sábado, septiembre 19, 2020

La inteligencia colectiva se entrena

Jorge Sanhueza, decano de la Facultad de Psicología de la Universidad Adolfo Ibañez (UAI) y Sergio Vergara, fundador y gerente general de Partners & Success, reflexionan sobre la inteligencia colectiva y su alcance en nuestra sociedad y en las empresas.

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¿La idea de la libertad individual es más fuerte que la utopía de la inteligencia colectiva construida entre todos?

Sergio Vergara: Como seres humanos, somos gregarios y lo primero que nos une es una base afectiva emocional. Lograr articular una manera de gobernarnos de forma colectiva es un paso de evolución que requiere no solo una emoción compartida, sino también meterle racionalidad, efectividad, eficiencia. No basta con querer lo mismo, también se necesita que esto sea efectivo, que funcione. Es decir, requiere de bastante madurez.

Desde este punto de vista las lógicas participativas actuales todavía son muy de la línea básica y esto dificulta mucho que la participación sea de valor. Así como hay muchos gerentes que hacen participar a las personas sólo para decisiones menores, la mayoría de las personas no ha vivido la experiencia de participar en procesos mayores y tiende a hacerlo criticando u opinando de todo, lo que provoca defensa. Ambos lados son extremos porque pierden la conexión con la esencia del rol que aporta cada uno en una organización. O de los derechos y deberes que tiene cada uno en la sociedad. Tenemos un desafío en las empresas y en la sociedad de aprender que es participar agregando valor. Aún estamos a nivel de una discusión muy emocional.

Jorge Sanhueza: La idea del ser humano como ser social, si bien es antigua, ha quedado supeditada a un segundo plano con la sobrevaloración de lo individual. Sin embargo, la individualidad humana, no puede entenderse sin la constitución de lo social. En sociedades más comunitaristas, como aquellas propias de Oriente, el ejercicio de la inteligencia individual, constituye un rasgo central de la cultura. En Occidente, y particularmente fruto del predominio de paradigmas parciales sobre la naturaleza humana, debemos ejercitar las competencias necesarias para poner a disposición de los objetivos mayores y colectivos, nuestras capacidades intelectuales. ¿Es una utopía pensar en esto? No lo creo. Por el contrario, y como diría el psicólogo social Pichón Riviére, “es reconocernos como seres de necesidades que sólo se satisfacen en relaciones que nos condicionan mutuamente”.

¿En territorios neoliberales qué entendemos entonces por inteligencia colectiva?

Sergio Vergara

Sergio Vergara: Ejemplos de colaboración organizada para enfrentar desafíos comunes de manera voluntaria y uniendo inteligencias individuales tenemos varios. El sistema educacional que existe en Finlandia. Las iniciativas que existen en Estados Unidos en que la gente se organiza para mejorar sus propios sistemas educativos colaborando entre sí. En nuestro propio país la capacidad de los chilenos de organizarnos frente a la crisis como los terremotos, el incendio en Valparaíso son reflejo de como las personas podemos unir no sólo las voluntades sino además nuestra inteligencia para articular maneras de resolver problemas de forma efectiva.

En las empresas esto es sólo muy incipiente. Durante mucho tiempo el paradigma predominante de ser un buen lugar para trabajar consiste en tener un buen paquete de beneficios, tiempo flexible y otros, pero no necesariamente la participación en proyectos de valor para la organización y las personas. Sin embargo, en el último tiempo esto está cambiando de la mano de la crisis que provocó que las personas comenzarán a criticar a las a AFP, a los empresarios y muy prontamente lo harán con los bancos. Es decir, en todas aquellas situaciones que generan la sensación de que un grupo controla la información y que no manifiesta una disposición explícita de hacer más clara y disponible la información para todos los demás. Si hace algunos años atrás las personas exigían información actuando como cliente, hoy la hacen actuando como ciudadanos, buscando aquello que les parece justo y legítimo. Se ha instalado el derecho del ciudadano de a pie a opinar y cuestionar en el espacio que era reservado sólo para los tecnócratas.

Jorge Sanhueza: Paradojalmente a lo que solemos comprender, alguno de los fundamentos del liberalismo, presuponen que el ejercicio de la libertad no puede realizarse sin la responsabilidad que conlleva esta condición. De este modo, inteligencia colectiva, indicaría la capacidad de articular responsablemente, en función de visiones compartidas y establecidas, nuestras responsabilidades conjuntas. Ahora bien, en muchas ocasiones cuando no hay visiones compartidas, la acción conjunta –esto es la acción desplegada en relación con otros- comienza a generar indicadores o perspectivas de visión conjunta, la que se potencia con el ejercicio de la inteligencia colectiva, sea aplicada a las definiciones estratégicas y centrales de la organización, sea al establecimiento de los acuerdos sociales básicos que operan en la vida cotidiana.

¿Es posible salir de la cultura del individualismo y llegar a una de lo colectivo?

Sergio Vergara: No creo que sea fácil llegar a una cultura inteligente colectiva. Pero si es una aspiración. Si pensamos en las sociedades y economías altamente desarrolladas encontraremos muchos casos donde el nivel cívico permite debates de alta profundidad con gente informada y de forma participativa.

En Latinoamérica el desafío es mucho más básico. Aún estamos en el dilema de la emoción versus la razón. Mientras los populistas en varios países latinoamericanos apelan a emociones arquetípicas como sobrevivencia, unión, xenofobia y otras más; los racionales sólo ponen prioridad en los números, sin considerar el valor las aspiraciones éticas de la sociedad. Esta dicotomía nos divide. Pues genera la división artificial entre los anhelos legítimos de las personas y la eficiencia. Ni una ni otra. Apelar sólo a la emocionalidad de la gente dista mucho de tener la capacidad para articular leyes o implementar soluciones efectivas. De esta manera la simple retórica nos hace creer que porque queremos lo mismo estamos de acuerdo en cómo lograrlo. Se puede escuchar hermoso, pero no es suficiente con apelar a mensajes que reflejan anhelos de la ciudadanía como es la seguridad, la familia, la educación, la salud, el derecho a expresarse, el derecho a vivir en paz y tener una educación justa y una casa digna.

Jorge Sanhueza: Presupone un cambio de mirada, sin embargo, ya no es posible seguir comportándonos con modelos precedentes que han dejado de ser operantes y que impiden seguir creciendo. Hace ya algunos años, Jane Watkins, proponía que el cambio que estamos viviendo como sociedad daba cuenta del tránsito de una sociedad estructurada desde algunos de los principios de la física newtoniana, a una realidad emergente (y cada día más evidente) que probablemente está muy cerca de los planteamientos de la física cuántica.

Expresado de este modo, Watkins (2007) proponía la siguiente comparación:

En este contexto se sitúa el desarrollo de la inteligencia colectiva, por cierto cada vez más cercana a lo que vivimos todos los días en nuestras organizaciones y en la sociedad.

¿En la empresa la inteligencia colectiva sólo es dominio de los gerentes, de los profesionales?

Sergio Vergara: Hasta hoy los espacios de participación que se le da a las bases son bajos, tales como participar en celebraciones o actividades lúdicas. Pero en los últimos años han comenzado a desarrollarse enfoques de mejora continua, de gestión de seguridad que han incorporado elementos participativos desde las bases, que han generado una oportunidad muy potente de crear valor en conjunto con la gente.

Jorge Sanhueza: Para nada. Algunos de los investigadores que han coincidido con un movimiento filosófico, científico y práctico denominado “giro dialógico”, del que se nutre la inteligencia colectiva, han denominado inteligencia cultural al reconocimiento de la competencia cognitiva e intelectualmente situada de todas las personas. Habermas y Chomsky, desde perspectivas distintas, demostraron que todas las personas poseen habilidades comunicativas innatas, en tanto son capaces de producir lenguajes y generar acciones. Desde esta mirada, la inteligencia colectiva no es patrimonio de algunos. Sin embargo, dada la falta sistemática de oportunidades de desarrollo de ésta (precisamente por el predominio de lógicas de poder autocrático y sobrevaloración de lo individual, tan presente en nuestra educación), requiere ser entrenada y desarrollada.

¿Qué incentivos tienen hoy los trabajadores y trabajadoras en proponer sus ideas?

Sergio Vergara: Estamos en un minuto de inflexión respecto de eso. La tendencia a velar por el propio bolsillo en vez de por el bienestar común está ocurriendo incluso en las empresas del Estado que generan ingresos que financien políticas públicas. Es por esto que más que nunca es necesario activar la conciencia social de construir soluciones en conjunto en el mundo público y privado. De no salvarse solo.

Jorge Sanhueza

Jorge Sanhueza: Los incentivos son adaptativos. Tanto para el ápice estratégico de la organización, como sus mandos medios y su núcleo de operaciones, requiere desplegar su capacidad propositiva para poder enfrentar lo que estamos viviendo. Si no ponemos en común las ideas, consensuamos estrategias y trabajamos en forma conjunta, estamos claramente quedando fuera de los desafíos que nos impone la sociedad del conocimiento y la creciente incapacidad de gestionar la incertidumbre cuando pensamos que nuestra sola visión basta.

¿Sus jefes están preparados para escucharlas?

Sergio Vergara: Creo que no. Hoy día el entendimiento que tenemos respecto de participar es completamente paternalista. El paradigma predominante en las jefaturas es que si se le va a pedir la opinión a la gente es porque se le va hacer caso. Esto no permite generar el espacio legítimo de cualquier discusión de poder estar en desacuerdo y fundamentar las propias opiniones.

Jorge Sanhueza: Creo que en algunas industrias no queda otra. Organizaciones en red, distribución del conocimiento, aplanamiento de las estructuras organizacionales, agilidad adaptativa, así como una cultura de la colaboración, son claves para mantenerse al día. Si las jefaturas no escuchan y no entran en diálogos –realmente dialógicos-, podemos sólo esperar seguir haciendo lo que ya sabemos no funcionó.

¿El modelo de la dinámica espiral sigue vigente?

Sergio Vergara: De acuerdo al modelo de la dinámica espiral estamos en la era verde. La época de la sensibilidad hacia la persona y del individualismo. La óptica verde no ha demostrado ser efectiva en la solución de problemas y desafíos humanos esenciales. Si bien es sensible y empática a las necesidades de los individuos no resulta buena para articular soluciones efectivas de manera colectiva. Por tanto, todo indicaría que el próximo paso es movernos hacia la era amarilla que significa la integración de procesos y la organización de las personas también en relación a sistemas más complejos que hagan que las cosas funcionen. En nuestro mismo país, por ejemplo, el rol de las asociaciones gremiales empresariales está cambiando de manera radical en sólo pocos meses. Podemos ver cómo los timoneles de la CPC y de la Sofofa están empezando a articular un rol social de las empresas que va más allá solamente de su propio proceso productivos y comerciales.

Sobre el diplomado que dictará la UAI

Para los expertos y líderes del programa. “El diploma en inteligencia colectiva es una propuesta vanguardista para abordar desafíos que están frente a nosotros y que hasta ahora no tienen una respuesta efectiva. El mundo del coaching ha abierto un espacio de enorme valor para entender las emociones e integrarlas a la sociedad como algo importante. Pero necesita de más herramientas para poder responder a dilemas sociales que requieren articulación de distintos actores y una mirada sistémica Y organizacional. También el mundo de la ingeniería no logra implementar modelos de eficiencia, sino pasa por cambiar las mentalidades y comportamientos de las personas y grupos”.

El diploma está dirigido a ingenieros y profesionales de las ciencias sociales. ¿Qué tienen en común? Para Vergara el querer convertirse en agentes de cambios para liderar proyectos que impliquen abordaje colectivos. “Ya sea instalar un sistema de mejora continua, un mejor sistema de gestión de seguridad, hacer que la estrategia baje de manera sustentable y con compromiso de todos, o lograr un mejor clima laboral”, agrega. La aplicabilidad en la empresa es vía práctica, ya que los participantes desarrollarán casos y tendrán la posibilidad de trabajar de manera colectiva. Al mismo tiempo podrán intercambiar experiencias con profesionales del mundo de la ingeniería y de las ciencias sociales que han implementado esto en sus propias organizaciones.

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