sábado, septiembre 26, 2020

Crear valor compartido a través de la inteligencia colectiva

Necesitamos unir las capacidades de los distintos roles involucrados para encontrar soluciones que funcionen y que cuenten con compromiso para su seguimiento.

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Hacer que la estrategia funcione, mejorar el clima y las relaciones laborales, crear una cultura de seguridad que realmente sea de todos e instalar la mejora continua. Que tienen en común estos temas? Que en todos, necesitamos unir las capacidades de los distintos roles involucrados para encontrar soluciones que funcionen y que cuenten con compromiso para su seguimiento.

Cuando un grupo, organización o sociedad es capaz de unir sus inteligencias para enfrentar desafíos comunes, actúa con inteligencia colectiva.

¿Se puede acelerar este proceso de manera intencional? La respuesta es sí. Y puede estar al servicio de cualquier transformación en la empresa que implique la necesidad de involucrar a muchas personas en la solución e implementación.

En un mundo que ha avanzado mucho en lo técnico en pocos años, haciendo disponible conocimiento y metodología, hoy se requiere instalar ya no el “hardware”, sino “el software humano” en la manera que sus roles se articulan, con una mirada no del individuo, sino del grupo en conjunto. Veamos algunos desafíos.

Implementación de la estrategia: uno de los problemas que las empresas enfrentan hoy, es que ya no basta con que la alta gerencia defina una buena estrategia. La ejecución hace la diferencia. Y en esta se requiere no solo de “manos”, sino también de entendimiento y compromiso por parte de todos los involucrados. ¿Qué hacer para que las personas aporten a la generación de ideas de mejora que realmente impacten en el negocio? ¿Cómo mejorar el seguimiento y cumplimiento de compromisos?

Hacer mejora continua e instalar nuevos hábitos. Muchos de las metodologías que las empresas instalan hoy se basan en crear nuevas formas de vender u operar de manera grupal. Para aumentar la venta o la producción, ya no es suficiente con redefinir los perfiles de cargo, o cambiar los sistemas de incentivos. Se requiere la necesidad de crear nuevos hábitos. Cuando un vendedor no usa las buenas prácticas ni su jefe tampoco, no es sólo un problema de incentivos, sino también de la creación de músculos colectivos.

Un sistema de mejora continua que incluya reuniones, análisis de tableros de control no es suficiente sino se instala una manera de discutir que sea productiva. A menudo se llevan a cabo reuniones grupales de análisis, pero la calidad de la discusión es baja o definitivamente mala, lo que genera planes de acción rutinarios.

Mejorar el clima y el engagement. Es uno de los procesos participativos por excelencia. No se puede lograr mejorar el clima o el engagement sin la participación activa de la gente. Pero si el concepto de participar se reduce solo a preguntar la opinión y luego hacer lo que la mayoría quiera, se reducirá el valor de los planes de acción, limitándolos solo a la convivencia y relaciones humanas, dejando fuera generar nuestras propias soluciones a los problemas que tenemos en cómo trabajamos. Las encuestas son solo la punta del iceberg de variables de gestión subyacente, que pueden ser mejoradas con el aporte de todos.

Mejorar las relaciones laborales
. Estamos en un momento de cambio profundo en este tema. No solo cambia la legislación, sino también las expectativas de las personas. Y el rol que las redes sociales están cumpliendo en la manera en que las personas se coordinan y aspiran a participar. Los jefes y gerentes a menudo no saben qué hacer con esto. Tampoco los dirigentes sindicales. Pueden quedar prisioneros en preguntar por WhatsApp lo que la gente quiere, sin saber cómo responder a sus expectativas. O simplemente guardar silencio.

Todos estos son desafíos donde el modelo de inteligencia colectiva puede aportar enorme valor, al proveer de un enfoque y herramientas concretas para que la empresa y sus equipos desarrollen capacidad para unir sus inteligencias individuales y abordar desafíos compartidos.

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