domingo, septiembre 27, 2020

¿Más demonios que ángeles?

¡La lucha está desatada! Ángeles y demonios combaten día a día por el liderazgo en las organizaciones. ¿Quién ganará? Expertos y gerentes opinan sobre ensayo que reflexiona sobre cómo construímos espacios organizacionales más humanos y productivos en el Chile actual. PUBLICADO EN RHM 31, SEPTIEMBRE 2009.

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¡La lucha está desatada! Ángeles y demonios combaten día a día por el liderazgo en las organizaciones. ¿Quién ganará? Expertos y gerentes opinan sobre ensayo que reflexiona sobre cómo construímos espacios organizacionales más humanos y productivos en el Chile actual.

En el texto “Ángeles y Demonios” en las Organizaciones: Notas para una PsicoSociopatología de la Innovación, Carlos Vignolo, académico del departamento de ingeniería industrial de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile, se dirige preferentemente a todos aquellos que trabajan en organizaciones y están comprometidos a transformarlas en espacios más productivos y más humanos. Confía en que sólo las empresas con alma, con sentido de misión, son capaces de generar contextos donde las personas logran los estándares de productividad, calidad y creatividad que la competencia global exige.

En su visión, las patologías organizacionales y humanas impiden o dificultan la innovación. Los “demonios” personales “viven en nosotros, condiciona lo que hacemos y lo que evitamos hacer pero de lo cual no somos conscientes… ¡y a cuya conciencia nos resistimos!”, afirma.

Su tesis central es que para generar culturas de innovación en las organizaciones “es fundamental prestar atención al lado oscuro de ellas, así como al de quienes las conformamos. Incide en lo que percibimos y en nuestras cegueras, en nuestros modelos mentales, en nuestras creencias y valores, en nuestra gama de emociones disponibles, en lo que hacemos y en lo que evitamos hacer. Los demonios que allí moran inciden de manera notable en el hacer de la organización, pero casi nunca emergen en las conversaciones explícitas de sus miembros, por lo que no pueden ser objeto de acción alguna”.

“Es fundamental, propongo con mucha convicción, hacer conscientes estas patologías sociales y humanas profundas, estos demonios, para generar un nuevo paradigma de la innovación, uno que permita generar transformaciones organizacionales efectivas, profundas, sustentables y, lo más importante, humanas. No es posible generar procesos de innovación profundos en las organizaciones si los individuos, especialmente los que ejercen cargos de poder, no están dispuestos a transformarse junto a ellas. Y ello implica inevitablemente incluir el “lado oscuro” individual en el proceso”, añade Carlos.

Asimismo, considera que la extremista adopción del sistema neoliberal es el mayor obstáculo a la innovación en Chile, debido a que exagera la competitividad, reduce la solidaridad y vuelve a los seres atomísticos, bloqueando una visión integradora. “Es extremo en su vocación racionalista y niega que el cuerpo tiene sus razones”.

Como una luz en el camino, Carlos Vignolo propone abrir los ojos, lo que implica a su juicio “trabajar paciente y perseverantemente por incrementar la conciencia de nuestros demonios y los de los que nos rodean. No para juzgarlos y condenarlos, sino para aceptarlos y aprender a conversar y negociar con ellos”. “En Chile, los proyectos de innovación marchan mejor cuando las personas empiezan a ser capaces de ver y aceptar la desconfianza, la envidia “chaquetera”, el autoritarismo, el miedo al fracaso y la inseguridad en ellos y en otros. Una cierta levedad de ánimo es buena señal de que dicha aceptación se ha instalado en la organización. Desde esa aceptación pueden acometer –en equipo- el descubrimiento y la aceptación de las enfermedades más profundas y dolorosas y aprender a convivir con ellas o, eventualmente, sanarse de ellas. Nos invita la medicina del tercer milenio a poner más atención a la enfermedad que a los síntomas y a hacer de la enfermedad el camino, lo cual implica entender y aceptar la enfermedad, el dolor, el sufrimiento y las mal llamadas emociones negativas, como inherentes al proceso de aprendizaje y desarrollo humano”.

Analizando los demonios

Eduardo Lawrence, académico Facultad Economía y Empresa UDP, explica que “el texto del profesor Vignolo me trae a la memoria un artículo de Paul Baran, quien acuña los conceptos de “microracionalidad” y de “macrolocura”. Por otra parte, pone el acento en las organizaciones y de manera asertiva pone en práctica la reflexión crítica al referirse a las patologías mentales que se expresan en su cotidianidad. Al mismo tiempo, identifica “los demonios de Chile”, que no son otra cosa que rasgos generales de la cultura organizacional chilena y de los comportamientos condicionados (o modelados) por ella. En mi opinión, su enfoque ganaría sustantivamente si considerara: que los sistemas autopoyéticos no se constituyen en espacios vacíos de cultura y de relaciones de poder; que hay estudios sobre cultura organizacional en Chile que pueden dar respuestas a algunas de las patologías anunciadas por él; que de acuerdo a la disciplina del desarrollo organizacional (más bien ausente en el planteamiento del profesor Vignolo) hay formas de intervención organizacional que no son necesariamente innovadoras, sino más bien asociadas a estrategias de aprendizaje; que en el fondo “los demonios” se explican más por el orden social del país, sus supuestos culturales no explicitados y sus determinantes políticoeconómicas neoliberales que por factores endógenos de los espacios organizacionales recursivamente subordinados; que la elección del nivel en que se expresa la crítica para superar los “demonios”, afecta la efectividad política y práctica del humanista que es el profesor Vignolo como facilitador del cambio”.

Rodrigo Fuenzalida May, profesor Escuela de Psicología y Escuela de Negocios UAI, “nos presenta una animada y plausible descripción de lo que él concibe como el “lado oscuro” de las organizaciones, aquél que limita tanto su desarrollo como la innovación. Se trata de un retrato radical y desafiante, que nos confronta no sólo con la realidad sino también con la complejidad del cambio. Vignolo profundiza en los demonios y pecados propios de Chile, logrando una perspectiva concreta y focalizada de aquello que debemos cambiar; la baja autoestima, el chaqueteo, la desconfianza. No obstante, el artículo amerita, a mi juicio, algunas miradas complementarias. Por una parte, como sabemos, el lenguaje construye realidades e instala paradigmas que orientan el pensamiento. Es factible que parte de los demonios estén relacionados con las personas con poder, aunque cabe preguntarse en qué medida nacen de patrones estructurales e inconcientes de las organizaciones, lo cual también sugiere qué abordar para cambiarlos. Desde el mismo modelo constructivista radical que sostiene el autor, surgen otras perspectivas acerca de las raíces del problema (por ejemplo, las relacionadas con patrones de programación neurolinguísticos y los ligados a la corriente de constelaciones) que aportan otras interpretaciones de las causas y de las opciones de cambio. El enfoque que Vignolo describe como optimista, propio de la psicología positiva, no es ingenuo. Su visión no desconoce ni las barreras ni las causas complejas de las dificultades. Lo central es que sostiene que el desarrollo es más posible cuando la energía está puesta en el logro y en los recursos. Robert Dilts, Marcial Losada y Bárbara Friedrickson son algunas de las voces que nos inspiran en tal sentido».

Alberto Lungenstras, gerente RH Banco Itaú, “creo que “Angeles y Demonios” es una lectura disruptiva, tan perturbadora como notable, de un realismo brutal y tan abrumadoramente desafiante que logra sortear las naturales resistencias y debilitar los demonios del lector hasta el punto que este finalmente acepta desde su propia biografía y experiencia, el otorgarle credibilidad y legitimación a las contra-paradigmáticas afirmaciones contenidas en esta inhabitual mirada acerca de nuestra vida con otros. Desde ésa perspectiva me parece una muy valiosa contribución a la generación de “rendijas” y “brechas” a través de las cuáles sea posible pensar en una “ecología” de las relaciones humanas y de la vida en las organizaciones, realista y sustentable. Desafortunadamente, las miradas frontales, confrontadoras y trasgresoras de los “mapas cognitivos” que delimitan nuestro contacto con la realidad, también están expresadas en cientos y cientos de líneas, las que sin haber podido mover ni un ápice los enclaves de las “verdades establecidas”, han luego sucumbido en un anestésico conformismo y resignada desesperanza. Después de 25 años en el mundo de las organizaciones y 53 en el mundo de las relaciones humanas, me parece que la “mirada” de Vignolo recupera el valor de la “épica” y del sentido del dolor como condición necesaria para saltar desde el “homo embrionarius”, al hombre que desde una “existencial modestia” es capaz de trascender su escasa temporalidad en armonía con otros hombres y con su entorno.

Luis Hernán González, gerente RH Ingeniería y Construcción Sigdo Koppers, “la idea fuerza planteada por Carlos Vignolo es que en el ser chileno el “demonio” o la sicopatología más importante es la falta de autoestima. El fenómeno sin duda es universal, pero concuerdo que posiblemente esté muy acentuado en nuestra cultura. Un buen líder en gran medida es un constructor de autoestima en su personal. Quisiera agregar una ecuación que alguna vez ví en un taller de comunicación efectiva y que me llamó mucho la atención: asertividad = autoestima. En una organización sustentable y competitiva los líderes son asertivos, y transmiten un estilo asertivo, es decir transmiten autoestima, seguridad y energía , lo que finalmente se refleja en su desempeño. En nuestra organización estamos en un plan de desarrollo organizacional basado en competencias que incluye el desarrollo del liderazgo para nuestros supervisores, jefes y gerentes, y las ideas del diagnóstico y construcción de autoestima sin duda que nos ayudarán a que los resultados sean más potentes».

Humberto Fernandois, gerente de desarrollo humano, Codelco Norte, “las ideas fuerza que destaco de este trabajo son: hacer un esfuerzo genuino por conocer, aceptar y administrar los conflictos y dilemas de nuestro quehacer, nos conducirá a perfeccionar nuestra capacidad de dialogar y negociar. Una mentalidad sustentada en la verdad, aceptación, autenticidad y con una perspectiva de autonomía, agradecimiento, amor, paciencia y prudencia ayudará a construir con perseverancia una mejor capacidad organizacional y empresarial. La innovación y capacidad para dar saltos competitivos sorprendentes en todo, debe estar basada en valores y principios que le dan sentido trascendente a nuestra existencia y en torno a lo cual todo lo demás gira y cambia. Promover una cultura organizacional que administra el conflicto y evita caer en la tentación de la hipocresía cordial, conlleva un esfuerzo sistemático y profesional para minimizar el conflicto transaccional y aspirar el diálogo transformacional. El liderazgo no es una elección, es una decisión y conlleva deberes. Para sobrevivir a las exigencias como líder es necesario tener un santuario donde reflexionar cotidianamente sobre la jornada del día, recomponer las energías emocionales y recalibrar la “brújula ético-moral”. Las jornadas en familia, con amigos y de reflexión conciente acerca de los valores, la fe y lo que realmente vale la pena, ayudan a recalibrar esa brújula”.


PUBLICADO EN RHM 31, SEPTIEMBRE 2009.

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