficios, como licencias médicas y de maternidad, aunque a un nivel mucho menor de lo que ofrece el Estado a sus empleados.

Ahora, el principal objetivo de la administración de Pema Wangda es igualar los beneficios laborales del empleo público y privado. “Las empresas ya están protestando porque esto podría impactar la sustentabilidad y rentabilidad de sus negocios, por lo que el Ministerio tendrá que encontrar un camino intermedio entre la promoción del bienestar de nuestros niños y la rentabilidad de las empresas”, dijo el ministro.

Publicado en RH Management 97.

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